Capítulo XXXI. Elara #2
Dejó caer nuestros cuerpos sobre el colchón. Yo jamás había sentido nada tan delicioso como el peso de su cuerpo contra el mío.
—Llevo demasiado tiempo pensando cómo será hundirme en tu interior. En cómo te estremecerás. En los ruidos que harás. En mi nombre sonando entre tus gemidos. Hoy no será esa noche, Elara. No pienso tenerte por primera vez en una cama que no sea la nuestra. En un lugar que no sean nuestras montañas.
¿Acaso estaba loco?
Lo necesitaba y lo necesitaba ahora.
Mis manos bajaron desesperadas hacia su entrepierna dispuestas a hacerle arrepentirse de sus palabras. Mis dedos apenas rozaron la tela de su pantalón cuando un puñado de sombras las envolvió, asegurándolas sobre mi cabeza.
La presión era firme. Lo suficiente como para que no me moviera. Pero Callum acarició mis escudos con su presencia, y supe que, si lo deseaba, se desharían sin resistencia.
—No, no, no, Elara. Me has pedido que te toque. Nadie ha dicho nada de que tú pudieras tocarme a mí.
Protesté con palabras incoherentes mientras su aliento acariciaba mi pecho.
Callum se acomodó entre mis piernas. No aparté la mirada mientras su lengua repasaba el contorno de mi pezón.
Me chupó despacio, sin apartar ojos de los míos.
Aquella vez fui yo quien perdió nuestro duelo de miradas.
Cuando su lengua recorrió mi pecho, mi cuerpo actuó por cuenta propia. Arqueé la espalda pidiendo más.
La sonrisa de Callum fue devastadora.
—¿Dónde quieres que te toque, Tiniebla? ¿Aquí? —preguntó al mismo tiempo que dejaba que sus dientes mordieran mi pezón, retorciéndolo.
Repitió la acción en el otro pecho hasta que quedé reducida a un manojo de sensaciones y gemidos descontrolados. Sus labios decidieron torturar mi cuello mientras sus manos recorrían la curva de mi estómago con caricias que tenían una dirección muy concreta.
Abrí las piernas suplicando que me tocara. Él emitió una risa grave y maliciosa contra mi cuello. Sin embargo, sus manos continuaron bajando. Sus dedos recorrieron mi humedad con caricias expertas. Con un toque suave, Callum trazó círculos deliciosos contra mi clítoris.
—Tal vez aquí —murmuró.
Su voz sonaba tan desesperada como la mía.
Sus dedos siguieron bajando. Volviéndonos locos a ambos. Introdujo solo una falange en mi interior. Yo sentí que podría arder únicamente con eso.
—Este también es un buen sitio.
Traté de mover las caderas. Necesitaba más. Callum negó con la cabeza. Sus ojos estaban fijos en el punto en el que su mano desaparecía dentro de mí.
—Usa tus palabras, Tiniebla. Dime cómo quieres que te toque. ¿Más adentro?
Yo temblaba desesperada. Sentí la garganta seca. Todo mi mundo había quedado reducido a la sensación de sus dedos en mi piel.
—Sí —logré contestar.
Callum tomó mi palabra como la canción más deseada. Sus dedos se hundieron en mi interior y sus labios se tragaron mis gritos de placer.
—Joder. Tan mojada... —gruñó, dejando que sus dedos entraran y salieran con lentitud.
Cada embestida era más fuerte que la anterior. Pero el ritmo era pausado, demoledor y yo sentía que me iba a morir de placer.
—¿Así, Tiniebla? Joder, puedo notar cada latido. Puedo sentirte apretando. Estás cerca, ¿verdad? Solo un poco más de presión y todo habrá acabado.
Su pulgar comenzó a acariciar aquel punto exquisito con un ritmo perfecto. Abrí más las piernas. De mi boca solo salían suplicas entrecortadas. El placer subía más y más, estaba a punto de estallar. Justo cuando mi perdición comenzó a hacer que mis piernas temblaran, Callum paró en seco.
—Te he hecho una pregunta, Elara. Si quieres que continúe, contesta. Querías mi peligro, ahora enfréntate a él.
—Sí —contesté de inmediato.
—Sí, ¿qué? —presionó él, regalándome una caricia efímera donde más lo necesitaba.
—Sí, te necesito a ti.
—Ahí estás, Tiniebla valiente —ronroneó.
Sin poder apartar la mirada vi cómo se llevaba los dedos empapados de mi esencia a su boca. El Guardián se relamió. Un gemido abandonó sus labios al tiempo que cerraba los ojos.
—Tan exquisita como recordaba.
Se inclinó sobre mí para besar de nuevo mi boca, dejando que notara mi sabor en su lengua.
Duró apenas unos segundos. Después abandonó mi cuerpo.
Sentí como se bajaba de la cama. Sus sombras agarraron mis tobillos y me arrastraron hasta el borde.
Ahogué un grito de sorpresa. Con los ojos como platos vi cómo se arrodillaba frente a mí.
— De rodillas y suplicando — susurró en mi cabeza— . Levanta las caderas para mí, Tiniebla. Déjame verte.
Había algo íntimo e indecente en el hecho de que murmurara esas palabras directamente en mi consciencia.
Hice lo que me pidió. Callum colocó una almohada suave para hacer que estuviera cómoda.
Sus ojos no se apartaban de mí. Yo dejé que mis sombras salieran disparadas y deshicieran sus ropas en un susurro.
Su mirada se volvió animal.
—Preciosa —suspiró—. Deja que te oiga, Elara. Por favor.
Y entonces me devoró. Sus labios recorrieron los míos sensibles. Succionaban, lamían y besaban como si la vida les fuera en ello. Con cada segundo que pasaba sus toques se volvían más indecentes, más sonoros. Cada roce provocaba que me perdiera más y más en la locura.
Sus dedos volvieron a encontrar mi interior y esta vez no pararon.
Se curvaron de una manera exquisita para acariciar una parte perfecta que conseguía arrancar ruidos irreales de mi garganta.
Sus labios volvieron a mi centro y succionaron de manera experta.
Callum gimió contra mi piel volviéndome loca.
Las vibraciones de sus gemidos serían mi final.
—¡Espíritus! —grité.
—No pueden ayudarte.
—Callum, por favor.
—Te tengo —dijo él penetrándome con más fuerza.
—Necesito, necesito...
—Lo sé. Déjame hacer esto por ti, Tiniebla. Déjame llevarte al límite. Déjame sentir cómo te rompes. Te juro que estaré aquí para recomponerte.
Sus palabras fueron lo último que necesité para estallar en mil pedazos de sombra y estrellas.
Un orgasmo increíble me recorrió el cuerpo entero.
Aquello era sentirse infinita, sentirse libre.
El placer me asoló con su nombre en mis labios.
El Guardián siguió besando y acariciando.
Continuó alabando mi alma con palabras suaves y profundas, mientras, poco a poco, yo bajaba de los cielos.
Apenas podía moverme.
Callum deshizo mis ataduras de sombras. Besó cada una de mis muñecas y mis tobillos. Besó mis muslos, mi cuello y mis ojos. Por último, besó mis labios, esta vez de manera imposiblemente dulce y tierna.
Había tanto que yo quería decirle... Pero la fuerza me había abandonado.
Callum me acomodó contra su pecho y me abrazó con fuerza.
—Nunca fue mentira, Tiniebla —murmuró contra mi pelo.
Me pareció escuchar que los labios de Callum pintaban para siempres en mi cuerpo. Me olvidé de cómo respirar. Pero no tuve tiempo de responder. Una figura envuelta en llamas estalló en nuestra habitación.