Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXX. Callum
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Capítulo XXX. Callum

CAPÍTULO XXX

Callum

Sus ojos la seguían allí a donde fuera. Ella quería tatuarse su mirada.

El cielo ardía envuelto en ceniza.

El grito ancestral de la canción del desierto recorría las esquinas de la celebración. Los tambores hacían vibrar el suelo, acompañados por los pisotones rítmicos del medio centenar de personas que bailaban, cubiertos en ceniza, alrededor de una hoguera descomunal.

Los destellos naranjas del volcán se fundían con el brillo de la Verdeluna.

La magia y el poder estaban presentes en cada palmada y en cada lengua de fuego que el volcán escupía.

Primfaya celebraba la renovación de la magia de la Corte de las Llamas y los espíritus lo sabían.

Su presencia era sobrecogedora. Podía sentir su mirada abierta.

Su curiosidad infantil. Los espíritus bebían de la noche y del fuego. Ávidos de más.

Las sacerdotisas del Templo de la Dama dirigían, con aquellas miradas desprovistas de ojos, los ritos de la celebración. Sus túnicas rojas ondeaban en el viento de la noche cerrada como espectros afilados y en llamas al mando de una noche antigua como Lyssandria.

Los fieles subían, descalzos, hasta la cima del volcán para presentar sus ofrendas.

Con cada presente ofrecido a la lava, los tambores tocaban con más fuerza y las sacerdotisas untaban una nueva frente en la ceniza sagrada.

En la base del volcán, las carpas iluminadas bullían entre cantos y alabanzas.

Aiden y su comitiva habían sido los primeros en realizar la ofrenda. Elara y yo observábamos su avance con disimulo, a la espera de que llegaran a la pequeña carpa privada que nos habían proporcionado. Levi y Nox daban vueltas al perímetro de la fiesta, estudiando cada pisada y cada sombra.

A mi lado, Elara estaba callada. Lo había estado desde su encuentro con Cían y Orla. Observé con impotencia como jugueteaba con un racimo de uvas que alguien había colocado en nuestra mesa.

Ambos compartíamos asiento en un amplio sofá de lino.

Sus piernas descansaban sobre las mías, mientras mi mano derecha recorría su espalda con patrones aleatorios.

Elara llevaba puesto un corpiño de pedrería negra que dejaba al descubierto sus hombros y la mayor parte de su estómago.

Sus piernas se movían entre las finas capas de gasa transparente de una falda abierta salpicada de diamantes negros.

La oscuridad borboteaba en mi pecho. Anhelaba tocar su cuerpo y borrar aquel ceño fruncido de su frente.

Me permití el lujo de enredar mis dedos en la base de su trenza.

Masajeé la base del cuello y sentí como la tensión se retiraba de su cuerpo.

Elara se dejó caer con un suspiro y apoyó su cabeza en mi hombro.

Mentiras, mentiras, mentiras.

Aquello no era más que una mentira. Un espejismo con el que distraer a Aiden y a su corte.

Pero entre los latidos de aquella pantomima que nos situaba a ambos demasiado cerca del precipicio, también había una verdad que nos resistíamos a enfrentar.

A pesar de que yo sabía que era un imposible, decidí disfrutar del engaño un poco más, mientras todavía supiera a verdad.

Mi piel quemaba contra la suya. Tanto que no entendí cómo era posible que la gente siguiera mirando el volcán cuando éramos nosotros quienes ardíamos descontrolados.

Cailan irrumpió en mi campo de visión. Su padre se aproximaba un par de pasos por detrás. El heredero inclinó la cabeza en mi dirección a modo de saludo antes de ofrecerle una mano a Elara. Esta vez sin llamas.

Tal vez no era tan inútil como parecía.

—¿Me harías el honor de bailar conmigo, Elara? Si a tu Guardián le parece bien, por supuesto.

—Tiene buenas intenciones, pero debería clavarle una daga solo por eso. ¿Cómo que mi Guardián? ¿Desde cuándo necesito tu aprobación para bailar?

—Pobre chico. Está intentando ser educado. Puede que Nox y yo fuésemos algo capullos con él en la reunión —respondí aguantando una risa cuando su única respuesta fue mandarme la imagen mental de ella misma sacándome la lengua.

—Por eso no te preocupes, Cailan. Soy incapaz de negarle nada —dije para aceptar en su nombre sabiendo que aquello solo la cabrearía más.

¿Qué podía decir? Me gustaban las tinieblas con dientes.

Elara esbozó una sonrisa amplia. Se inclinó para susurrar en mi oído, dejando que sus labios rozaran mi piel. Habló bajito. Tanto que estuve seguro de que solo yo pude escucharla.

—¡Qué curioso! Otra ocasión en la que declinas bailar conmigo y me mandas a los brazos de otro Fae —chistó con una decepción exagerada—. ¿Esta vez también vas a pasarte toda la tarde enfurruñado en una esquina sin quitarme los ojos de encima?

Los ruidos de la celebración ahogaron mi jadeo de sorpresa. Agarré con fuerza la base de su trenza para obligarla a mirarme. Por primera vez en horas, Elara sonreía de verdad. Sus labios entreabiertos respiraban a apenas unos milímetros de mi boca.

¡Por todos los espíritus, cómo quería besar aquella boca!

El recuerdo de su sabor y de los ruidos que emitía llevaba meses persiguiéndome.

Pero me había hecho una promesa a mí mismo.

Una que dolía, pero que servía para mantenerla a salvo.

El trato con la Dama dibujaba líneas peligrosas, líneas que no podía cruzar si quería mantenerla con vida.

No podía volver a tocarla así, no mientras todavía le ocultaba cosas.

—Espero que sepas comportarte como es debido con una dama —dije a Cailan, pero sin mirarlo.

Elara me sostuvo la mirada durante unos segundos infinitos antes de aceptar la mano de Cailan y dejarse llevar hasta la zona en la que otras muchas parejas bailaban con abandono.

— Tenía entendido que no soy una dama. Lo dejaste bastante claro en nuestro primer encuentro.

Su voz estaba llena de algo oscuro que también gruñía en mis entrañas.

—No quería asustar al joven heredero, Tiniebla. Confío en que tras un baile contigo comprenda él solito el peligro al que se expone.

—Estoy completamente bajo control — respondió indignada.

—¿Quién está hablando de control? —reí—. Yo me refería a sus pobres pies. La Verdeluna sabe que Nébula no es conocida por sus bailes.

Un bufido a medio camino entre un grito exasperado y una carcajada ahogada inundó mi mente. Yo solo pude sonreír satisfecho.

Elara y Cailan llegaron a la pista al mismo tiempo que comenzaba una nueva canción. Aiden se sentó en el sofá que había frente al que yo ocupaba.

—Espero que mi heredero se esté comportando —dijo el Guardián de las Llamas cuando la música comenzó de nuevo.

Cailan sujetaba a Elara de la cintura a una altura más que respetable. Me reí entre dientes. Se lo iba a comer vivo.

—Yo me preocuparía más por él que por Elara, la verdad —confesé.

El Guardián de las Llamas sonrió mirando a su hijo con cariño. En el centro de la pista, Cailan y Elara bailaban entre risas. Ella sonreía con descaro, imitando los pasos de baile del heredero y dejándose guiar, al menos por el momento.

—He tomado una decisión, Callum. —Supe que me iba a decir que no antes de que comenzara a hablar—.

No me andaré con rodeos. Tras consultarlo con mis sabios y meditarlo detenidamente, debo denegar la petición de tu corte.

Sé que esta no es la respuesta que esperabas.

Pero créeme cuando te digo que lo hago por vuestra seguridad y por el bien de Lyssandria. Hay fuerzas que es mejor no perturbar.

Maldije para mis adentros. Todos sabíamos que convencer a Aiden sería complicado, pero una parte de mí había mantenido la esperanza.

—¿Puedo hacer algo para que cambies de opinión?

Había pocas cosas que no le daría con tal de conseguir la información que necesitábamos. La sonrisa triste de Aiden me dijo que él también lo sabía. Comprendí que no había nada que yo pudiera darle que le hiciera cambiar de parecer.

—Lamento que esa sea tu decisión, y espero, por tu bien, que sepas lo que haces —le dije sosteniendo su mirada—. Aun así, agradezco tu tiempo y tu hospitalidad. Regresaremos a casa mañana.

Aiden se levantó lentamente. Lo imité.

Aquello complicaba las cosas, y mucho. Teníamos apenas un puñado de horas para intentar buscar algún indicio del dichoso mapa que nos llevara hasta Hunt.

La alternativa era volver a casa con las manos vacías en busca de otra manera de obtener información sobre la profecía.

Sin más opciones tendríamos que arriesgarnos a robar uno de los secretos mejor guardados de la Corte de las Llamas.

La celebración de Primfaya complicaba las cosas, pues la seguridad estaba por todas partes y seguía patrones distintos a los habituales.

Necesitaríamos una distracción. Una grande.

—Sé que piensas que estás en el lado adecuado de este conflicto, Callum.

Desde luego posees mucha más información de la que yo tengo.

Y sospecho que, pese a tu reputación, tus intenciones son buenas.

Pero a veces la mejor manera de sobrevivir a algo es no enfrentándote a ello.

Créeme, llevo vivo mucho tiempo y si algo he aprendido es que no siempre hay que luchar.

Lyssandria sobrevive solo cuando dejamos nuestros deseos personales de lado y miramos por el bien común.

Estuve demasiado cerca de responder a su condescendencia con un cabezazo que impactara contra su nariz. Desde luego como distracción habría sido impecable.

—Con el debido respeto, Aiden. Lyssandria me importa una mierda.

—Ver cómo se le hinchaban las fosas nasales con mi desplante me proporcionó algo de consuelo—.

El único motivo de que no haya quemado ya este mundo podrido es porque sé que no es lo que Elara querría.

Pero si tú o cualquiera de los otros Guardianes sois tan ingenuos como para pensar que el bien común es un argumento de peso para mí, ya podéis desencantaros.

El único motivo de que mi poder esté ligeramente bajo control es que ella sigue respirando.

Si alguien amenaza esa realidad, estoy dispuesto a convertirme en lo que sea necesario para protegerla.

Las llamas bailaron sobre el rostro de Aiden. Su tez oscura palideció, pero no se acobardó.

—Precisamente por eso no puedo proporcionarte lo que pides, Callum.

Puede que los demás Guardianes busquen controlarla para sus beneficios personales.

Puede que, de no conseguirlo, matarla sea su solución.

Intuyo lo que estás dispuesto a hacer para protegerla.

—Me miró con semblante apenado—. Yo solo busco el bien de nuestro hogar.

Algo oscuro la reclama, te guste o no. Si no estamos dispuestos a sacrificarnos, esto no terminará bien para nadie.

Te insto a que lo reconsideres. La vida de una sola persona jamás será suficiente para condenar a millones.

Me reí con ganas.

¿Pensaban que yo era peligroso? No me habían visto peligroso todavía.

—Entonces espero que jamás te veas en mi situación. —Palmeé su hombro con más fuerza de las necesarias—. Buenas noches, Aiden.

No me quedé para escuchar su respuesta. Con paso decidido me fundí entre los cuerpos que bailaban al compás de los tambores en busca de Elara.

— Pasamos al plan B —declaré en las mentes del Priorato de Sombras.

—¿Por qué no me sorprende que haya dicho que no? —gruñó Nox.

—¿Por qué propuso matarme en el Cónclave?

—Viejo supersticioso —suspiró Levi.

Por mucho que Levi tuviera razón lo cierto es que siempre habíamos sabido que Aiden sería un hueso duro de roer.

— Quiero que quede constancia de que yo propuse robar el mapa desde el principio —canturreó Elara al son de la canción que guiaba sus pasos.

—Solo quieres una excusa para robar algo y usar tus dagas.

Elara respondió con un insulto que provocó que Levi se atragantara de la risa.

— Elara no necesita excusas para usarlas —sentenció Nox —. ¡Pero si hasta duerme con ellas! A Levi le preocupa que te caigan mejor ellas que él.

—¡Cállate, Nox! —farfulló el aludido.

— Yo solo digo —continuó Elara, ignorándonos a todos— que el plan B hace aguas por todas partes. ¿Dónde se ha visto que teniendo una ladrona profesional en tu equipo la uses como distracción y no para robar? Sin ofender, pero estos dos no sirven ni para encontrar un Muka en un campo de flores.

—¡Oye!

—Como ladrón rehabilitado y espía de la Corte de las Tormentas, me ofendes profundamente —se quejó Nox fingiendo seriedad.

Mientras ellos discutían sobre el arte del buen ladrón, yo me abrí camino entre la multitud. No necesitaba ver a Elara para saber exactamente dónde se encontraba, aun así, sus sonrisas amplias destelleaban cada varios segundos entre la amalgama de cuerpos. Sonrisas para Cailan.

A mi Tiniebla le gustaba jugar con fuego.

— Si habéis terminado —los interrumpí—. Seguimos adelante con lo planeado.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó Nox.

— Lo que dure esta noche. Partiremos cuando salga el sol.

—Entonces lo mejor será que nos pongamos en marcha.

—Necesitamos encontrar el mapa o la información necesaria para localizarlo.

La mayor parte de la seguridad está concentrada en la celebración y lo estará durante gran parte de la noche, pero las amazonas del desierto son listas.

Aiden se reunió ayer con su consejo. Es un maníaco de los registros por lo que estoy seguro de que toda su conversación fue debidamente catalogada y registrada.

Empezad por ahí. Si en un par de horas no habéis encontrado nada, avisad.

Nosotros nos aseguraremos de que nadie se percate de vuestra ausencia durante un par de horas.

Ambos desaparecieron entre la negrura del desierto mientras Elara y yo nos preparábamos para el espectáculo. Con una mano enfundada en noche, di un par de golpes con el dedo contra la espada que bloqueaba a mi objetivo.

—¿Preparada para ser una distracción, Tiniebla?