Capítulo XXVIII. Callum #4
—¿Acaso tú no te defenderías, si más de un Guardián de Lyssandria amenazara con encerrarte? ¿Con ejecutarte?
Aiden me miraba con cara de circunstancias, como si esperara que yo fuera a empatizar con él.
—No es nada personal, amigo mío. Lo cierto es que la joven parece mucho más estable. Has hecho un buen trabajo con ella estos meses. Admiro a Elara, y mi corte le está eternamente agradecida por haber salvado a mi sobrina.
—Habla por ti, tío —escupió Nuada poniendo los ojos en blanco.
Su tío la fulminó con la mirada. Para mi sorpresa, la campeona de las Llamas parecía avergonzada.
—Elara tiene una naturaleza honrada. Todos vimos cómo se sacrificó por el bien de Lyssandria.
Estoy seguro de que ella misma entiende el peligro que representa que alguien con su sangre tenga acceso a tanto poder.
No tenemos nombre para explicar en qué se ha convertido.
La razón dicta pensar que esto está relacionado con las profecías y, por ende, con los extraños ataques que asolan el continente.
—Puedo asegurarte que Elara no tiene ningún interés en volver a sacrificarse por ninguno de nosotros.
Mentí con tanto descaro que yo mismo me creí aquella patraña. La realidad era que nos había costado semanas sacar a Elara del pozo de autodestrucción en el que la última prueba del torneo la había sumido. Lo peor era que, conociéndola, sabía que no dudaría en sacrificarse por un bien común.
Pero ni la propia Verdeluna podía convencerme de que la supervivencia de todo un mundo dependía de la muerte de una persona. Y menos de Elara. Por encima de mi cadáver.
—Tengo entendido que no todos los dioses decidieron abandonarnos —me atreví a tentar a la suerte.
—Ah, ¿sí?
Para ser un Guardián, Aiden mentía muy mal. Tal vez eso era algo que su heredero sí que hacía mejor que él.
—Por favor, Aiden, prefiero que no nos hagamos los ingenuos. Si mi información es cierta, y sospecho que lo es, Hunt sigue en Lyssandria.
—¿De dónde has sacado esa información? —intervino Cailan.
—Técnicamente fueron mi hermana y Elara quienes la encontraron. Después de hablar con Nimue.
Se hizo el silencio.
Algo parecido a pánico pasó volando por entre las cejas del Guardián de las Llamas.
—Nadie habla con la bruja y sale con vida —sentenció.
—Elara lo hizo.
Aiden se levantó de la silla dejando que esta cayera hacia atrás. Había conseguido ponerlo nervioso.
Bien.
Me recosté con calma sobre la mía.
—¿Qué es lo que quieres, Callum? Toda esto es información que ya has confirmado, si habéis hablado con la sirena.
—Necesito hablar con Hunt y sé que tu corte tiene el mapa que muestra el camino hasta el lugar que mora.
—Eres un inconsciente —escupió el Guardián de las Llamas, meneando el cabeza indignado.
—Prefiero el término soñador .
—Tan solo la petición habría sido una ofensa imperdonable para mis predecesores. Te habrían matado aquí mismo.
—Puedes intentarlo —lo retó Nox—. No te lo recomiendo.
—Supongo que tengo suerte de que no seas ellos —añadí yo.
Ambos mantuvimos contacto visual durante unos segundos interminables. Aiden fue el primero en apartar la mirada. Cuando volvió a hablar, lo hizo con los ojos cerrados y las yemas de los dedos apretando sus párpados.
—Es una sentencia de muerte. No te lo aconsejo.
—De nuevo, no tengo interés alguno en morir.
Si estoy pidiéndote esto es, precisamente, para evitar una guerra que asole Lyssandria.
A estas alturas, sabes de sobra que no soy imbécil, Aiden.
Orión no estaba aquí por casualidad. Al igual que sospecho que la visita de la princesa de las Tormentas y el general de Finnian no ha sido fortuita.
El resto de las cortes están jugando sus cartas.
Todos hemos experimentado el incremento de criaturas extintas retornando al continente para atacarlo.
Todos podemos sentir el cambio en la magia.
Algo oscuro se avecina. Sospecho de Umbra.
Me atrevería a decir que su emisario estaba aquí para intentar convenceros a ti y a Finnian de tomar partido.
Pues bien, yo he venido a hacer lo mismo.
Ahora es cuestión de escoger un bando. Yo tengo claro el mío.
Selene también. Tú puedes jugar a estar en el medio y permanecer neutral.
Sinceramente, no me importa. Pero debes saber que no pararé hasta acabar con cualquier persona o cosa que represente una amenaza para Elara.
Como bien sospechas, la profecía está vinculada con ella.
Necesito escucharla para saber cómo contrarrestarla.
—No hay manera de parar una profecía —dijo, y yo atisbé tristeza en sus palabras.
—Siempre hay una manera.
Me negaba a creer que el destino de Elara estuviera vinculado a otra cosa que no fueran sus decisiones. Si para demostrarlo tenía que obligar a que un dios escupiera otra profecía, eso era exactamente lo que haría.
—Es una situación excepcional, por lo que quiero tomar la decisión con la aprobación de mis sabios. Estáis invitados a la cerebración de Primfaya, mañana. Os daré mi respuesta entonces.