Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXVI. Elara #2
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Capítulo XXVI. Elara #2

El ritmo de mi corazón subió al tiempo que lo hacía la extraña vibración. Callum me sonrió como si lo supiese. Como si desde el otro lado de laguna pudiera contar mis latidos.

—¿Acaso no lo he ofrecido antes? ¿En múltiples ocasiones? Algunos dirían que incluso he suplicado. Pero a ti te gusta verme sufrir. Al fin y al cabo, estás hecha de sombra y tormento. Los dos sabemos que me arrastraría sin dudarlo, si con eso me dices que sí.

—Como te dije en su momento, de rodillas es como mejor está un Guardián.

Un chasquido vertiginoso cortó el raso del atardecer.

Varias bolas de color anaranjado surcaron el silencio que se estrechaba a nuestro alrededor desde el centro del sauce, directas hacia el firmamento.

Los tres Altos Fae entraron en acción. Impulsados por su poder salieron despedidos, envueltos en sombras de distintos colores a la caza de las extrañas esferas luminosas.

—¿De rodillas y suplicando?

Callum dirigió sus sombras hacia el árbol, usándolas de anclaje mientras se transportaba por el aire con las manos extendidas hacia la esfera que brillaba, a toda velocidad, en el clamor de la caza.

— Haz la pregunta, Callum.

Desde los extremos contrarios de la laguna Nox y Levi avanzaban con la misma rapidez hacia la esfera que ascendía cada vez más rápido hacia el firmamento. Callum llevaba la delantera. Su poder, incluso en aquel extraño juego, no tenía comparación.

—Di que sí, Elara. Di que eres otra sombra del Priorato. Di que te quedas con nosotros.

—Sí — dije, regalándole una sonrisa.

Ante mi afirmación, Callum se giró un segundo persiguiendo mi sonrisa en lugar del ocaso. La distracción fue suficiente para que Levi tomara la delantera y agarrara la esfera con ambas manos. Celebró la victoria con un aullido triunfal.

Levi se dejó caer, impactando en el agua con la esfera aún abrazada.

Al entrar en contacto con la laguna la esfera se disolvió tiñendo de un brillo naranja el fondo.

Sin previo aviso un chorro repleto de luz y atardeceres se impulsó desde el centro.

El agua serpenteó alrededor del árbol cubriendo el cielo en un millón de motas brillantes con los restos del atardecer.

—¡En tu cara! —rugió Levi—. Uno a cero.

—¡Levi! —protestó Nox cuando la salpicadura triunfal de su pareja le cayó en los ojos.

—Perdón, amor.

Aún suspendido en el aire, Callum no apartó la mirada de mí.

Sus ojos fijos en una sonrisa hecha solo para él.

Había algo suave en su mirada. Algo que hizo que mi corazón comenzar a latir desacompasado.

Al final, las burlas de Levi le obligaron a volver al juego conforme la vibración empezaba de nuevo y los tres se preparaban para otra ronda.

—Así que esto son los ocasos.

Lía me miraba con una sonrisa contenida. Si se había percatado del momento que su hermano y yo acabábamos de compartir, no dijo nada.

—Nadie sabe muy bien cuál es el motivo de que surjan. Son una mezcla de energía solar y brillo de la Verdeluna. El sauce almacena energía durante el día y la libera siempre al atardecer. Si no las cazan, las esferas suben hasta el firmamento y estallan.

Desde el agua, las voces relajadas de Callum y los demás lo envolvían todo.

—¿Cuánto tiempo hace que jugáis a esto?

Lía se estremeció.

—Es una larga historia. Hace ya tanto tiempo que parece que forme parte de otra vida —suspiró—. Nuestro padre no solía dejarnos venir a Galamh. No soportaba que la cordillera no aceptara su presencia. Si estábamos aquí, no podía alcanzarnos y eso le volvía loco.

—¿Por qué no quedarse aquí siempre, entonces?

—No podíamos. Todo lo que ese hombre tenía de cruel también lo tenía de listo.

Lía tragó saliva. Yo decidí dejarle espacio.

A veces las historias complicadas solo necesitaban paciencia.

—Su poder no era nada en comparación con el de mi hermano.

Pero, aun así, ser Guardián conlleva una serie de ventajas como el acceso a un tipo de magia imposible de comprender.

Para manipular a Callum, nuestro padre instaló una especie de mecanismo de seguridad en mi mente y en la de mi madre.

Era capaz de infringir dolor. Un dolor inimaginable.

Si hubiera querido, incluso habría podido matarnos.

Insistía en que su muerte también nos mataría. Un mecanismo de seguridad.

Lía retorció la tela de su vestido, perdida en algún lugar de su memoria.

—Durante muchos años nos creímos su mayor mentira. ¿Qué otra opción había?

—Por eso Callum aguantó tanto tiempo.

Ella asintió con ojos tristes.

—Con ochenta años los poderes de Callum ya habían madurado por completo. No había rival contra su magia. Aun así, nuestro adorado padre lo tenía cogido por las pelotas.

Tenía la pregunta en la punta de la lengua. Quería saber más. Necesitaba saber cómo había acabado Callum con su padre. ¿Qué le había llevado a arriesgar a las dos personas más importantes de su vida? Pero aquella pregunta sería injusta para Lía.

—Como Guardián de la Corte, nuestro padre se veía obligado a marcharse durante largos periodos varias veces al año para atender asuntos con el resto de los Guardianes.

Aquellas eran las semanas más felices. Las únicas en las que podíamos respirar.

Veníamos a la cordillera y pasábamos los días recuperando el tiempo perdido.

Nox y Levi vivían aquí la mayor parte del tiempo.

Mi padre no podía saber que Callum tenía algo parecido a una red de apoyo.

Se me revolvió el estómago.

Tanto Levi como Nox me habían contado los motivos que los habían llevado a Callum. La idea de alguien tan fuerte y poderoso como él a merced de la maldad de otra persona amenazaba con hacerme prender fuego al mundo.

—Mi madre nos dejaba correr por la cordillera durante todo el día.

Ser niños, supongo. Un verano encontramos este árbol.

Callum retó a esos dos locos y el resto es historia.

Es el lugar al que venimos cuando todo lo demás parece demasiado complicado.

Supongo que nos recuerda que, incluso en los peores momentos de nuestras vidas, fuimos capaces de encontrar felicidad en esta laguna.

—¿Tú nunca juegas?

Hacía tiempo que me había percatado de que Lía jamás usaba nada parecido a la magia, salvo los Saltos Irisados.

Al principio había asumido que tal vez eran imaginaciones mías o fruto de una elección propia que yo no alcanzaba a comprender.

Pero con el paso de los días y las semanas cada vez veía más claro que aquel no era el caso.

—Sabía que te darías cuenta.

—No pretendía incomodarte.

Ella me apretó la rodilla con cariño a modo de respuesta.

—Eres observadora, Elara. Eso es algo que admiro.

También sabes dejar espacio, algo que agradezco.

No es un tema del que hable muy a menudo.

Pero eres parte de la familia así que me gustaría compartirlo contigo.

—Sus ojos se empañaron de lágrimas que apartó de un manotazo.

Orgullosa y dura hasta el final, Lía no volvió a hablar hasta que cesaron—.

Mi poder y yo estamos rotos. Él se encargó de rompernos.

Hundí las uñas en mis palmas. Callum había mencionado que su padre había torturado a su madre y a Lía sin descanso. Pero ¿hacerlo hasta el punto de romper la conexión entre ella y su poder? Aquello era una crueldad impensable.

—Yo era muy pequeña cuando nuestro padre comenzó a torturarnos para controlar a Callum.

El abuso no tenía fin. Sabía que mi madre y yo sufríamos al ver que nuestro dolor afectaba a Callum.

Las cosas que le obligaba a hacer rompían, día a día, su alma.

Aun así, nunca era suficiente. Al principio, mi poder intentaba protegerme.

Con el tiempo aprendí a controlarlo, porque él se enfadaba mucho más si me resistía.

Era mucho peor para Callum cuando oponíamos resistencia, así que aprendimos a no hacerlo.

Pero yo era muy joven y ciertas respuestas son difíciles de controlar.

A veces me llevaba al extremo, hasta que conseguía que perdiera el control.

Disfrutaba viendo cómo me rompía al ver las consecuencias.

Nuestro poder es letal. Supongo que te imaginarás lo que sigue.

Incapaz de dejarla sola mientras caminaba por aquellos recuerdos cogí sus manos temblorosas entre las mías.

—Se llamaba Ava —admitió sin que le temblara la voz—. Se llamaba Ava y ella no tuvo ninguna culpa.