Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXVI. Elara
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Capítulo XXVI. Elara

CAPÍTULO XXVI

Elara

Las noches eran aterradoras. Y los días, sin ella, insoportables.

La montaña traía consigo un silencio tan dulce que parecía una memoria.

Los ecos de una historia olvidada reverberaban en un sosiego pausado.

Dejé que aquella nana guiara mis pasos. El brazo seguro de Lía enlazado con el mío era la cuerda que me anclaba a la realidad.

Mientras tanto, las risas de los Fae un puñado de pasos por delante eran las alas que me impulsaban a tener esperanza.

Esperanza .

La palabra parecía sirope en mi garganta.

Dulce, pero difícil de tragar. La sensación era ajena.

Extraña. Como si de un corsé nuevo se tratase.

Me forcé a sentirla. Con cada paso podía notar las tiranteces de aquel sentimiento iluso y suicida.

Se hundían en mis costillas, arañando la piel y apretando mis pulmones.

Respirar era incómodo, pero con cada paso, la estrechez cedía, dejándome respirar con más facilidad.

—Yo solo digo que la última vez ganaste de manera totalmente ilegal, Callum. Te aprovechaste de que Lía no estaba presente para hacer trampas. Es la primera vez que Elara participa, así que más te vale comportarte.

Levi agitaba los brazos lanzando dedos acusadores y cejas arqueadas a diestro y siniestro.

A su lado Nox y Callum intercambiaban miradas de hastío, divertidos.

Levi, ajeno a todo lo demás, solo hacía aspavientos mientras sorteaba las gruesas raíces que recorrían las hierbas altas como venas en un organismo.

—¡A mí no me metas, Levi! —Lía me guiñó un ojo cómplice—. Además, sois los dos unos tramposos. Aquí el único que nunca hace trampas es Nox.

El general levantó un puño al aire seguido de una carcajada triunfal que arrancó una risa de los labios de Lía mientras Callum y Levi miraban con los ojos entrecerrados el intercambio.

Tras días encerrados en Galamh esperando la respuesta de Aiden, Levi había declarado el fin de las tonterías pesimistas , sus palabras no las mías, y había obligado al grupo a abandonar la casa al filo del atardecer.

Levi había anunciado la necesidad imperiosa de una caza de ocasos .

Fuera lo que fuera aquello, el campeón de las Sombras había conseguido darle un giro de ciento ochenta grados al ánimo del grupo. Sin entender el repentino cambio de humor me había dejado arrastrar en un Salto Irisado hasta una de las montañas exteriores de la cordillera en el cielo.

A lo lejos, el horizonte bailaba en una danza de naranjas y violetas que anunciaban la llegada de la noche. Seguí el camino que pintaban las raíces con la mirada. En el centro de la pradera, rodeado de una laguna en calma, un enorme sauce desafiaba lejanía.

—¿Levi, te das cuenta de que acabas de ordenar que me comporte? A mí, tu Guardián.

Callum se cruzó de brazos frenando su avance.

Levi continuó andando con paso decidido.

Se giró para andar de espaldas antes de seguir desafiando a Callum.

La situación era tan ridícula como tierna.

Agarré con fuerza las riendas de mi desbocado corazón.

No debería afectarme tanto que Callum se comportase de aquella manera.

Y, desde luego, no estaba pensando en sus sombras en mi piel.

—¡Ja! Buen intento, pero no cuela. No engañas a nadie con la pose autoritaria, Callum. Los dos sabemos lo que pasó aquel día, no trates de negarlo. ¡Te voy a estar observando muy atentamente!

El aludido meneó la cabeza tras encogerse de hombros. Nox le dio un par de palmaditas en la espalda y juntos reanudaron la marcha.

— Tenía que intentarlo —ronroneó Callum en mi cabeza.

Me mordí la lengua para controlar el calor que me subía por el cuello cada vez que su voz se colaba en mi mente. Fingí escanear el horizonte en busca de la calma que me había abandonado.

—En cualquier otro momento sabes que daría mi vida para protegerte —continuó parloteando Levi—. Pero no existe honor ni rango en el campo de ocasos. Tú procura no volver a hacer movimientos sospechosos. Todos sabemos que los puntos de la última partida no fueron válidos.

Callum respondió con un saludo militar exagerado, que solo hizo que Levi bufara poniendo los ojos en blanco. A mi lado, Lía murmuró algo sobre que eran los dos unos críos, al tiempo que nos dirigía cada vez más cerca del árbol y la laguna que lo rodeaban.

El sauce era gigantesco. Sus ramas colgaban como lágrimas perladas de un color verde sabia. Se movían con una elegancia desordenada creando un pequeño universo de pasajes escondidos en el centro de la laguna.

Cuando estuvieron en el borde del agua, los tres Altos Fae comenzaron a desvestirse.

Lía me arrastró con ella hasta una roca cercana en la que sentarnos mientras yo intentaba mirar a cualquier sitio que no fuera el cuerpo cubierto de cicatrices o el pecho sólido contra el que había dormido un puñado de noches atrás.

Podía sentir la sonrisa de Callum en mi mente y sobre mi labio mordido. Me limité a deshacer con cuidado la trenza que había usado para contener mi melena durante el día buscando algo en lo que entretener mis manos.

—Amor, no puedes usar el plural cuando tú fuiste el único que se enfadó —le reprochó Nox a Levi mientras doblaba con precisión militar su camisa y sus pantalones sobre sus botas.

Detrás del enorme sauce, el horizonte se tiñó de un naranja fluorescente.

—Pero, bueno, ¿tú de qué lado estás? —gritó Levi, quitándose las botas con dos patadas frustradas sin importar donde cayeran.

Mientras Levi y Nox discutían, Callum se metió en la laguna. El agua apenas les llegaba a las pantorrillas. Como los otros dos Altos Fae, solo llevaba puesta la ropa interior y parecía totalmente feliz de desafiar el frío del final de la tarde con la mayoría de su cuerpo al descubierto.

Una punzada de ira me travesó el pecho al contemplar la extensión de las cicatrices plateadas que cubrían su torso. Líneas gemelas a la cicatriz que adornaba mi cuello.

—¿Cómo se supone que tengo que escoger entre mi pareja y mi Guardián?

Hasta yo podía ver las intenciones de Nox tras su sonrisa socarrona. Pero Levi se lanzó de cabeza contra sus provocaciones.

—¡La respuesta a esa pregunta es siempre tu pareja, Nox! No puedes ponerte del lado de un Fae manipulador y tramposo. ¡Siempre del lado de tu pareja, espíritus!

—Levi, pero si adoras a Callum. Es tu mejor amigo.

Levi se mojó el torso y los brazos con indiferencia.

—Puede ser mi mejor amigo, mi Guardián y un embustero malicioso que no respeta las sagradas reglas de la caza de ocasos todo al mismo tiempo.

Desde una zona poco profunda de la laguna Callum usó sus sombras para salpicar a Levi en la cara. El agua cogió desprevenido a mi amigo, tirando de él hacia atrás. Levi se hundió por completo en la laguna mientras las salpicaduras de su caída ahogaban un colorido insulto hacia su Guardián.

Nox rompió el silencio en un ataque de risa imposible de contener.

Callum sonrió satisfecho antes de sumergirse en el fondo azulado.

Emergió agitando la cabeza. El pelo mojado se le pegaba a la frente y sus ojos negros parecían más en calma que nunca.

Reflejaban el fondo aguamarina de la laguna lo que los convertía en dos pozos de galaxias de los que me fue imposible apartar la mirada.

—¿Cómo puede ser algo ilegal cuando yo inventé el juego? Por no hablar de que soy el Guardián. Nada de lo que yo haga es ilegal.

Levi estalló en un barullo de sombras y maldiciones en su dirección. Durante unos minutos solo pude distinguir chorros y oleadas seguidos de aguadillas y amenazas vacías pero muy originales. En algún momento del enfrentamiento, Nox acabó metido en la pelea.

—¿Esto es siempre así? —le pregunté a Lía.

—Sí, querida, este juego hace que se comporten como críos. Aunque también consigue hacerles sonreír cuando todo lo demás se desmorona.

Un zumbido profundo hizo que los tres Fae cesaran de inmediato.

—Ya empieza —graznó Levi con el entusiasmo de un niño.

Me giré hacia Lía sin entender a qué se refería.

Algo en el ambiente se volvió eléctrico. Conforme el sol se perdía tras el sauce, un murmullo de sombra lo cubrió todo. Una luz verdosa, como un suspiro de Verdeluna, comenzó a pulsar desde los confines del sauce.

Levi, Callum y Nox nadaron hacia puntos opuestos de la laguna.

Cada uno de ellos llegó hasta la parte menos profunda, arrodillándose sobre el fondo.

Fui testigo de cómo las manos de Callum se cubrían de noches.

Dos látigos brillantes de sombras violetas emergieron de las palmas de Nox y Levi se giró hacia nosotras mientras un susurro de sombra azulada se arremolinaba a sus pies.

—¡Atenta, Elara! Estas son las normas. Solo está permitido utilizar el poder de las sombras. Nada de manipulación mental. No miro a nadie.

—Por última vez, te tropezaste tú solo, Levi.

Supe que Callum mentía al instante.

Esta vez no amagué la sonrisa.

—Como iba diciendo —continuó Levi, poniendo los ojos en blanco—.

Solo se pueden usar las sombras. La partida total son tres rondas de cinco minutos.

En cada ronda rotamos la posición de inicio para que sea justo.

El Fae que más ocasos atrape, o sea yo , gana.

Normalmente da tiempo a jugar tres partidas antes de que anochezca.

Como es tu primera vez puedes observar la primera y te unes a la siguiente. Lía, ¿te parece bien llevar la cuenta?

—¿Acaso tengo alternativa?

Levi le mandó un beso sonoro como respuesta antes de agazaparse con la mirada fija en el sauce. Expectante. La vibración era cada vez más fuerte. Podía sentirla bajo la roca en la que estábamos sentadas, en las puntas de mis dedos y en el retumbar de mi pecho.

—No hay marcha atrás, Tiniebla. Solo los miembros del Priorato de Sombras participan en la caza de ocasos. Después de esto serás oficialmente nuestra.

«No me importaría ser tuya», quise decirle.

Pero no me atreví a ser tan valiente.

—¿Es esta tu invitación formal? —dije en su lugar.