Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXV. Elara #2
53%

Capítulo XXV. Elara #2

—Uno de los trabajadores solía castigarnos con frecuencia.

Todos lo hacían, en realidad. Pero un par de ellos disfrutaban especialmente.

No sabría decir qué hice aquella vez. Contestar de malas maneras o compartir mi comida eran mis ofensas más habituales.

Pero no consigo recordar qué hice en esa ocasión.

Y por algún motivo eso me molesta. Debí hacer algo, algo que desencadenó todo lo demás, pero mi cabeza se niega a recordarlo.

—No frené la lágrima que escapó de mis ojos.

Era inútil, pues sabía que muchas otras le seguirían.

En ocasiones los traumas robaban las lágrimas de sus víctimas.

En mi caso, mis lágrimas se alimentaban de ellos—.

Solo recuerdo las manos frías de ese hombre sobre mi cuerpo.

Palabras cuyo significado desconocía, pero con una intención evidente.

Callum se tensó a mi lado.

—Me revolví con todas mis fuerzas, pero él era mucho más fuerte que yo.

Cuando una de esas manos huesudas fue a parar al bajo de mi camiseta algo estalló en mi interior.

Una oscuridad de la que no había sido consciente hasta ese momento.

Lo arrasó todo. Las manos de mi atacante, su cuerpo, la estructura del edificio y las vidas de muchos de los que lo habitaban.

No tenía fin. Seguía saliendo de mí, enfurecida.

Podía sentir como arrasaba con todo. Personas, corazones, muros y ventanas.

Y yo no hice nada para frenarla. Rogué que parara, intenté llamarla de vuelta. Nada funcionó.

Hacía demasiados años desde la última y única vez que había contado esa historia. Con perspectiva, si analizaba aquella primera ocasión, las reacciones de Nolan habían sido las esperadas. Sin embargo, tras su traición, los destellos confusos de aquella noche asaltaban a veces mi mente.

Palabras demasiado rápidas.

Juramentos de venganza vacíos.

Nada había sido real y, sin saberlo, al contárselo le había dado la manera de controlarme.

Me atreví a mirar a Callum entonces. A pesar del cambio de posición, sus caricias en mi pierna no cesaron. A diferencia de Nolan, no me presionó para que continuara o para que detallara las partes más escabrosas.

Su furia se filtraba a través de nuestra conexión mental. Una furia abrasadora que hablaba sin necesidad de palabras.

Con cada palabra que narraba, las imágenes de uno de los peores días de mi vida me asaltaban. Sabía que Callum podía verlas a través de nuestra conexión. No hice nada por frenarlas.

—Pasé varios días hecha un ovillo debajo de los escombros que ni siquiera me habían rozado.

No me atreví a salir hasta que oí que habían dejado de buscarme.

Me daban por muerta. Una más de las decenas de cuerpos irreconocibles que habían sacado de entre los restos del derrumbamiento.

—Mi voz comenzó a temblar—. Artio me encontró vagando por las calles de Nébula un par de semanas después.

Hasta hace unos meses aquella había sido la mejor coincidencia de mi vida.

El día que intenté robarle unas monedas a un trasgo despistado fue el día que dejé de estar sola. Supongo que eso fue mentira también.

Nos mantuvimos en silencio durante un rato largo. Las caricias del Guardián mitigaban el dolor. En algún momento dejé que mi cabeza cayera sobre su hombro.

Callum inspiró con fuerza. Supe antes de que comenzara a hablar que iba a abrirme las puertas de su pesadilla. El horror que siguió fue acompañado de imágenes que sabría que jamás lograría olvidar.

—¿Sabías que empezaron a llamarme Oscuro y Asesino de Fae mucho antes de la matanza de Astrella?

La única diferencia era que hasta ese maldito día la gente lo susurraba a mis espaldas.

Después de Astrella... —Callum dejó escapar una risa triste—.

Después de Astrella esos nombres se convirtieron en algo que muchos escupían como insultos a mi cara.

Algo que me vi forzado a llevar por bandera.

Yo misma había crecido escuchando las macabras historias de la masacre de la ciudad de Astrella.

La masacre llevada a cabo por un monstruo capaz de arrasar con toda una población de un plumazo.

Jamás pensé que el propio monstruo sería el encargado de contarme su historia.

Mucho menos que lo haría con mi cabeza apoyada en su hombro y sus caricias en mi piel.

—A estas alturas ya sabes que mi padre no era un buen hombre.

Especialmente con su familia. En cuanto se dio cuenta del alcance de mi poder hizo lo único que podía hacer para controlarme: dejarme sin aliados.

Solo y temido, con la reputación por los suelos.

El abuso físico pronto dejó de ser suficiente.

No importaba lo que me hiciera, nunca conseguía doblegarme.

No tardó en darse cuenta de que la única manera real de mantener su agarre en la correa que rodeaba mi cuello era amenazando a Lía y a mi madre.

Excepto matarlas, infundió sobre ellas todos los horrores que te puedas imaginar.

Muchas veces disfrutaba llevando a cabo sus torturas primero conmigo, para que supiera exactamente lo que ellas sentirían si yo desobedecía.

Maldije a los espíritus porque aquel hombre estuviera ya muerto. Me habría gustado tener la oportunidad de arrancarle la piel, trozo a trozo, con mis dagas.

¡Oh, cómo habría disfrutado!

—Tenía once años la primera vez que me ordenó matar a alguien.

—No sabía que era capaz de sentir odio como aquel hasta que esas palabras abandonaron los labios del Alto Fae—.

Durante los dos primeros años me limité a cumplir sus órdenes.

Hice cualquier cosa con tal de evitar que les pusiera la mano encima a ellas.

Normalmente me mandaba hacerlo cada pocos meses.

Siempre era a rivales políticos o a personas que entorpecían sus intereses.

Pero cuando cumplí catorce años, me encargó algo diferente.

Esta vez quería que matase a una familia entera.

No sabía qué es lo que habían hecho. Rara vez me lo decía.

Cuando llegué a su casa, me di cuenta de que el matrimonio y sus dos hijas se dedicaban a enseñar a usar sus poderes a personas del campo de manera que el manejo de los cultivos fuera más sencillo.

Lo que quería decir que no necesitaban usar las máquinas encantadas con runas que alquilaba la corte. Era solo por dinero.

Callum meneó la cabeza varias veces y vi como estrujaba las sábanas de la cama con un puño de noche y sombra.

—No fui capaz de hacerlo. Esa noche marcó un antes y un después.

No volví a matar sin averiguar antes cuáles eran los supuestos crímenes de mis víctimas.

—Callum permaneció en silencio durante unos segundos y supe que estaba acordándose de todas y cada una de ellas—.

Esa noche usé mi poder para hacerlos desaparecer.

Borré mentes, modifiqué recuerdos. Hice todo lo posible para que nadie recordase a la familia.

Después les busqué un lugar seguro donde vivir.

A mi padre le dije que había destrozado sus cuerpos en el ataque y que solo quedaban algunos dedos como prueba de mi asesinato.

Un puñado de falanges fueron suficientes para convencerlo. Un precio que pagaron gustosamente.

Me incorporé despacio, temiendo el rumbo que estaba tomando la historia. Callum tenía la mirada fija en un punto perdido de la habitación mientras su cuerpo temblaba con furia.