Capítulo XXIV. Elara #2
—Soy más que consciente de ello, Tiniebla. No dudo de tus habilidades, más bien de las mías. Si alguien se atreve a intentarlo, no podré evitar matarlo. Es demasiado temprano para estar limpiando sangre de debajo de las uñas, ¿no crees?
Sin soltar mi mano, Callum echó a andar hacia el castillo. Aproveché la ocasión para esconder la sonrisa que sus amenazas habían creado. Al parecer las promesas de derramamientos de sangre en mi nombre eran mi tipo de piropo favorito.
—¿Es siempre así? ¿El tiempo?
Realmente me intrigaba saberlo, aunque la verdad es que preguntaría cualquier cosa con tal de despejar mi cabeza de ideas estúpidas. Ideas como sus manos en mis muslos y los susurros de sus ramalazos homicidas contra mi oído.
— Sí y no. La bruma y las sombras jamás abandonan el castillo o su capital, pero en días soleados la vista es todo un espectáculo.
El humo blanco recorre las calles y el castillo está cuajado de reflejos dorados.
La gente navega los canales y el río en barcos impulsados por su magia.
Por la noche es todavía más bello. Sirtnale es una ciudad que fue construida para vivir entre sombras.
El problema no es la oscuridad, sino lo que mis predecesores hicieron con ella.
Quise seguir preguntando, pero el tono de Callum fue suficiente para saber que no era el momento.
El jardín de alma salvaje dio paso a una amplia escalinata de mármol negro.
Frente a las puertas varias figuras aguardaban la llegada del Guardián.
Media docena de guardias vestidos con las túnicas negras similares a las que Levi y Nox llevaban estaban apostados a cada lado de los portones.
Un par de trabajadores aguardaban con los brazos recogidos en la espalda y una sonrisa servicial.
A su lado, un Fae con cara de pocos amigos golpeaba un tacón delicado contra el suelo, impaciente.
Su piel era de un color violeta intenso tan oscuro como el mar sinuoso que respaldaba el castillo.
Sus ojos rasgados eran azules y daban la sensación de poder ver más allá.
Dos pequeños cuernos iridiscentes coronaban su cabeza rapada a juego con un par de alas grandes y elegantes que reposaban a su espalda.
La visión de esas alas me hizo pensar en Orla. El corazón me dio un vuelco, pero me obligué a hacer como si nada. Tiré ligeramente de mi brazo para separarme y dejar que Callum subiera por delante. Él aumentó su agarre para mantenernos unidos. Lo miré de reojo, pero no se inmutó.
—¿Cuántas veces te he dicho que me avises con antelación de tu llegada?
Aquel Fae habló entre susurros conforme se inclinaba en una reverencia sencilla frente a Callum. Su voz era apenas un hilo cristalino para los oídos del Guardián. Y, debido a nuestra cercanía, para los míos.
—Supongo que tantas como yo te he dicho que no es necesario que me hagas una reverencia ni que prepares un séquito de bienvenida cada vez que vengo, Falan.
Callum utilizó el mismo tono susurrado que el Fae, pero había un deje risueño en su voz.
Un matiz distinto con aires divertidos. Me gustó escuchar aquel tono tan impropio del Guardián fuera del Priorato.
Falan, sin embargo, parecía inmune a su actitud.
Con una mueca severa pero cariñosa hizo un leve gesto con la mano antes de hablar.
—Tela, asegúrate de que el despacho del Guardián esté listo. El resto podéis dejarnos.
Uno de los trabajadores inclinó la cabeza antes de desaparecer a toda prisa dentro del castillo. Callum devolvió el gesto en agradecimiento.
—Falan esta es Elara. Elara te presento a Falan.
Elle es regente de Sirtnale en mis ausencias y responsable de que la capital de la Corte de las Sombras no se desmorone.
También tiene un alma romántica empedernida que adora las tradiciones y el protocolo.
Se encarga de recordarme lo terrible que soy en ambos departamentos —completó con un guiño descarado.
La sorpresa en mi rostro debió ser evidente. Que une Baje Fae ostentara un puesto de tal envergadura era algo inaudito. Aquel tipo de cargos se reservaban para Altos Fae. Incliné ligeramente la cabeza al tiempo que extendía mi brazo libre.
Estaba segura de que Falan registró mi sorpresa, pero me respondió con una sonrisa amable y un apretón de mi antebrazo para devolverme el saludo.
—Es un placer, Falan. Como persona que sufre las impertinencias de nuestro querido Guardián a diario, mis condolencias. Tienes la Verdeluna ganada.
Falan dejó escapar una risa musical.
No me pasó inadvertido que sus ojos azules me estudiaban con detenimiento. Tampoco que se paraban más tiempo del necesario en las sombras negras que bailaban sobre mi piel.
—Bienvenida a casa, Elara. El sentimiento es mutuo —me dijo con calidez—. Aunque he de decir que el Guardián no deja de sorprenderme. Al parecer su respeto por las tradiciones no está tan olvidado como yo creía.
Callum comenzó a toser, como si se hubiera atragantado con su propia saliva. Lo miré confusa y con una pregunta en la punta de la lengua, pero él tiró de mí hacia el castillo sin darme tiempo a hablar. Falan nos siguió de cerca con una sonrisa divertida.
—Tenía la sospecha de que os llevarías bien —murmuró Callum.
El interior del castillo no era como lo había imaginado.
Las paredes y los techos transparentes dejaban pasar la luz tenue de la mañana y nuestros pasos resonaban contra un suelo de mármol negro.
Entre los pasillos se oían risas y, desde la lejanía, las notas dulces de un piano pintaban de colores el silencio.
El espacio era amplio y regio, pero había algo cálido que permeaba todo el ambiente.
No daba la sensación de ser el hogar repleto de historias que era Galamh, pero tampoco se quedaba atrás.
—Supongo que sigue encerrada en la biblioteca.
Falan asintió con gesto grave a las palabras de Callum.
—Tela se ha encargado de que coma con frecuencia. Varias personas han intentado que pasee al menos una hora al día, pero ha sido imposible. Aguanta apenas quince minutos y luego encuentra alguna excusa para regresar con sus libros. Tu hermana es incorregible. Como bien sabes.
Esa vez la sonrisa de Callum fue genuina.
—Y por eso ella es tu favorita y los demás vivimos bajo su sombra.
—Querido Guardián, mi favorito es Nox. Lía es la segunda. Tú y tu incorregible Dracano os debatís el último puesto a temporadas. —Rio con ganas—. ¡Espíritus! Conozco a Elara desde hace cinco minutos y ya está por delante de vosotros dos.
Había algo familiar en el tono de Falan. Algo cálido que me recordó a Artio. Su recuerdo aún dolía mucho, pero saber que Callum y los demás tenían en su vida a personas como Lark y Falan me hacía tremendamente feliz.
—Tenías razón. Me gusta mucho —le confirmé.
Callum respondió con una mano acariciando mis escudos mentales mientras comenzaba a caminar tirando de mí.
—Ya la he avisado de que hemos llegado, pero me temo que está decidida a ignorar mi presencia —suspiró Callum de manera exagerada.
—Déjame adivinar. Quieres que vaya yo a por ella —respondió Falan elevando la voz a nuestras espaldas.
—Esa es una idea maravillosa, gracias, Falan. Estaremos en mi despacho. Dile que tiene media hora para salir por su propio pie o mandaré a Elara a por ella. Así verás en qué puesto de tu clasificación está en realidad.
—¡Oye! —me quejé.
Falan soltó una carcajada que se perdió al doblar la esquina del pasillo y que hizo que Callum se mordiera el interior de la mejilla intentando ocultar su propia risa.
— Los dos sabemos que das mucho más miedo que yo, Tiniebla.
Le propiné un codazo que solo consiguió hacerle reír más fuerte.
Callum me llevó a través de un pasillo amplio que desembocaba en una única puerta de madera.
Me dejó entrar primero, manteniendo la puerta abierta.
A diferencia del pasillo, las paredes de su despacho eran opacas y estaban cubiertas por varias estanterías de madera blanca.
Dos sofás de lino crudo estaban enfrentados en el centro de la estancia.
Entre ellos una mesita baja sufría bajo el peso de una cantidad ingente de libros.
Un ventanal amplio dejaba entrar la luz desde un pequeño jardín privado, mientras que en la pared contraria las llamas bajas de una chimenea de ladrillo rojo crepitaban con sigilo.
—Si este es tu despacho, ¿por qué no tienes una mesa de escritorio para...?
Algo tiró de mí con un movimiento brusco hasta empotrarme de cara contra una de las estanterías. Tuve el tiempo justo de frenar el impacto con un brazo. Un rugido de sorpresa se perdió entre mi garganta y el choque con la madera.
Noté que dos sombras me recorrían las piernas hasta sujetarme con fuerza, mientras otras mantenían mi cabeza girada y apoyada contra el mueble. Mi poder acudió a mí sin apenas llamarlo. Sentí su carga inesperada en el pecho y en las yemas de los dedos.
—No tan rápido.
Percibí un movimiento con el rabillo del ojo antes de sentir su calor contra mi espalda. Nuestros cuerpos chocaron de esa manera deliciosa que mi piel había comenzado a añorar.
Aparté aquellos pensamientos y me concentré en el creciente cabreo que azuzaba a la oscuridad de mi interior.
—¿Qué demonios estás haciendo? —dije con un siseo entrecortado.
Callum aumentó el agarre de su poder mientras me empujaba con más fuerza. No la suficiente para doler, pero sí para resultar molesto.
Su respiración era relajada, a pesar de que podía sentir su poder envolviéndolo todo. Cuando habló, lo hizo directamente contra mi oído. No hubo manera de disimular el escalofrío que me sobrevino al sentir sus labios en mi piel.
—Veamos, no tengo mesa de escritorio porque pienso mejor cuando ando o cuando estoy sentado en el suelo —respondió como si nada—. Y, para responder a tu segunda pregunta, Tiniebla, me he cansado de esperar a que me pidas ayuda.
Como si aquello fuera motivo suficiente, Callum dejó de hablar. Estaba a punto de pedir más explicaciones cuando su presencia de noche oscura impactó con fuerza contra mi escudo mental.