Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXIII. Elara #4
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Capítulo XXIII. Elara #4

Me dio la sensación de que los corales se movían como serpientes a la espera de que el veneno surgiera efecto en su presa antes de atacar. No me importó, necesitaba llegar hasta el final.

—¡Elara, vete de ahí!

—¿Cuál fue la profecía del dios Hunt? —pregunté, ignorando la petición de Callum.

—Nimue no puede repetir esas palabras. Él se encargó de ello.

Nimue las sabe, las sabe de corazón, pero no puede repetirlas.

Solo el dios de la Muerte y las llamas de su hogar conocen la profecía.

El dios parido no tardará en retornar. Para hacerlo necesita su sangre perdida.

Sangre de su sangre, ambos hijos de un mundo sin luna y una diosa olvidada.

Mi cabeza procesaba la información a toda velocidad.

Alguien había encontrado el trozo de alma escondida de Absalon y estaba tratando traerle de vuelta. Necesitaban mi sangre para completar el proceso. Por eso las criaturas me perseguían.

Necesitábamos conocer la profecía. No había otra opción.

—Pero ¿cómo derroto a un dios, cuando dos diosas juntas no lograron hacerlo? ¿Cómo evito que vuelva?

Nimue se encogió de hombros.

—Es tarde para evitar su retorno. Al fin y al cabo, estaba escrito en las estrellas. La sangre con sangre se paga. Solo un igual puede derrotar a otro. ¡Oh, pero Nimue ha hablado de más! Y la joven Changeling ha obtenido una respuesta no pagada. Nimue siempre requiere pago por adelantado.

—Puedo darte otro secreto —dije al notar como las paredes de la cueva se hacían más y más estrechas.

—Las historias robadas no se pagan con verdades.

Se pagan con hueso y vida. Lo siento, pequeña Changeling, Nimue se siente muy sola, no tiene otra opción.

La verdad es que Nimue y su cárcel se hicieron amigas.

La cueva no permite que Nimue salga, pero le ayuda atrapar a los ladrones —susurró encantada—.

Tus secretos saben dulces, criatura y Nimue tiene hambre. ¡Nimue envenenada, Nimue hambrienta!

La voz de la bruja se volvió de roca y cuchilla.

De una sola vez, las enredaderas acuáticas se giraron en mi dirección, desenvolviendo las paredes de la cueva. Lo que antes era una pequeña burbuja de aire comenzó a inundarse mientras los arrecifes viajaban directos hacia mí.

Fue entonces cuando reparé en que las extrañas ramas de la cueva no eran raíces retorcidas del coral, sino huesos y dientes.

Mi oscuridad tomó el control.

Un estallido de noche y un aullido de tinieblas se liberaron al mismo tiempo que la magia de las Olas me inundaba.

Como pude, cree una burbuja alrededor de mi rostro en el momento exacto en el que Echo dejó brotar su poder y se zambulló en el agua helada mientras un amasijo de agua salada y corales envenenados rugía a nuestras espaldas.

La magia del Kelpie y mi oscuridad se unieron contra las garras de la cueva. El resultado fue un estruendo desordenado que pulverizó las membranas del coral. Aun a través del agua, alcancé a oír los aullidos de dolor de la bruja.

No miré atrás.

Me aferré a Echo mientras dejaba que el poder siguiera fluyendo desde mi pecho.

La magia de las Olas brotaba desde mi interior, impulsando el avance del Kelpie y acortando nuestra distancia con la superficie. A su vez, mi oscuridad y la magia de Echo mantenían alejados los tentáculos de la cueva dispuestos a seguirnos en nuestra huida.

El estallido y su ataque habían provocado decenas de pequeños cortes a lo largo de mi piel y de la de Echo. Centré todas mis energías en no desmayarme y en seguir aligerando la densidad del agua para llegar lo más rápido posible a nuestro destino.

El poder brotaba a marcha fluida. Llevaba enjaulado demasiado tiempo. Pese al cansancio y al dolor, el sentimiento fue eufórico. Me obligué a recordar las lecciones de meditación con Lía. No podía permitir que aquel torrente de adrenalina y poder tomaran las riendas.

El cuerpo de Echo atravesó la entrada a la Perla justo cuando mi visión comenzaba a oscurecerse. Oí los chasquidos del agua conforme un par de figuras se acercaban corriendo hacia nosotros.

Su aroma de medianoche me encontró antes que sus brazos.

Echo dejó que Callum se acercara. Desmonté cubierta de sangre y de los restos de la cueva. Los gritos de Nimue aún resonaban en mis oídos. Callum frenó mi caída cuando me fallaron las piernas al tocar el suelo arenoso.

—Te tengo. —Me obligó a mirarlo con dedos temblorosos—. Haz que el poder vuelva a ti, Elara. Hazlo regresar.

Entre sus brazos, inspiré con fuerza, apaciguando el rugido del poder. Paso a paso, metro a metro, conseguí que el torrente de magia volviera a mi ser. Los últimos centímetros fueron tan agonizantes como una pequeña muerte.

—Esto lo cambia todo. —Por el hilo de voz de Selene supe que Callum le había informado a tiempo real de todo lo ocurrido en la cueva—. Es tarde para evitarlo. La guerra ya está aquí.

Echo inclinó la cabeza hasta que su nariz entró en contacto con mi cicatriz. Acaricié su cuello, dejando que la magia de las Olas recorriera su cuerpo, sanándolo. Lo último que vi antes de perder el conocimiento, fue la mano de Callum sosteniendo la mía contra el cuello de mi Eólach.