Capítulo XXIII. Elara
CAPÍTULO XXIII
Elara
La mayoría de los días la oscuridad era lo único que le mantenía cuerdo.
El silencio del océano apretó sus garras contra mi garganta. Echo surcaba a toda velocidad la negrura marina. El Kelpie galopaba las corrientes, imperturbable, mientras yo me aferraba a su crin entrecerrando los ojos para discernir lo que aguardaba más adelante.
Un intento inservible ya que la burbuja que me ayudaba a respirar era lo único que mis ojos alcanzaban a distinguir con claridad. Si no fuera porque iba sentada a lomos de Echo y podía tocar su cuerpo cálido con las manos, no habría podido decir con seguridad si seguía o no a mi lado.
El poder hormigueaba en mi pecho y en las puntas de mis dedos. La oscuridad se acumulaba en mi interior, preparada para fundirse con el manto del océano y protegerme si fuera necesario.
— Respira, Elara.
La voz de Callum sonaba lejana, al igual que la presencia del resto del Priorato de Sombras. La locura se hallaba tan solo a un par de respiraciones de distancia y la compañía de sus presencias era lo único que la mantenía alejada.
Con la adrenalina por las nubes me esforcé por mantener la calma.
Inspiré con fuerza y me acurruqué todavía más sobre el pelaje de Echo, que, sorprendentemente, se sentía suave y mullido aun en las profundidades del océano. Su alma sosegada acarició mi mente como siempre lo hacía cuando venía a visitarme.
Tanto el mar como mi magia rugían embravecidos.
En mitad de la tempestad, Echo permaneció estable y sereno.
Me aferré a esa calma, dejando que me invadiera.
Una luz sinuosa me hizo levantar la cabeza al mismo tiempo que Echo aminoraba la marcha.
Perdida en la inmensidad del negro marino, la boca arrugada de una cueva brillaba, esperándonos.
Echo se adentró en la cueva antes de que me diera tiempo a arrepentirme.
Luchando contra mis instintos decidí no sacar las dagas de sus cintos.
Debía ganarme la confianza de Nimue para conseguir la información que buscaba y algo me decía que entrar daga en mano en su morada no sería una buena carta de presentación.
El agua se tornó cada vez más fría. Todo mi cuerpo temblaba, incapaz de controlar los escalofríos. Apreté los dientes con más fuerza cuando el túnel que atravesábamos comenzó a subir. A lo lejos, supe distinguir una suerte de caverna oscura.
Mi cabeza rompió la superficie y mis sentidos fueron asaltados por una melodía lastimera y una corriente de poder profundo y desconocido.
Lo primero que percibí con claridad fue el eco de una voz de madera mojada y arena al sol.
Un canto amargo más parecido a un llanto susurrado que a la canción de una sirena.
La voz tenía el recuerdo de un timbre hermoso.
Como una caja de música rota pero incapaz de dejar de sonar.
Deshice la burbuja de aire que cubría mi rostro e inhalé intentando no hacer ruido. En algún lugar de la cueva, aquella voz seguía cantando su melodía. Una canción sin palabras que expresaba el dolor de una traición y el color de las lágrimas.
—Nimue te estaba esperando, criatura. Siempre espera, pobre Nimue . —La canción dio paso a una risa ajada por el paso del tiempo.
Me giré, todavía dentro del agua, en busca de su portadora.
Echo y yo flotábamos en una pequeña laguna a los pies de una cueva compuesta por arrecife de coral. Me debatí entre abandonar el agua o quedarme como estaba. Pese a la temperatura helada, la perspectiva de congelarme no me pareció tan aterradora como la de acercarme más a aquella extraña voz.
— Quédate con Echo, Elara —pidió la voz de Lía desde las profundidades de mi mente.
Sin tener que pedirlo, el Guardián había sido capaz de ver la angustia en mi mirada y me había regalado la opción de no enfrentarme a aquello sola. Tal vez estuvieran a media vida de distancia y sus voces me llegaban entre susurros, pero no estaba sola.
Miré hacia arriba y mis ojos chocaron con un arcoíris marchito y afilado.
Cientos de arrecifes de coral de múltiples colores se enredaban unos en torno a otros.
Sus troncos y ramas variaban en espesura y tamaño y creaban formas imposibles, mezclándose entre ellos hasta conformar una pequeña cúpula semicircular que atrapaba el aire lejos del resto del mar.
Entre los huecos del arrecife alcancé a ver como el agua se movía. Una magia extraña hizo que mi poder y la oscuridad vibraran con más fuerza. Una magia que, de alguna manera, mantenía aquel aire respirable.
—No son muchos los que se atreven a adentrarse en mi hermosa cárcel. Aunque la última persona en visitarme también lo hizo acompañado por un Kelpie. —La voz se mezclaba con las entrañas del arrecife.
Echo emitió un bufido profundo que provocó que su cabellera negra resplandeciera con intensidad. Aquel ruido era una señal de advertencia que la bruja decidió ignorar con una risa melódica como única respuesta.
Seguí el sonido cuando un leve movimiento del coral atrapó mi atención. Entonces la vi.
El cuerpo de Nimue descansaba contra una de las paredes de coral.
Aunque «ensartado» y «enredado», eran, probablemente, términos más correctos.
Había sido hermosa en otro tiempo, pero sus facciones se habían congelado en una mueca.
Cada parte de su cuerpo estaba atravesada por el arrecife.
Una de las ramificaciones surgía directamente de su ojo izquierdo.
El otro era de un verde muy claro, casi transparente.
La sirena me observaba con una curiosidad maliciosa.
—No le hagas esperar, Elara. Cuanto menos tiempo pases allí abajo mejor. —No podía estar más de acuerdo con el consejo de Nox.
La parte superior de la bruja era similar a la de una mujer, solo que su piel tenía un tono verdoso y estaba salpicada de pequeñas caracolas y cangrejos que poblaban cada superficie visible que el coral todavía no había reclamado.
Su parte inferior consistía en una gran aleta grisácea repleta de escamas iridiscentes.
Los arrecifes se cernían sobre ella impidiendo que se moviera.
Solo sus brazos tenían suficiente libertad como para moverse ligeramente.
—Me han dicho que tú puedes responder a mis preguntas. Me han dicho que conoces todas las historias de Lyssandria. —Empezar adulándola parecía la opción correcta. Aunque la opción de exigir la información con una de mis dagas contra su cuello también era tentadora.
— Tenemos que mejorar tus habilidades sociales —suspiró Levi entre risas leyendo mis intenciones.
Logré disimular el amago de una sonrisa.
—Estás en lo cierto, criatura. Nimue solo sabe contar historias ciertas. La voz de Nimue no alberga mentiras. Nimue conoce los secretos de este mundo y de otros tantos. ¡Ay, Nimue, encerrada y olvidada!
—¿A alguien más le está dando un mal rollo terrible que hable en tercera persona?
—¡Cállate, Levi! —los susurros de Lía y Nox se mezclaron en uno solo.
La voz de la extraña sirena oscilaba entre el canto y el llanto.
Era una voz terriblemente triste y, al mismo tiempo, conservaba un cierto candor infantil.
Echo resopló de nuevo. Sus ojos blancos la miraban sin pestañear, atentos a cada pequeño movimiento.
Acaricié su cuello, lo que probablemente calmó más mi ansiedad que la suya.
—Entonces podrás responder a mi pregunta sin ningún problema.
—¡Oh, Nimue está segura! Nimue conoce todas las respuestas y adora cantarlas. Siempre y cuando se pague un precio adecuado por ellas. —La criatura sonrió con dulzura. Una mueca mecánica empapada por el olvido y el coral. Como si aquel gesto fuera tan solo el recuerdo de una sonrisa.
—¿Cuál es tu precio?
En aquella ocasión la sirena sonrió con abandono. Su ojo libre se estrechó con anticipación. Desprendía la misma energía que una araña cuando una mosca quedaba atrapada en su tela. Pese a que ella era la que no podía moverse me dio la sensación de que era yo la que no tenía escapatoria.
—Nimue quiere lo que quieren todos, por supuesto. Nimue hermosa, Nimue atrapada —volvió a cantar—. Nimue anhela una buena historia. Y no hay historia mejor que aquella que se encierra en un secreto.
—¿Un secreto? ¿Ese es tu precio? —Por experiencia sabía que las palabras en los tratos tenían importancia, no podía permitirme dejar espacio para ambigüedades—. Si te regalo un secreto que nadie más que yo conozca, responderás en detalle a mi pregunta.
—Nimue responderá a una pregunta en profundidad a cambio de un bonito secreto. Siempre y cuando el secreto sea parte de una buena historia.
Así que esa era la trampa. No valían secretos superfluos, como el hecho de que odiara la humedad porque me encrespaba el pelo a pesar de haber vivido toda mi vida en una isla. Nimue requería un secreto de verdad.
No podía permitirme fallos. Estaba segura de que Nimue no me daría una segunda oportunidad. ¿De qué secreto estaba dispuesta a desprenderme? ¿Qué secreto podía regalar? A sabiendas que no solo iría a parar a oídos de Nimue, sino a los del Guardián de las Sombras y su familia.
Me sorprendió lo poco que aquella última parte me importaba realmente. Había pocas cosas que Callum y los demás no supieran de mí. Si a estas alturas no había conseguido espantarlos, algo me decía que no había secreto que lo hiciera.
Los mejores secretos eran aquellos que uno mismo convertía en mentiras. Mentiras para repetirse hasta que se transformaban en verdades disfrazadas. Porque ¿acaso había mejor secreto que el que me ocultaba a mí misma?
— Puedo cortar la conexión durante unos minutos, Tiniebla.
—No. Quedaos —susurré. Aunque en realidad quise decir quédate .
Antes de comenzar a hablar cerré los ojos. Una decisión estúpida a todas luces siendo el centro de atención de un monstruo milenario. Pero aquel secreto requería la valentía que no ver el mundo proporcionaba.