Capítulo XXII. Callum #3
Eran muchas las leyendas que hablaban del encierro de Nimue.
Cada una de ellas tejía el mito de manera distinta.
Pero, mientras que los motivos y las acciones podían variar de región a región, las historias siempre tenían algo en común.
Nimue le había hecho algo tan terrible a uno de los dioses olvidados que su castigo, el castigo de una criatura que amaba viajar por los océanos haciendo las veces de trovadora de historias, había sido obligarla a permanecer anclada siempre al mismo arrecife.
En un lugar donde ninguna memoria nueva llegaba a sus oídos y donde nadie alcanzaba a escuchar como su voz pintaba leyendas.
—¿Cómo llego hasta ella? —susurró Elara, rompiendo el silencio.
— Tiniebla, tal vez deberíamos... —intenté desesperado.
A la mierda con guardar las apariencias.
—No hay tiempo.
Fue entonces cuando escuché el ligero temblor de su voz. A través de esa puerta de lunas que ella había creado solo para nosotros, Elara me dejó sentir su miedo y su angustia. Era un miedo complejo, mezclado con la resignación tranquila de saber aceptar las cosas cuando no queda otra opción.
Pude sentir lo cansada que estaba, el peso imposible que cargaba sobre las espaldas. Al mismo tiempo, esa determinación testaruda lo cubría todo. Elara llegaría hasta el final, costase lo que costase.
—¿Cómo llego hasta ella? —repitió con la voz más firme.
Aun así, decidí darle una última vía de escape. Durante tanto tiempo se le había negado la capacidad de elegir. Supe lo que escogería antes de hacerle de nuevo la pregunta. Pero necesitaba ofrecerle la salida que nunca nadie me brindó a mí.
—Solo tienes que decirlo y te sacaré de aquí. Encontraremos otra manera de encontrar la información.
Una ola de agradecimiento escapó de entre los confines de su mente.
—¿Qué otra alternativa hay? Al menos esta vez es mi decisión. Y ambos sabemos que soy demasiado testaruda como para morir —añadió con una sonrisa que sabía que no alcanzaría a sus ojos.
No sabría decir si lo hizo por mi bien o por el suyo. En cualquier caso, solo me hizo admirarla más.
Selene esperó unos segundos a responder. Tuve la certeza de que sabía que Elara y yo estábamos comunicándonos.
— No podrás llegar hasta allí sola —continuó—.
Tus poderes te ayudarán a crear una burbuja alrededor del rostro que te ayude a respirar, pero no pueden llevarte hasta su cueva.
El viaje hasta Nimue es un viaje que solo puede realizar alguien que contenga la esencia de las olas con la ayuda de un poderoso Eólach.
Si me baso en lo que presencié en la segunda prueba del torneo, ese es tu caso, querida.
Selene tomó la mano de Elara entre las suyas y la condujo con cariño hasta la zona donde el agua se unía con la playa. Con delicadeza, ayudó a Elara a agacharse hasta que su mano quedó en contacto con el romper de las olas.
En el momento en que las yemas de sus dedos rozaron la superficie salada, el ambiente de la Perla cambió por completo. Tras unos segundos teñidos de marea y salazón una criatura poderosa, rodeada de un halo de un aguamarina intenso y brillante, surgió de entre las profundidades.
Tanto Selene como yo dimos un par de pasos hacia atrás a medida que el Kelpie rompía la barrera de la superficie y nadaba hacia Elara.
Ella abrió los brazos para recibir al caballo al mismo tiempo que la Guardiana de las Olas y yo inclinábamos la cabeza en señal de respeto hacia la criatura.
En mi caso, esa reverencia no iba solo dirigida al Kelpie .
—Echo —dijo Elara, dándole la bienvenida a su Eólach con un suspiro de alivio.
Lo cierto es que yo mismo respiré algo más tranquilo. Saber que Echo acompañaría a Elara era una bendición de los dioses olvidados.
—Él te guiará hasta Nimue y te protegerá.
Los Kelpies son criaturas veneradas en nuestra corte.
Que uno te seleccione es un honor que no ocurre a menudo.
Se dice que su lealtad es irrompible y que poseen el poder de anticiparse a Destino.
Tú eres, de hecho, la segunda persona en la historia de Lyssandria en tener uno como Eólach.
Las palabras de Selene quedaron ahogadas por un susurro de nostalgia que hizo que Elara inclinará la cabeza con curiosidad.
—¿Quién fue la primera?
—Tal vez esa sea una historia para otro momento. —Sonrió Selene restándole importancia—. No te alejes de él y confía en tu instinto. Nimue hará todo los posible para retenerte con ella en su cueva, juega bien tus cartas.
Elara asintió una sola vez antes de subirse a lomos de Echo. Observé como comprobaba una última vez que sus dagas estaban bien aseguradas contra su cuerpo y como agarraba con fuerza la crin del animal antes de mirarme.
Echo resopló, liberando una nube de vapor cálido que se perdió en la inmensidad de la caverna.
Los ojos blancos de la bestia y los míos se encontraron durante unos segundos.
No me atreví a intentar penetrar en su mente.
Sabía de sobra que Echo la protegería con su vida.
Yo había sido testigo de su primer encuentro.
Jamás había presenciado algo tan especial e imposible.
Me limité a inclinar la cabeza una vez más, sin romper nuestra conexión.
Echo me devolvió el saludo antes de comenzar a hundir su cuerpo y el de Elara en el agua.
— Elara, déjame entrar por favor —susurré contra su cabeza conforme el agua cubría su cuerpo.
—¿Callum? —preguntó ella, confusa, antes de desaparecer por completo en la inmensidad de la laguna.
—¿Confías en mí?
—Sí.
Su respuesta fue rotunda.
Dentro de su hermosa mente pude sentir la verdad detrás de aquella palabra.
Pese a todo, Elara confiaba en mí. Una vez dentro, abrí los canales que reservaba para el resto del Priorato de Sombras.
En apenas unos segundos, las conciencias de Levi, Lía y Nox ocuparon la mente de Elara, llenándola de palabras de aliento.
Puede que aquel fuera un viaje que tuviera que hacer por su cuenta, pero eso no significaba que estuviera sola.
—Estaremos contigo todo el camino.
Antes de que su rostro se perdiera en el agua, Elara me dirigió una sonrisa con los ojos llenos de agradecimiento.
Su gratitud y su cariño nos rodearon con timidez, haciendo un poco más ligera su carga.
Porque al final, eso era lo que hacíamos entre los miembros de nuestra familia.
Puede que no pudiéramos protegernos contra la crueldad del mundo, pero sí que podíamos proporcionar un lugar seguro donde procesarla.
— Vuelve conmigo, Tiniebla —le pedí una última vez, sin importar quien estuviera escuchando.