Capítulo XX. Elara #3
—Entiendo —dije con una sonrisa, algo avergonzada—. Oraz y yo éramos simplemente amigos.
Vitrio asintió despacio y me pareció que le había dado exactamente la respuesta que anhelaba. Callum acortó la distancia que nos separaba y se situó a mi espalda. Giré la cabeza con curiosidad, pero sus ojos no perdían de vista a Vitrio.
Selene volvió a mirar las sombras que bailaban en mi antebrazo. Sus ojos recorrieron mi cuerpo hasta llegar a las flores que Lark había cosido en mi cabello. Al verlas, su mirada se suavizó.
—Oraz era una persona maravillosa y su sacrificio no será en vano. Esta es una causa que todavía no ha terminado, y tú, querida, estás en el centro de ella.
—No por elección propia —respondí casi por inercia, pero ella no se ofendió.
—El destino rara vez nos permite escoger. La mayor parte de las veces irrumpe como la marea y arrasa con todo.
Callum asintió a su vez y, tras tomar aire, comenzó a hablar.
—Por eso necesitamos tu ayuda, Selene. En este caso no es solo el destino de Elara el que está en juego, sino el de toda Lyssandria. Al menos eso tememos.
Tras otra pausa cargada de tensión y anticipación Callum le contó todo lo que habíamos descubierto en las últimas semanas.
Selene se cruzó de brazos y no habló durante varios minutos.
Se limitó a escuchar nuestro relato sin interrumpir.
Cuando lo hizo fue con la cabeza inclinada y una ceja levantada.
—Es peor de lo que imaginaba, entonces.
—Necesitamos tu ayuda, Selene —me atreví a presionar—. No sabemos a qué nos enfrentamos y todo apunta a que las respuestas están en vuestra corte. Por el momento, eso es todo lo que necesitamos: información.
Selene asintió en silencio, pero sus ojos volaron con rapidez de vuelta al Guardián de las Sombras.
—¿Cuál es tu papel en todo esto, Callum?
Comprenderás que comparta la misma preocupación que el resto de los guardianes.
Si bien yo no dirijo mi incertidumbre hacia Elara, no voy a mentir y decir que no me inquietan tus intereses.
¿Un trato con la Dama por una simple súbdita de tu corte?
Asumo que entenderás que crea que hay muchas cosas que no nos estás diciendo.
Pude ver el momento exacto en el que Callum decidió rendirse y dejar de aparentar.
—No hay nada simple en Elara —suspiró—. Y, con todos mis respetos, esas explicaciones le pertenecen solo a ella.
Tienes razón, hay cosas que no puedo decir, información que el trato me prohíbe compartir.
Elara es consciente de ello. No puedo obligarte a confiar en mí, pero te doy mi palabra de que esa información no cambia mis motivos.
Todo lo que hago, he hecho y haré es para asegurarme de que Elara está a salvo.
Mataré a cualquiera que ose ponerle la mano encima y lo haré con una sonrisa.
La vida de Elara está conectada con la paz de Lyssandria.
Las palabras del Guardián se entrelazaron con cada una de mis respiraciones.
—Tu reputación te precede, Oscuro, y no me gustan los juegos. Por todos es sabido lo poco que te importa la vida de otros Fae. La sombra de Astrella y la muerte de tu predecesor planean sobre tu cabeza.
Sentí el golpe como si fuera dirigido a mi garganta. Callum le sostuvo la mirada sin responder, pero el dolor en su rostro era evidente.
—Elara confía en ti y ese es el único motivo de que haya aceptado tu presencia. No sé de qué lado estás o cuáles son tus intereses. La Corte de las Olas no es otra ficha que mover como si de una marioneta se tratase.
Callum no se amedrentó, pero tampoco se escondió detrás de la postura fría que acostumbraba a usar como coraza en aquellas situaciones. En lugar de eso, continuó con una voz firme pero serena.
—Tienes razón, Selene. He hecho siempre todo lo necesario para asegurarme de que los míos estaban a salvo.
Eso me ha llevado a hacer cosas cuestionables.
Pero, desde que estoy al mando de mi Corte, he intentado actuar de manera diferente.
No es ningún secreto que maté a mi padre.
Para serte sincero, el mundo habría sido mejor si lo hubiera hecho antes.
No espero que confíes en mí. Los dioses saben que no lo merezco.
Sin embargo, Elara ha demostrado una y otra vez que es digna de confianza.
Yo confío en ella con todo mi ser. Solo pido que tú hagas lo mismo.
Contuve la respiración mientras Selene rumiaba las palabras de Callum. Me dije a mí misma que era porque temía su reacción, pero mi poder vibró tozudo en mi pecho mientras la oscuridad ronroneaba, ávida de las palabras del Guardián.
—No acepto falsedades en mi Corte, Callum.
Algo me dice que no estás acostumbrado a ser tú mismo fuera de los confines de las Sombras.
Sin embargo, siempre he sentido que hay algo más detrás de tus acciones y puedo respetar tus motivos para mantener secretos con el fin de proteger a los tuyos.
Siempre y cuando seáis sinceros, mi Corte estará dispuesta a ayudar.
Callum inclinó la cabeza en agradecimiento y ambos seguimos a Selene hasta su despacho. Había una guerra que evitar.