Capítulo XX. Elara #2
—Muchas gracias por acogernos con tanta rapidez, Selene. Estamos en deuda contigo. —Después de varias semanas en la Corte de las Sombras yo estaba acostumbrada a ese tono profundo y sincero, pero no se me escapó la sorpresa fugaz en las facciones de Selene.
—Como prometí, la Corte de las Olas siempre recibirá a Elara y a sus allegados con los brazos abiertos —respondió con gesto solemne.
—Muchísimas gracias, Guardiana. Es un placer volver a vernos en circunstancias menos...
—¿Sangrientas? —ofreció uno de los Fae con una mueca divertida.
Su rostro era hermoso, provisto de unos ojos azules que me observaban con un interés inusual y enmarcado por rastas violetas que le caían sobre las cejas.
— Yo iba a decir apocalípticas — murmuré a través de nuestra hebra.
— No le digas eso, Tiniebla, o jamás te lo quitarás de encima — respondió Callum con sequedad.
—¿Qué diablos significa eso?
—Que no soy el único que siente debilidad por las maldades que obra tu lengua.
Recé por que el calor de mis mejillas pasara desapercibido por culpa de la humedad y las altas temperaturas. Me obligué a ignorar el traqueteo de mi corazón.
Selene avanzó entre risas suaves hasta posar sus manos en mis hombros y besar mis mejillas. Lía me había advertido de la costumbre de los Fae de las Olas en cuanto a sus saludos. Aun así, el gesto me pilló desprevenida.
—Vitrio querido, creo que Elara no habría escogido ese término.
Aunque no estás del todo desencaminado. Y Elara, por favor, llámame Selene.
Guardiana era mi tía abuela, que la Verdeluna la tenga en su gloria.
Cada vez que alguien me llama así siento que me suman mil años de vida.
—Selene entrelazó su brazo con el mío y tiró con suavidad.
Comenzamos a andar hacia la entrada del palacio con los tres hombres siguiendo nuestra estela.
—Entremos, dentro el calor no es tan sofocante. Tengo entendido que puede ser difícil para los recién llegados —añadió con un guiño.
Me dejé llevar y no me permití mirar hacia atrás. La presencia de Callum acarició mi escudo: era constante y segura. Mis siguientes pasos fueron más firmes.
La antesala del palacio estaba sumida en una penumbra reconfortante que alivió el calor de inmediato. El interior era tan lujoso y ornamentado como el exterior del edificio.
—Disculpad la premura. Algunas conversaciones no están a salvo en la intemperie. Ni siquiera en mi casa. Las garras de las otras cortes se estrechan hasta límites insospechados.
Selene habló por encima del hombro para dirigirse también a Callum mientras recorríamos a paso ligero un pasillo amplio bordeado por retratos familiares. No estaba preparada para ver la sonrisa de Oraz entre las pinturas, así que me obligué a mirar al frente.
—Solo en la última semana hemos interceptado siete intentos de espionaje por parte de Mukas ni más ni menos —añadió el otro Fae, que, hasta el momento, había permanecido callado—. Alguien los está usando para llegar a nosotros.
Sus ojos eran del mismo azul que el de su acompañante, pero llevaba la cabeza completamente rapada.
—Nosotros hemos experimentado movimientos similares por parte de jaurías de Sith y un enjambre de Puka — compartió Callum.
—¿Puka? — respondió Vitrio, atónito.
Selene paró en seco y se volvió para mirar a Callum. Pese a la intensidad del momento, él mantuvo la vista serena y abierta, esperando para responder más preguntas.
—Por desgracia no es la primera vez que muestran su interés por Elara.
Tampoco son las primeras criaturas en hacerlo.
Supongo que recordarás el afán de los Selkies por ahogarla en la segunda prueba.
Me gustaría ponerte en contacto con la persona al mando de mis ejércitos, Vitrio.
Estoy seguro de que podréis poner muchos puntos en común y encontrar patrones con más facilidad.
Tal vez eso ayude a esclarecer quién está detrás de estos ataques.
El aludido inclinó la cabeza, agradecido, y yo respiré aliviada. La colaboración era posible. Aquel breve intercambio era prueba suficiente.
—¿Quién acabó con ellos? —preguntó la Guardiana de las Olas.
—Elara —respondió Callum.
Mi nombre en sus labios siempre era una dosis letal de adrenalina, incluso cuando lo decía con la mandíbula tensa y el recuerdo de aquellas horas ensombreciendo su mirada.
Sentí como tres pares de ojos se clavaban en mí, pero me forcé a mantener la cabeza alta. No era ningún secreto que era poderosa. Era el mismo motivo por el que medio continente me quería muerta. No tenía sentido alguno continuar escondiéndose.
Selene y el Fae de cabeza rapada me observaban con admiración y algo de recelo, como intentando descifrar el enigma de mi existencia.
—Al final nuestro hermano tenía razón —murmuró Vitrio, mirándome con algo más que curiosidad.
—¿Hermano? —pregunté temiendo la respuesta.
Selene se llevó la mano al pecho.
—He olvidado por completo las presentaciones, Elara. Discúlpame. Te presento a Vitrio y Onem. Vitrio es el general al mando de mis ejércitos. Onem es uno de mis consejeros más cercanos. Ambos son hermanos de Oraz —explicó Selene.
La similitud era asombrosa. No había querido verlo al principio, pero la realidad era que eran como tres gotas de agua. El nudo en mi garganta comenzó a crecer y tuve que forzarme a pronunciar mis siguientes palabras con la esperanza de que no sonaran demasiado temblorosas.
—Vuestro hermano es el único motivo de que yo siga con vida.
Siento muchísimo no haber podido hacer nada para salvarlo.
Nuestro tiempo juntos fue breve, pero él y Levi son las razones de que me mantuviera cuerda durante el torneo.
De que no me sintiera tan sola y perdida.
Todavía no entiendo por qué decidieron ayudarme, pero solo puedo expresar mi gratitud.
Jamás he estado en presencia de un alma tan hermosa como la de Oraz y por eso estaré siempre en deuda con él.
Callum rodeó hasta el último recoveco de mi mente. Me inundó con una marea de calor y orgullo. Me dio fuerza y dejó que apoyara algo de la carga sobre sus hombros.
Vitrio y Onem asintieron con solemnidad.
—Oraz era la persona más valiente y desinteresada que conozco.
Sabía ver el potencial en los demás, pero sobre todo tenía un sexto sentido que le ayudaba a estar siempre en el lugar adecuado en el momento adecuado —recordó Onem con cariño—.
Los espíritus quisieron que vuestros caminos se encontrasen.
Oraz se saltó todas nuestras peticiones para acudir al torneo en mi lugar.
Decía que sentía que era lo correcto. Su destino. Ahora creo que Oraz tenía razón.
Incapaz de hablar, me limité a asentir agradecida. Aquella era la familia por la que Oraz había sacrificado su vida. Mantenerlos a salvo era ahora mi responsabilidad.
—¿Erais amantes también? —quiso saber Vitrio.
Me atraganté con mi propia saliva.
—¿Perdón? —conseguí decir entre toses.
Selene y los demás se rieron con ganas.
—Disculpa a Vitrio, Elara. Se niega a visitar otros lugares fuera de nuestra corte y a menudo olvida que no todo el mundo entiende el amor y el sexo como nosotros.
—No comprendo —balbuceé, todavía confusa.
—La Corte de las Olas es un lugar mucho más flexible en cuanto a las ataduras sentimentales.
La mayoría de las relaciones son abiertas o plurales.
No es extraño que una persona tenga dos o más parejas o que dentro de vínculos estables se acepte la actividad sexual con terceros de manera esporádica —explicó Callum con gesto divertido.
— Podrías haberme avisado . —Le fulminé con la mirada.
—¿Y perderme esta reacción? No lo creo. Me gusta demasiado verte sonrojada.
Cerré la puerta que conectaba nuestras mentes con fuerza.
Aun así, pude oír su risa ronca a través de la hebra de medianoche que nos unía.
Había tenido mi buena dosis de relaciones esporádicas durante los años anteriores.
Después del mayor fracaso sentimental en la historia de Lyssandria, tampoco me había animado a darle de nuevo ese poder sobre mí a nadie.
Por no hablar de que Nébula era una isla con candidatos limitados.
—Yo mismo estoy unido a un hombre y a una mujer. Juntos tenemos dos hijos —añadió Onem, ajeno a mi torbellino mental.
Sonreí más decidida. Si lo pensaba con detenimiento estaba segura de que Artio había mencionado algo sobre aquello durante una de las muchas historias sobre su juventud.
Si la memoria no me fallaba, mi mentor había pasado una semana encerrado en una fiesta desenfrenada en un pequeño pueblo costero de la Corte de las Olas para celebrar su cincuenta cumpleaños.
Aquella era, probablemente, una de las historietas que más me hacían chillar avergonzada cuando la contaba, a pesar de que nunca entraba en detalles.
También era una de las que más le hacía reír a él.
Yo sospechaba que era mi reacción lo que provocaba sus carcajadas.