Capítulo XVIII. Elara
CAPÍTULO XVIII
Elara
La realidad de lo que acababa de hacer cayó de golpe. Como lo hacen siempre las cosas inevitables.
Las llamas se movían llenas de vida y pausa. Se doblaban unas sobre otras en un eterno baile de fuego y brasa. Si me concentraba lo suficiente, podía sentir ese mismo baile en la punta de mis dedos. La ceniza subía, incombustible, hasta el centro de mi pecho. Pero no llegaba a calentarme.
Aun así, el poder estaba allí. Esperándome.
Me pregunté si tocar el fuego sería tan natural como el aire o el agua, o tan adictivo como las sombras. Pero la valentía me había abandonado y los restos de adrenalina en mi sistema se limitaron a hacerme temblar.
Después de horas repasando la confusa información que habíamos descubierto, el Priorato de Sombras había trazado un plan.
Uno repleto de interrogantes y riesgos, pero no había más opciones.
Hacía casi una hora que todos habían abandonado la biblioteca.
Yo me había quedado sola con los libros y el sonido de la lluvia.
El crepitar de la chimenea de la biblioteca de Galamh rellenaba los silencios mientras la Corte de las Sombras rugía en el exterior con una tormenta inmensa.
Rayos de luz oscura iluminaban la Verdenoche.
La lluvia caía sin descanso. En lo alto de las montañas voladoras los truenos rasgaban el silencio como centellas atormentadas.
Nadie había hecho ningún comentario, pero las miradas furtivas que Lía y Nox habían lanzado a Callum me dijeron lo suficiente. No era la única que pensaba que el repentino huracán estaba directamente conectado con el humor del Guardián.
Lía había repasado hasta la saciedad el libro que los Archivos nos habían proporcionado. Se trataba de una pequeña compilación de leyendas y cuentos infantiles. Todos ellos en referencia a una única corte: la Corte de las Olas.
Nadie dijo nada sobre el hecho de que yo hubiera podido sacar un libro de los Archivos. Algo a todas luces imposible. La verdad era que, después de apuñalar a mi padre, no había sido capaz de pensar con claridad.
¡Espíritus! Llamarlo así me daba ganas de volverlo a apuñalar y, esta vez, en el pecho.
Simplemente había echado a correr y el libro se había venido conmigo. Airum había dicho que nadie de Lyssandria podía robar nada de los Archivos. Sin embargo, las palabras del whisp habían comenzado a dibujar ideas peligrosas en mi cabeza.
El mundo del que proviene una de sus partes es un mundo sin Luna .
Por el momento decidí ignorar aquella semilla que se había plantado en mi consciencia. Esa noche había decidido ignorar muchas cosas.
Había decidido ignorar una profecía que desconocía, pero que dictaba mi futuro.
Había decidido ignorar la existencia de un dios olvidado.
Había decidido ignorar una guerra inminente.
Y todas y cada una de ellas se agolpaban contra mi cabeza en forma de migraña.
El frío del bosque de los Archivos se había instalado en mi cuerpo junto con las palabras del whisp .
A pesar de la magia del castillo, y de estar sentada en la butaca más cercana al fuego, no podía parar de temblar.
Hundí todavía más la nariz dentro de la manta de ganchillo con la que Levi me había cubierto hacía unos minutos.
Repasé de nuevo la carta que había escrito para Selene. Mis dedos manchados de tinta y sombras recorrían las líneas luchando por encontrar palabras mejores. Pese a llevar una eternidad buscándolas, no acudieron a mí. La petición era simple: necesitábamos su ayuda.
Nox había expresado su preocupación con respecto a la neutralidad de la Corte de las Olas.
Por lo general, era una corte pacífica y temía que no quisieran tomar parte en el conflicto.
Sin embargo, yo confiaba en que la Guardiana atendiera a mi petición.
Ella misma había jurado su apoyo en la víspera de la última prueba del torneo.
Su actitud en el Cónclave también me hacía tener esperanza.
La esperanza era un sentimiento peligroso que no acostumbraba a alimentar.
Llegados a ese punto, tampoco me quedaban más opciones.
La aparición de Orión y su abierta declaración hostil contra mí había acelerado el conflicto.
El secreto de mi esencia era la clave de todo y las respuestas se encontraban en la Corte de las Olas.
Lía estaba segura de ello y yo confiaba en su criterio.
Habíamos llegado de los Archivos con una tormenta respirando en nuestra nuca. Yo cubierta de sangre y Callum con el gesto serio. Lía se había convertido en la voz al mando de la operación. Entre ella y su hermano habían organizado un plan de ataque rápido y efectivo.
Levi debía continuar con la vigilancia de las fronteras y la monitorización de las criaturas.
Lía había puesto rumbo a la capital de la corte para investigar todo lo que pudiera encontrar acerca de Hunt, dios de la Muerte y único ser capaz de explicar una profecía desconocida.
Si había alguien en Lyssandria capaz de encontrar a un dios olvidado esa persona era ella.
Nox usaría sus habilidades y la red de espías de la corte para conseguir más información.
Ninguno de ellos había oído jamás el término Changeling, pero eso no quería decir que otros no lo hubieran hecho.
Callum y Lía sospechaban que Orión no trabajaba solo.
Por sus insinuaciones quedaba bastante claro que quizá su padre había estado involucrado en el pasado.
No conseguía sacudirme las últimas palabras del whisp.
Algo oscuro se avecina por el Bosque. Algo que anhela la sangre de tu igual.
Si el comportamiento de Umbra en el Cónclave y en el torneo no habían sido indicadores suficientes, la sutil referencia del espíritu lo dejaba bastante claro. La Guardiana del Bosque estaba más involucrada de lo que pensábamos.
Decenas de velas encantadas iluminaban la noche dentro de la habitación. La estancia era enorme y estaba dispuesta en dos pisos. El segundo estaba rodeado por una barandilla a modo de balcón que conectaba ambas habitaciones creando un efecto de cascada que cubría las paredes de libros.
Las estanterías eran de una madera clara y desgastada.
Todo el suelo estaba cubierto por gruesas alfombras de colores en tonos argentados y distintas mesas de trabajo.
Había multitud de rinconcitos de lectura que salpicaban los recovecos más oscuros.
Un mar de sillones acolchados y cojines en los que perderse en una historia.
Visiones de sangre y muerte perseguían mi vigilia.
Las aparté, pero, para mi desgracia, fueron sustituidas por el recuerdo de la horrible sonrisa de Orión.
Por mucho que quisiera creer lo contrario, no había sido capaz de matarlo a sangre fría.
Sus palabras de odio todavía se repetían en mi mente.
El cuadro de mi madre viviría para siempre en mi retina.
¿Había sido demasiado cobarde al no matarlo?
La presencia de Callum me hizo volver a la realidad.
No necesité oír sus pasos para saber que había vuelto a la biblioteca.
Como cada vez que entraba en una habitación, mi oscuridad lo encontraba antes que a nadie.
Con la mirada perdida en el fuego, le tendí la carta para Selene. Él la aceptó en silencio.
Con un dedo bañado en sombras, selló el sobre con su marca e hizo desaparecer la carta. Solo quedaba esperar a la respuesta de la Guardiana.
—Debería haberlo matado —confesé entre truenos lejanos.
Callum se puso rígido a mi lado. Mientras yo contemplaba las llamas en busca de calor, él miraba la tormenta sin apenas pestañear. Permaneció de pie a escasos centímetros. No lo había visto sentarse desde que habíamos llegado.
—No, eso es algo que yo mismo tendría que haber hecho hace cien años.
—Sus ojos repasaban la tormenta como si entre los nubarrones pudieran encontrar la manera de volver atrás—.
No estará con vida mucho más tiempo. Orión ha hecho una declaración directa contra ti.
El muy estúpido ha firmado su sentencia de muerte.
—Sentí su oscuridad palpitar con la lluvia—.
Ya no son insinuaciones ni ataques velados tras criaturas oscuras.
Vienen a por ti y no pararán hasta conseguirlo.
Me enderecé, dejando caer la manta. El momento de huir había llegado a su fin.
—No pienso dejar que nadie me vuelva a poner una mano encima —susurré, sorprendiéndome a mí misma.
Porque era la verdad.
Si Orión volvía a atacarme, o si lo hacía alguien más, no dudaría. Dagas primero, preguntas después. No había sobrevivido en Nébula regodeándome en el dolor. No, el dolor había sido mi combustible. Puede que estuviera rota, pero eso solo me daba más cantos imperfectos con los que cortar.
—Música para mis oídos. Nada me pone más que la idea de cazar monstruos contigo —ronroneó él.
Callum me lanzó una sonrisa torcida y sentí que parte del hielo que había anidado en mi interior se derretía. Sabía que solo intentaba provocarme, distraerme. Mi oscuridad no hizo ni caso y siguió latiendo descontrolada.
—Estoy bastante segura de que, para ellos, nosotros somos los monstruos.
—Me importa una mierda. Seré el monstruo más horrible, si eso quiere decir que mi familia está a salvo.
Por la manera salvaje en la que el Guardián me miraba sentí que eso me incluía a mí.
Esperanza, maldito veneno.
—Sé un monstruo conmigo, Tiniebla —susurró.
Callum tenía razón. A su lado ser un monstruo no parecía tan terrible.
Llevaba demasiado tiempo preocupada por controlarme, preocupaba por no ser el monstruo que todo el mundo temía. El monstruo que sabía que podía ser. Pero lo que le había dicho a Orión en los Archivos era la única verdad de la que estaba segura.
Tal vez fuera un monstruo de su creación.
Tal vez eso me hacía imperdonable.
Pero las garras ya formaban parte de mi esencia. Y, si pensaban que me iba a quedar quieta, sin utilizarlas, es que eran unos ilusos.
Como si mi pensamiento se hubiera hecho carne, la sonrisa de Callum se volvió oscura. En sus ojos había una chispa que sentí crepitar en todo mi cuerpo.
— Pues vamos a cazar —declaré en su mente.
Como respuesta, los truenos de su tormenta corearon mis amenazas.