Capítulo XVII. Elara #3
—Es una pregunta interesante con una respuesta todavía más interesante.
Aunque por algún motivo decepcionante. Pensaba que habías venido hasta aquí precisamente para averiguarlo.
El libro que has robado de los Archivos podría llevarte a su respuesta.
¿Estás segura de que no quieres preguntar otra cosa?
— ¿Alguna vez respondes a la primera? ¿O es que te gusta el sonido de tu voz?
—¿Son esas tus preguntas, criatura?
— Sabes que no.
— Oh, vamos, ¿no me digas que no tienes curiosidad? Podría decirte cuál es el trato de tu Guardián con la Dama, tal vez la manera de curar de manera definitiva a tu amiga, incluso podría decirte qué le pasó a tu madre o el día exacto en el que morirás.
— Cuidado, espíritu —gruñó Callum, cuyas manos habían comenzado a teñirse de noches y pesadillas.
— No hay por qué ponerse así, Guardián. Al fin y al cabo, a ti te encantaría poder decírselo.
Ignoré sus provocaciones.
— Mi pregunta sigue siendo la misma. Respóndela.
— Como prefieras. Eres una Changeling . La última de tu especie.
Parte de su origen proviene de un mundo sin Luna.
De ahí tu otro nombre. Los Changeling se creían extintos.
Aunque erradicados es un término más adecuado.
O al menos eso les hicieron creer a los Altos Fae.
Lo que solo demuestra que son unas criaturas obtusas fáciles de manipular, en mi opinión.
A fin de cuentas, la profecía lleva augurando tu destino desde hace más de un milenio.
Pero ya sabes cómo son los Fae. El tiempo les hace olvidar.
Y solo el tiempo y el destino dirán si superas los pecados de tu antecesor o te unes a ellos.
— ¿Qué profecía ?
— Eso es otra pregunta, criatura.
— ¿Qué quieres a cambio?
—No le des nada más —pidió Callum.
El whisp sonrió con los ojos. De haber tenido dientes y boca, los habríamos visto todos.
—¡Qué caballeroso! Pero tiene razón. Yo solo quiero poder y el tuyo sabe especialmente dulce. Hacía miles de años que no lo probaba. Sin embargo, no estás en condiciones de darme más ahora mismo, hija de la no Luna.
— Tiene que haber alguna otra cosa.
—Comparte conmigo una de tus pesadillas. No te podré dar la respuesta completa, pero sí algo que te ayudará a encontrarla.
Le di lo que pedía. Hablar de mis pesadillas era como romperme una y mil veces. Pero ¿cuántas veces se podía romper un alma a fin de cuentas?
—Muchas noches sueño que estoy huyendo. No yo, precisamente, sino alguien conmigo.
Alguien que me lleva en brazos. Aunque la realidad es que no es un sueño.
Creo que es un recuerdo. Sé que no tiene sentido.
De ser cierto, yo no podría ser más que un bebé, pero sé que es real.
—Aquel recuerdo imposible me acompañaba todas las noches desde que tenía uso de razón.
No fue difícil zambullirme en él—. Siempre pasa lo mismo.
Me duele el cuerpo, sobre todo la garganta.
Si es por llorar o porque estoy herida no sé distinguirlo.
Aunque, al despertar, la cicatriz siempre me abrasa.
En el sueño una mujer me lleva en brazos y corre sin descanso, me susurra una y otra vez que no dejará que me hagan daño.
Me promete que estaremos bien. Y yo sé que es una mentira.
Una mentira que quiere creerse porque algo nos persigue.
Algo que, sin lugar a duda, ambas sabemos que nos alcanzará.
Pero siempre me despierto antes de saber qué ocurre después.
Hasta hace unos minutos la cara y la voz de esa mujer eran un misterio.
Dentro del sueño, del recuerdo, siento que sé quién es.
Pero, al despertar, soy incapaz de recordarlo.
— Pero ahora ya sabes quién es. Ya sabes por qué la Dama viste su cuerpo cuando la miras.
— Es mi madre, sí —admití por primera vez en voz alta—. Pero desconozco el origen de la crueldad de la Dama.
— No es crueldad, criatura.
Los espíritus tenían una percepción curiosa del bien y el mal si aquello no era crueldad.
— He cumplido mi parte. Cumple la tuya.
—Solo hay un ser en este mundo que te pueda decir la verdad sobre la profecía.
Al fin y al cabo, fue él mismo quien la creo.
Mientras sus hermanas abandonaron Lyssandria, él no pudo resistir quedarse.
Está en su naturaleza. Mientras haya vida, habrá muerte.
Y, mientras haya muerte, Lyssandria tendrá al menos la presencia de uno de los dioses olvidados.
— Hunt —murmuró Callum.
— Exacto, joven Guardián. Algo oscuro se avecina por el Bosque.
Algo que anhela la sangre de tu igual. Algo que lleva milenios en marcha y que ahora es imposible de parar.
—El whisp se giró para mirarme—. No es solo tu destino el que está en juego, criatura, sino el de toda Lyssandria.
Estas fuerzas oscuras ya intentaron hacerse con el control antes, milenios atrás.
Ahora regresan con más fuerza que nunca y solo tu sangre puede sellar su destino.
Para bien o para mal. Las respuestas que buscáis las hallaréis siguiendo la estela del único dios olvidado que habita Lyssandria.
Hunt, hijo de la Verdeluna y dios de la Muerte.