Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XIV. Elara
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Capítulo XIV. Elara

CAPÍTULO XIV

Elara

Quiso doblar el mundo y el universo para llegar hasta ella.

Una pareja de Puka aterrizó frente a nosotros como un revoltijo de alas y garras con un único propósito: matar. Sus cuerpos angulosos y cubiertos de plumas pardas se movían con la misma velocidad que recordaba de mis pesadillas.

Medio hombres, medio pájaros, sus picos aguileños emitían chirridos agudos y desesperados. Graznidos que se mezclaban con la apacible tranquilidad de la que habíamos estado disfrutando apenas unos segundos atrás.

La cascada y el ligero silbido del viento ya no eran la canción de fondo tranquila que había arrullado mi entrenamiento.

Eran apenas notas olvidadas que seguirían sonando al final de la batalla.

La forma dracana de Levi respondió con un rugido profundo y cargado de poder, al mismo tiempo que se lanzaba al aire con las fauces abiertas.

Durante una fracción de segundo me sentí transportada en el tiempo. A un momento en el que una bestia similar había conseguido mantenerme paralizada. Un momento en el que se me había olvidado cómo luchar.

El recuerdo me abandonó tan pronto como apareció.

No le permití clavar sus uñas en mi consciencia.

Muchas cosas habían muerto en los últimos meses. Entre ellas se hallaba mi capacidad de fingir que algo me importaba. Aunque ese algo fuera mi propia vida. Empuñé ambas dagas y observé que uno de los monstruos se lanzaba sin reparos hacia Nox.

El general de las Sombras estalló en una vorágine de metal, sombras azuladas y un poder tan estridente que estuvo a punto de hacerme saltar por los aires. Su espada atravesó el aire que segundos atrás ocupaba el Puka. La bestia arremetió con fuerza y ambos se enzarzaron en una danza imposible.

Levi lanzaba llamaradas de fuego oscuro hecho de tinieblas centelleantes, pero ambas bestias sorteaban sus ataques con una facilidad asombrosa.

Jamás había visto algo igual. Los dos guerreros se movían como pez en el agua.

Sus cuerpos eran capaces de anticipar los ataques de los Puka mientras su poder recorría el ambiente.

Sin embargo, las pesadillas no se quedaban atrás.

Los Puka eran capaces de hacer lo mismo, con la seguridad de que ni Nox ni Levi atacarían a matar.

Había muy pocos seres en este mundo lo suficientemente poderosos, o inconscientes, como para intentar matar a un Puka.

La energía necesaria para hacerlo era tal que solo unos pocos Guardianes podían matarlos y salir con vida para contarlo.

Los Puka lo sabían. Quedaba claro en sus movimientos, en la manera en la que parecían jugar con Levi y Nox.

Su objetivo era cansarlos lo suficiente para aprovechar un despiste y atestar el golpe de gracia.

No podía permitirlo.

Consentí que la oscuridad tomara las riendas.

Me dejé llevar por el recuerdo de los tentáculos negros de Callum sujetando al Puka, y mi poder salió disparado hacia los monstruos con el único objetivo de reducirlos a polvo y cenizas.

El instante en el que cedí a su control, fue el instante en el que esa fuente inagotable a la que tanto temía se encendió: consumiéndolo todo.

Mi primer instinto fue cerrarme a ese poder pero me obligué a respirar de manera pausada y concentrada.

Abrí mi mente al tsunami de poder que luchaba por liberarse de las ataduras que yo misma había impuesto, recordando las palabras de Lía durante nuestras meditaciones.

El poder era parte de mí, no mi enemigo.

Uno de los Puka consiguió hundir una de sus garras arrugadas en el hombro de Nox.

El Alto Fae emitió un grito de dolor y luchó para deshacerse del agarre.

Observé, impotente, mientras pelaba las capas que me mantenían atada.

Una a una. Me deshice de la ansiedad, de la claustrofobia y me concentré en el miedo.

No el miedo a perder el control, sino el miedo a dejar que otra persona muriera por mi culpa.

Usé ese miedo como un ancla.

En mi interior la oscuridad emitió un rugido triunfal que casi pude sentir que reverberaba entre los árboles de una montaña.

¿Tal vez sí lo hizo? Sin darme cuenta me percaté de que yo también estaba gritando.

Mi voz y la de la oscuridad se convirtieron en una sola y fue como si el universo pasara a moverse a la mitad de velocidad.

Sentí el instante en el que algo encajaba en mi pecho y la oscuridad y yo nos convertíamos en un mismo ser: aquello que siempre habíamos sido.

Varios tentáculos estrellados salieron de mi cuerpo y surcaron el claro hasta apresar al Puka que se cernía sobre Nox.

En el momento en el que mi poder entró en contacto con su cuerpo esquelético sentí la magia corrosiva que emanaba de él.

Pese a su sabor amargo supe, sin lugar a duda, que yo podía neutralizarlo.

Las garras del Puka liberaron a Nox y la bestia centró toda su atención en mí.

No pude evitar sonreír. Mi oscuridad también tenía garras, por primera vez en mucho tiempo, nada me impedía usarlas.

La oscuridad teñía mis manos, cubrió mis ojos volviéndolos solo de negro, envolviendo el verde por completo.

Nox cayó hacia atrás y se quedó tendido en la hierba alta. Desde mi posición podía ver que respiraba con dificultad. Estaba vivo pero necesitaba alejar a aquellas bestias el tiempo suficiente para que Levi se asegurara de que estaba bien.

Hice que los tentáculos penetraran la carne del Puka y me aseguré de que doliera. El Puka gritó. Un grito muy similar al que había rasgado los árboles del Remolino meses atrás.

— Hija de la no Luna — graznó con una voz que parecía hecha de huesos chirriantes.

Aquel nombre me hizo recordar otro encuentro en el mismo bosque. Arranqué esas memorias de mi camino y me concentré en el presente. Me percaté de que el otro monstruo había dejado su pelea con Levi y observaba nuestra interacción con atención.

—Te estábamos buscando, hija de la no Luna. Él te está esperando —susurró la segunda bestia—. Anhela tu sangre.

No entendí sus palabras, pero algo en ellas me hizo perder la concentración.

Fue solo un segundo, pero mi oscuridad flaqueo y el Puka se liberó.

La mirada negra y sin vida de ambas pesadillas estaba anclada a mi persona.

Se lanzaron contra mí en un ataque indiscriminado y no pude hacer nada para evitar que nuestros cuerpos colisionaran.

Fui lo suficientemente rápida para quitármelo de encima con un empujón de viento y marea.

Sin embargo, la bestia consiguió rasgar la carne de mi antebrazo en una herida fea y profunda.

Su compañero chocó con mi costado, pero esta vez estaba preparada.

Usé la fuerza del aire para evitar que me tirara de nuevo al suelo y giré sobre mí misma para que su pico infecto no desgarrara mi cuello.

Después, clavé una de mis dagas sin miramientos contra una de sus alas, deleitándome con su graznido de dolor.

Aproveché la distracción para ponerme de pie y echar a correr. Permití que la magia de las Tormentas impulsara mis zancadas.

—¡Elara! —gritó Nox todavía tirado en el suelo.

Un poco más allá, Levi se hizo eco de sus gritos.

— Asegúrate de poner a Nox a salvo. Yo me encargo de alejarlos de aquí y mantenerlos ocupados —le pedí a Levi, encontrando su mente.

Cerré nuestra conexión en un muro impenetrable. No tenía tiempo de escuchar sus protestas. Solo podía concentrarme en correr más y más rápido para alejar a los Puka.

Una presencia diferente se infiltró en mi mente a pesar de mis esfuerzos.

—¿Dónde estás? —demandó una voz de terciopelo en mi cabeza.

La voz de Callum sonaba lejos. Demasiado lejos.

Había abandonado Galamh hacía dos días en un viaje para atender varios asuntos importantes en la capital y las zonas más alejadas de la cordillera.

La presión del resto de los Guardianes cada vez era mayor.

Él y su hermana habían partido para apaciguar las aguas con la promesa de regresar en menos de una semana, una vez que hubieran apagado la tormenta política que arrasaba la frontera.

Supuse que Levi o Nox habían informado a Callum de lo que estaba pasando.

—Estoy ocupada —siseé sin aliento.

— Tiniebla, no los mates. Espera a que llegue —suplicó él, también sin aliento.

Sabía por qué me lo pedía . Sin embargo, también tenía la certeza de que Callum no llegaría a tiempo. Él entendió lo que yo pretendía hacer aun sin palabras.

— No lo hagas, Tiniebla.

No llegaría a tiempo, ambos lo sabíamos.

La decisión estaba tomada. Sabía que ocurriría si usaba el poder necesario para acabar con ambos Puka.

Estaba dispuesta a asumir las consecuencias.

Podíamos morir los tres mientras esperábamos la llegada del Guardián o podía utilizar mi poder para salvar dos vidas.

Dos vidas buenas y mejores que la mía.

—¡Elara, por favor!

No me permití contestar.

Cerré la puerta que siempre mantenía abierta solo para él.

Cortar esa conexión me dejó vacía, pero me obligué a ignorar la incómoda sensación y agarré las armas con más fuerza.

Al otro lado de mi escudo sentí como Callum aporreaba mis muros.

El Guardián intentó romperlos. Lo intentó de verdad.

Trató de colarse en mi mente por todos los medios posibles y yo temí que lo consiguiera. Su poder era descomunal.

Aun así, inexplicablemente, mis muros se mantuvieron intactos.

—Huyes de nuevo, hija de la no Luna. Huyes porque eres débil, incapaz de pelear —graznó una de las bestias.

Corrí todavía más deprisa.

Disfruté cada pinchazo de dolor, cada respiración agitada. Solo me permití sentir como mi trenza rebotaba contra mi espalda con cada zancada, como el poder se acumulaba más y más debajo de mis pulmones. Una sonrisa oscura volvió a mi rostro porque esta vez no estaba huyendo.

Estaba cazando.