Capítulo XIII. Elara #3
—El plan era fácil. Mientras ella conversaba con su padre, yo introduciría unas apuestas perdidas entre Callum y yo para que el heredero nos pagara.
Por aquel entonces teníamos más o menos la misma edad y mi madre asumió que un joven de quince años sería un blanco fácil que haría cualquier cosa con tal de no desatar la conocida ira del Guardián.
No podía estar más equivocada. Intenté penetrar la mente de Callum durante casi una hora, pero me fue del todo imposible.
Sin embargo, él apenas se inmutó. No me acusó, no avisó a su padre. No dijo nada .
Casi podía ver en los ojos de Nox los recuerdos tomando forma.
—Volví a casa con la certeza de que era Fae muerto, porque sabía que Callum había sentido lo que intentaba hacer.
Durante las siguientes semanas seguí con mi vida, a la espera de que me mataran en cualquier momento.
Una noche, al llegar a casa después de haber hecho un encargo de mi madre, él me estaba esperando.
No me dio tiempo a reaccionar. En cuanto entré por la puerta su mente invadió la mía y, en cuestión de segundos, lo leyó todo. Absolutamente todo.
—¿Qué te dijo? —pregunté con la sensación de que ya sabía la respuesta.
—Estaba furioso —confirmó Nox con una risa amarga—.
Pero no conmigo, con mi madre. Me tendió la mano y me dijo la primera frase amable que había escuchado en mi vida: «No tiene ningún derecho a utilizarte.
Tu potencial es solo tuyo. Solo tú decides qué hacer con él».
No dijo nada más. Y, por algún motivo, no hizo falta.
Cogí su mano, y me dejé llevar. El resto es historia.
Aparecí a los pies de una montaña suspendida en el cielo, vomité hasta el desayuno y no volví a mirar atrás.
—¿Qué paso después? —pregunté, perdida en la historia.
Levi avanzó hasta situarse detrás de Nox y abrazó su cuerpo con familiaridad, apoyando su cabeza en su hombro. Ambos ofrecían una imagen mágica, como sacada de un sueño.
—Después un apuesto Dracano le subió a la montaña voladora y fueron felices para siempre.
Nox sonrió con cariño y depositó un beso suave en los labios de Levi.
—Callum me dio dos opciones. Me ofreció dinero suficiente para viajar a donde deseara y poder comenzar una vida nueva.
Una vida que fuera mía. Y después me propuso quedarme con él.
Se ofreció a trabajar conmigo, enseñarme a luchar y usar mi poder para algo bueno.
Supongo que mi elección es obvia. Él fue quien me enseñó a Saltar, quien me enseñó a controlar mi poder y a proteger mi mente.
Empecé a crecer de verdad con catorce años, entre estas montañas y rodeado de Callum, Levi, Lía y Lark.
Callum me regaló una vida que jamás soñé con merecer. Se lo debo todo.
—Todos le debemos todo —dijo Levi, solemne.
¿Cómo era posible? La imagen que ambos dibujaban de Callum era totalmente contraria a lo que el resto de Lyssandria sabía de él. Conocía las atrocidades que había cometido, había oído las historias sobre la masacre de Astrella. Había visto la crueldad del Guardián en primera persona.
Fue entonces cuando comprendí que todos en el círculo más cercano de Callum, tal vez incluso el propio Guardián, habían sufrido de alguna manera imperdonable, injusta y totalmente evitable.
Callum había hecho por ellos lo que no había sido capaz de hacer por él mismo: les había dado un hogar y espacio para sanar.
Había creado una corte de proscritos y abandonados, de personas con un pasado gris e injusto en el que no habían sido libres de escoger.
Libres de tomar la decisión correcta. Él había proporcionado esa libertad.
Sin embargo, lo que el resto de Lyssandria veía era una corte gobernada por monstruos sin escrúpulos, en la que las sombras estrangulaban sin piedad, en lugar de ofrecer cobijo y espacio para ser uno mismo.
—Créeme, Elara, sé lo que es tenerle miedo a tu poder. Sé lo que es cerrar los ojos y ver todo el mal que ha hecho. Todo el mal que me he hecho a mí mismo. Pero también sé que, para salir de ese bucle, no tienes que hacerlo sola. No puedes.
—Nox, no sé qué decir. Gracias de verdad... —No logré terminar la frase.
El centro de mi poder comenzó a vibrar. La oscuridad se tornó un torbellino descontrolado que luchaba por salir. Dejé de oír el rugido de las cascadas y el latido de mi propio corazón. Percibí de manera difusa dos sombras oscuras que avanzaban en nuestra dirección.
Mis manos volaron hacia mis dagas en anticipación.
Levi y Nox notaron mi cambio al instante.
Nox desenfundó su espada, al tiempo que varios tentáculos de una oscuridad con tintes azules comenzaban a brotar de su pecho.
Los tatuajes de Levi comenzaron a brillar.
Mi amigo se separó de un salto y estalló en una bruma azul y un rugido antiguo, comenzando su transformación.
Todo mi cuello se erizó y supe al instante qué eran aquellas sombras que se avecinaban entre la maleza. Era la misma sombra que me había perseguido hacía meses en el Remolino. La misma bestia que había conseguido que me quedara paralizada: un Puka .