Capítulo XIII. Elara
CAPÍTULO XIII
Elara
Sus verdades tenían garras. Y esa era, quizá, la realidad más difícil de abrazar de todas.
La Corte de las Sombras vibraba a nuestro alrededor. Decenas de cascadas color turquesa con aroma a espuma y coral borboteaban a escasos metros. Mantuve los ojos cerrados intentando, por enésima vez, seguir las instrucciones de Nox.
—Estás demasiado tensa.
Busqué el centro de mi poder y me centré en el latido familiar de su cadencia, en la manera en la que aguardaba paciente en mi pecho. A su lado, mi oscuridad brillaba más fuerte que nunca. Plácida y calmada.
Pero mi poder ya no era solo aire y tormenta. Tal vez nunca lo hubiera sido.
No, mi poder estaba compuesto de multitudes.
Pequeñas fracciones de magia y posibilidad que cambiaban de manera indistinta en un torbellino de musgo, fuego, huracán y aguamarina.
No estaba descontrolado, sin embargo, cada vez que me acercaba sentía la inmensidad de lo que había detrás de su aparente calma.
Un poder sobre el que yo no tenía control.
Nox continuó con sus instrucciones. Eran buenas. El problema no era mi profesor. El problema era yo.
—Recuerda, tienes que localizar la fuente de tu poder. Debe estar en calma. Controlada. Métete dentro, deja que te inunde por completo. Imagina que es un lago y que te sumerges en él. Cuando nades hacia la superficie visualiza en tu mente el lugar al que quieres llegar.
—En este caso es el otro lado del claro —añadió Levi a gritos desde el otro lado del claro mientras gesticulaba como loco.
—Levi, se trata de que se concentre.
—Nox, lleva concentrándose una hora. Se me ha ocurrido que tal vez se había olvidado dónde debía ir.
Como si pudiera olvidarlo. Llevábamos una hora practicando y mi mayor logro había sido, en palabras de Levi, «desaparecer un poco durante un segundo o así».
Nox y Levi empezaron a discutir. Una discusión de mentira que sonaba más como los preliminares antes de una noche apasionada.
Yo hice todo lo posible por bloquearlos.
Me centré en el ruido de las cascadas. En la manera que tenía la tierra de crujir bajo las suelas de mis botas.
Dejé que el aroma de la montaña me invadiera.
Tras casi dos semanas de entrenamiento, había comenzado a sentir que volvía a tener algo de control sobre mi cuerpo. Nox y Levi eran dos grandes profesores. La sabiduría de Nox era admirable, jamás había visto a nadie capaz de pensar de la manera en que él lo hacía durante una pelea.
Levi conseguía arrancarme una sonrisa todos los días, siempre a regañadientes, pero lo conseguía. Y yo daba gracias a los espíritus por su compañía. Siempre que podía se convertía en Dracano y me llevaba a explorar los diferentes recovecos de las cordilleras flotantes.
Mientras Nox se centraba en el cuerpo a cuerpo, con Levi practicaba con mis dagas o con cualquier arma que se le antojara. Según él, su objetivo era terminar con mi obsesión «nada sana» con mis dagas. Pobre diablo, ¿quién iba a decirle que eso jamás ocurriría?
Lía me ayudaba con mi magia. Me enseñaba a meditar y a controlarla.
Tal vez una explicación más adecuada sería «domarla».
Se sentaba conmigo en las puertas abiertas del invernadero de su madre y me guiaba por los pasos de la meditación.
Para mi sorpresa, nunca usaba su propia magia.
Aun así, su conocimiento sobre el poder de otras cortes era espectacular.
Jamás había conocido a una persona tan inteligente y dispuesta a compartir, enseñar y tener paciencia.
Aunque, para ser justos, los avances con mi poder habían sido casi inexistentes.
Me limitaba a meditar y a practicar con la única magia con la que me sentía cómoda: el poder de la Corte de las Tormentas.
Aun así, apenas era capaz de usarla durante más de unos minutos antes de entrar en pánico y perder el control.
¿Cómo era posible que algo tan mío se hubiera convertido en algo suyo? Algo a lo que temer.
Para mi desgracia, la cabezonería era difícil de desaprender.
En mitad de un claro con los ojos cerrados y los gritos de mis profesores de fondo, la idea de poder transportarme a cualquier sitio lejos de la absurda discusión entre los que se suponía que eran dos de los seres más temidos de Lyssandria era cada vez más atractiva.
Por enésima vez, llevé mi esencia al centro de mi poder.
Me dejé envolver por aquella energía suculenta, familiar y, a la vez, desconocida.
Sentí que me ahogaba, que me envolvía una ola fuerte y descontrolada.
Busqué la superficie, visualicé lo que encontraría al otro lado y me lancé de lleno hacia esa imagen.
Empecé a vibrar y apareció en mi estómago esa sensación de mareo que precedía a los Saltos. Salí en busca de esa sensación. Durante unos segundos me pareció flotar, dejar de existir. Mi cuerpo se retorció perdido en el tiempo y en el espacio.
En mi cabeza imaginé el otro lado del claro. Imaginé la cara que pondría Levi cuando apareciera a su lado. Mi poder comenzó a latir con fuerza. Demasiada fuerza. Justo cuando estaba llegando a la superficie, supe que no lo conseguiría.
Al abrir los ojos, me encontraba prácticamente en la misma posición que al cerrarlos.
—¡Joder!
—¡Elara, lo has conseguido!
Levi corrió hacia mí con los brazos extendidos y una sonrisa triunfal.
Nox me observaba con gesto satisfecho y los brazos detrás de la espalda. Levi me levantó en el aire saltando como loco de contento. Sus tatuajes azules brillaban con intensidad bajo el sol de media tarde. Vi como Nox sonreía con ternura mientras admiraba la felicidad de Levi.
—No he hecho nada —conseguí decir cuando por fin me dejó en el suelo.
—Claro que sí. Los dos lo hemos visto. Has desaparecido y has vuelto a aparecer un par de metros a la derecha.
Apreté las uñas contra las palmas de mis manos al cerrarlas en un puño. Presioné hasta notar como la carne se abría ligeramente.
—Se suponía que tenía que aparecer al otro lado del claro.
Nox se situó junto a Levi. Cada vez que el general de Callum me observaba sentía como si pudiera verlo absolutamente todo. Todas las mentiras, mis inseguridades, pero sobre todo mis verdades, aquellas que ni yo misma estaba dispuesta a admitir.
—Levi tiene razón, Elara. Puede que no hayas llegado hasta donde querías ir, pero te has desplazado. ¿En qué estabas pensando cuando has intentado cruzar la distancia?
—En nada. —Mi respuesta fue demasiado rápida.
Maldito error de principiante. Las verdades no se apuran, salen de manera natural, más lentas.
Eso era de primero de ladrona. Nox se cruzó de brazos y me miró con gesto serio.
Se mantuvo en silencio, decidido a no ponerme las cosas fáciles.
Sabía lo que quería de mí. También sabía que no me lo preguntaría dos veces.
—En que no lo conseguiría —admití, bajando la mirada y apretando las manos con más fuerza.
Era absurdo. En el fondo no tenía a nadie a quien impresionar, nada que robar, ningún torneo que ganar. Se trataba de aprender únicamente para mi propio beneficio.
Nox me observó durante unos segundos sin decir nada. A mi lado, Levi también se quedó en silencio, pero mantuvo su brazo sobre mis hombros, estrujándome con cariño. Me pregunté si tal vez estaban teniendo algún tipo de conversación privada.
—¿Qué solías robar? —preguntó Nox finalmente dejándome descolocada.
El brazo de Levi se tensó ligeramente sobre mis hombros. Sentí que algo eléctrico recorría el ambiente.
—¿Perdón?
—¿Qué solías robar en Nébula? —aclaró—. No es una pregunta con trampa.
—Lo es, si estás intentando arrestarme.
Levi estalló en carcajadas a mi lado y Nox lo fulminó con la mirada.
—No te voy a arrestar. Primero porque no es mi jurisdicción. Segundo porque Callum me colgaría de las pelotas de la torre más alta. Y tercero porque estoy seguro de que no le robabas el pan a ancianos desvalidos.
A mi lado, Levi había conseguido calmarse lo suficiente como para esconder su sonrisa entre muecas exageradas y espasmos repentinos.
No es que me importara demasiado hablar de mi pasado.
Era tan reciente que no se sentía como tal.
Aunque al mismo tiempo también parecía otra vida.
Hablar de Nébula era lo mismo que recordar a Artio.
Y eso daba paso a una retahíla de preguntas cuyas respuestas no estaba preparada para encontrar. Aun así, me obligué a responder.
—Al principio robaba comida. Viví unos años en la calle y hay pocas cosas que una niña pueda hacer en Nébula para ganar dinero.
Los burdeles no eran una opción que contemplara, por lo que me tocaba robar en mercados y similares para sobrevivir.
Después de que Artio me encontrara, intentó mantenerme un tiempo fuera de las calles.
Solo lo consiguió durante un puñado de años.
En cuanto fui lo suficientemente mayor para entender por qué Artio no cenaba por las noches, volví a las andadas.
Sinceramente mis opciones eran eso, una casa de placer o las minas subacuáticas.
Escogí la que me pareció que me permitiría seguir con vida más tiempo.
Y la única que se me daba bien. Nébula es un puerto de mercancías.
En su mayoría los encargos eran joyas, artefactos, drogas, incluso piezas de arte.
Esperé en silencio, sintiendo el peso de las miradas de Nox y Levi, incapaz de enfrentar sus caras. ¿Qué vería en ellas? ¿Asco, incomprensión, peligro?
—¿Qué es lo más importante a la hora de robar algo? —preguntó Nox.
—Uh, uh, uh —gritó Levi levantando la mano para responder—. Esta me la sé. Que no te pillen es esencial.
—Cierto, pero para conseguir aquello que quieres robar, ¿qué es lo que nunca puedes olvidar? —volvió a preguntar Nox, mirándome con insistencia.
Sopesé su pregunta durante unos segundos. La respuesta era sencilla. Quizá demasiado. Antes de que pudiera hablar, el torbellino que era Levi comenzó a responder.