Capítulo X. Elara #2
—El tío de Desmond no había tenido hijos.
Su pareja era también su mano derecha y Dracano.
Ambos vivían felices a sabiendas de que un día deberían nombrar un sucesor entre los miembros de su familia.
Desmond era el descendiente más cercano y poderoso, aunque no había sido nombrado heredero oficialmente.
Su tío gozaba de buena salud y de un reinado estable, faltaban muchos años para su nombramiento oficial por lo que Desmond decidió acelerar el proceso.
Aprovechó la confianza de su tío y de sus Dracanos y atacó cuando eran más vulnerables.
—Levi hizo una pausa con lágrimas en los ojos—.
Primero mató a su tío y después al amor de su vida mientras dormía junto a él.
Se me encogió el corazón al entender sus palabras.
—Después, usó sus recién heredados poderes de Guardián para acabar con todos los Dracanos que pudo.
A los que consiguieron escapar, los acusó del asesinato del antiguo Guardián.
Envenenó a la corte con sus mentiras. Durante las siguientes décadas se dedicó a perseguir y cazar a los supervivientes en nombre de la justicia.
—¿Por qué lo hizo?
—Porque sabía que no podía controlarnos y los hombres pequeños suelen temer aquello que no comprenden.
Busqué su mano dentro del agua y la estreché con fuerza. Levi me devolvió el apretón y no me soltó. Un pacto de agua dulce y espuma.
—Yo nací más de doscientos años después en el seno de un pequeño clan de supervivientes que vivía escondido.
El último de nuestra especie. Habíamos conseguido sobrevivir reprimiendo nuestra naturaleza para no ser detectados.
Al menos hasta que Desmond nos encontró.
—Los ojos de Levi se llenaron de pesadilla—.
Yo tenía once años. Mi madre estaba embarazada.
Me vi transportada de nuevo a la tercera prueba. El recuerdo de la imagen de Levi arrodillado junto a la hermana, que nunca conoció, entre brazos me cortó como un cuchillo.
—Mi padre y mis tíos lucharon como pudieron.
Pero la mayoría llevaban años sin transformarse y muchos nunca había tenido el privilegio de hacerlo.
Jamás tuvieron ni la más mínima posibilidad.
Yo me quedé atrás con mis primas y mi madre.
En mitad de la confusión algo me estalló en la cara y me dejó este bonito recuerdo —explicó con una mueca triste mientras sus dedos repasaban la cicatriz de su rostro.
—Siempre he pensado que te da un aire enigmático —ofrecí con una sonrisa torpe, intentado devolverle el humor que él regalaba con tanta generosidad.
Levi emitió una carcajada llena de recuerdos tristes y se llevó mi mano a la boca para besarla con suavidad.
—Ya decía yo que no me había equivocado contigo —murmuró.
Dejé que unos segundos se extendieran entre nosotros antes de preguntar.
—¿Qué pasó después?
—Mi madre nos pidió que nos escondiéramos.
Al final, solo yo fui capaz de hacerlo. No recuerdo mucho más después de eso.
Tan solo la risa de Desmond y los gritos de súplica de mi madre y el resto de mi familia.
Eso y la mirada horrorizada de un joven Alto Fae que no podía tener más que un par de años más que yo.
Callum , comprendí con horror.
—El padre de Callum, le obligó a mirar hasta que no quedó nadie con vida.
Nadie salvo yo. Dejaron solo a Callum en medio de tanta sangre y tanta muerte.
Su padre estaba enfadado con él. No había participado en la matanza y eso le hacía débil ante sus ojos.
Como castigo le obligaron a deshacerse de los cuerpos.
Tragué saliva sin poder llegar a imaginar el horror que aquello habría supuesto siendo tan joven.
—Durante un día entero me mantuve escondido entre los tablones del suelo del que había sido mi hogar.
La sangre de mi familia lo cubría todo, incluso a mí.
Callum no paró hasta que enterró a todos y cada uno de ellos.
Era ya de noche cuando entró en la casa por última vez.
Jamás olvidaré el sonido de sus pasos conforme avanzaba hacia mi escondite.
Tampoco olvidaré el color de sus ojos cuando encontró mi mirada entre las tablas de madera y me habló.
Yo apenas podía respirar, atrapada en una historia que, por algún motivo, sentía como si fuera mía.
—«He cavado una tumba para ti y ya está cerrada.
Puedes salir. No te buscarán», me susurró.
—Levi sonrió meneando la cabeza—. Le costó un buen rato convencerme de que aquello no era una trampa.
Tampoco olvidaré las palabras que me dijo cuando acepté su mano en mi primer Salto Irisado: «Cuando sea mayor seré Guardián y no dejaré que esto vuelva a ocurrir.
Lo más seguro es que yo solo no pueda hacerlo.
Me vendría bien un Dracano a mi lado. Un hermano».
—Levi saboreó aquel recuerdo con cariño—.
Nos hizo aparecer justo debajo de esta misma montaña.
Se quedó conmigo toda la noche hasta que logré transformarme por primera vez.
Cuando conseguí llegar a Galamh, Lía me esperaba junto a Callum con una manta caliente y los brazos abiertos.
Callum arriesgó la vida todos los días hasta que su padre murió para guardar el secreto de mi existencia.
Esa noche perdí a mi familia, pero gané un par de hermanos. Supongo que el resto es historia.
—¿Dónde están los demás?
—Yo soy el último —admitió—. Pasé muchos años buscando a otros sin ningún resultado.
El peso de evitar que nuestra raza se perdiera fue algo que me paralizó durante mucho tiempo.
Hacen falta dos Dracanos para engendrar uno.
En mi raza no existen mestizos. Hice las paces con la idea de encontrar a otros como yo hace mucho tiempo, Elara.
La familia no solo es de sangre, también es aquella que eliges.
Estoy en paz. Nox es mi futuro. El Priorato de las Sombras es mi familia.
—Gracias por compartirlo conmigo.
Apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos cuando me estrechó entre sus brazos.
—No te cuento todo esto para que sientas pena, Elara. Tampoco para que te compadezcas. Te lo cuento para que entiendas que Callum sigue siendo ese mismo niño que, pese a todo, arriesgaría su vida por lo que es justo.
Las palabras de Levi se quedaron conmigo durante días. Pasé las siguientes semanas en una burbuja extraña. Callum volvió a darme espacio y yo fui incapaz de acortarlo. Intenté reunir el valor para hacerlo, pero las palabras siempre me fallaban.