Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo X. Elara
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Capítulo X. Elara

CAPÍTULO X

Elara

En algún lugar perdido entre el sueño y el despertar, él se atrevió a tener esperanza.

Echo apoyó la cabeza en mi regazo mientras la laguna bailaba a nuestro alrededor.

Acaricié su crin de hebras azabache y color Verdeluna dejando que la suavidad me transportara a otro lugar, uno donde las preguntas no me asaltaban constantemente y donde los Guardianes de Lyssandria no se peleaban por mi cabeza.

Me concentré en respirar con los ojos cerrados hasta que el poder dejara de vibrar descontrolado en mi pecho.

Durante las últimas dos semanas Lía me había enseñado a meditar de tal manera que recuperar el control era cada vez más sencillo.

Pero, aun así, manejar toda aquella magia era demasiado similar a intentar montar un Addanac.

Inestable, peligroso y francamente agotador.

Sentía que me quemaba por dentro con cada latigazo. Lejos de mejorar, todo se volvía más complejo.

Hundí los pies en la laguna y me concentré en el frescor del agua entre los dedos.

En la textura de las algas contra mi piel.

En las poderosas respiraciones de Echo contra mi cuerpo.

Los retazos de la discusión con Callum minutos atrás todavía me abrasaban la garganta.

Mis ojos, aun cerrados, solo podían ver los alfileres sobre el mapa del continente y lo que significaban.

Cientos de ataques indiscriminados por toda Lyssandria que llevaban escritos mi nombre. Decenas de heridos, casas destruidas y una horda de soldados esperando impacientes para darme caza. Y, en mi interior, un poder desconocido y salvaje que derruía edificios ante el primer contratiempo.

En la soledad de mi mente no pude evitar estar de acuerdo con Umbra.

Tal vez yo era demasiado peligrosa, demasiado inestable como para seguir viva.

El recuerdo de Orla y mi promesa me hicieron dudar.

Lo cierto es que por más que había leído e investigado el material de la biblioteca de Galamh no encontraba nada que pudiera ayudar a mi amiga.

Cían conseguiría ayudarla sin mí, me repetí por millonésima vez. Tal vez Umbra tenía razón y lo mejor para solucionar el problema era quitarme de la ecuación.

—Te oigo pensar desde aquí, Elara. Y por la cara que pones no es nada bueno —dijo Levi al tiempo que se sentaba a mi lado con un sonoro chapoteo.

Se sentó sobre una roca contigua a la mía, sin importarle que sus botas se empaparan en el acto. Echo levantó la cabeza como ofendido por la intrusión de mi amigo. Con un resoplido indignado, se zambulló en la laguna y desapareció entre las profundidades.

—Estoy empezando a sospechar que no le caigo bien a tu Kelpie.

—Echo no es de nadie. Y lo que no le gusta es que te empeñes en sugerir una carrera contra tu forma dracana cada vez que lo ves.

Levi se rio con ganas haciendo que nuestros hombros chocaran.

—Yo creo que tiene miedo de que le gane, sinceramente.

—¿Qué haces aquí, Levi? ¿Te ha mandado él?

Me estaba comportando como una desagradecida, era consciente. Por muchas verdades que ocultara, lo cierto es que Callum solo había demostrado que, por algún motivo que no alcanzaba a comprender, le interesaba mi bienestar.

Mi instinto me decía que podía confiar en el Guardián de las Sombras y en su familia. Sin embargo, mi instinto se había equivocado antes. Mi cabeza gritaba que había mucho que no sabía. Muchas cosas que Callum no podía decirme. Empezando por su trato con la Dama de la Noche.

¿Qué interés tenía el Oscuro en tenerme a su lado? Al fin y al cabo, todos los Guardianes me querían controlar. ¿Qué hacía que él fuera diferente?

El miedo chillaba que era como todos los demás. Tal vez peor. Mi oscuridad me pedía a gritos que confiara en él. Mi mente era un torbellino de indecisión y dudas.

—¿Sería tan horrible? ¿Que alguien que se preocupa por ti hubiera mandado a una persona con la que tienes confianza para asegurarse de que estás bien?

Sobre todo, teniendo en cuenta toda la información que has escuchado en la última hora.

—Levi puso un pie sobre la roca y se apoyó en su rodilla para enfrentarme.

—No sé por qué le importa —respondí en un murmullo.

—¿Y necesitas saber el motivo para creerlo?

Levi me miraba con calma, realmente interesado en mi respuesta. Me forcé a contemplar su pregunta, a entender qué era lo que realmente me cabreaba tanto.

Callum me había dado la oportunidad de escuchar, de obtener la información.

En el Cónclave, junto con Selene, había priorizado mi libertad y mi capacidad de escoger cuando nadie más lo había hecho.

Pero la realidad de quién era, de lo que había hecho seguía allí.

No había nadie en Lyssandria que no conociera sus atrocidades.

¿Por qué iba alguien así a hacer nada sin esperar algo a cambio?

—Entiendo que hasta ahora ha intentado decir la verdad siempre que ha sido posible.

Agradezco que reconozca que hay cosas que no puede decir, aunque quiera.

Pero no ayuda a que confíe en él. Todo el torneo pareció un juego absurdo para Callum.

En privado se comportaba de una manera, frente a los demás de otra.

Y luego, en la tercera prueba y en el Cónclave...

Levi asintió entendiendo a qué me refería.

—A estas alturas no sé en qué confiar. ¿En lo que ven mis ojos?

¿En lo que me dice mi instinto? ¿En lo que gritan los demás?

—me desinflé sin pretenderlo—. Estoy cansada, Levi.

No hace mucho me creí unas mentiras muy similares.

Ya me han traicionado más veces. Siempre que confío en alguien, sale mal. No necesito a nadie.

Pese a mis palabras, yo sabía que parte de mí anhelaría siempre la idea de una familia. Un grupo de personas que me hicieran sentir en casa, como lo había hecho Artio.

—Todos aquí sabemos que eres más que capaz de sobrevivir por tu cuenta. No conozco a nadie más capaz que tú, Elara. Pero eso no quiere decir que tengas que enfrentarte a todo esto sola. Tampoco que debas rendirte —dijo Levi despacio.

Había algo precavido en su mirada. Aseguré mis escudos mentales, pero no había ninguna fisura. Era imposible que Levi hubiera escuchado mis pensamientos y, aun así, algo en sus ojos tristes me dijo que tenía la derrota pintada en la cara.

—Y, respecto a Callum, solo puedo decirte que su máscara es necesaria.

Esa fachada es la que mantiene a la Corte de las Sombras en paz y a salvo.

La que hace que este sea el lugar más seguro del continente.

Callum ha hecho muchas cosas de las que se arrepiente.

Pero créeme cuando te digo que todas las ha hecho por y para su gente.

Desde que es Guardián nuestra Corte es un lugar seguro para todo tipo de Fae, sin importar su procedencia.

El precio ha sido su reputación. Y, por mucho que le duela, te aseguro que no dudaría en volver a hacerlo. Callum protege a los suyos.

No pude decir nada en contra de lo que Levi argumentó. En las semanas que llevaba en la Corte de las Sombras no había visto ni rastro de la corte de pesadillas y dolor que el resto de Lyssandria dibujaba.

Galamh era atendido por Altos y Bajos Fae por igual. Callum tenía a Fae de todos los tipos entre sus guardias y soldados, así como entre sus consejos y distintos puestos de importancia. Todos trataban a su Guardián con afecto y respeto, sin ningún tipo de miedo.

Levi me había llevado a visitar varios de los pueblos y ciudades más cercanas en un intento de distraerme durante mis primeros días. Todos eran lugares que desprendían una sensación de hogar y seguridad. Altos y Bajos Fae vivían juntos y sin jerarquías.

Al principio había llegado a pensar que todo era parte de la artimaña de Callum, pero lo cierto es que esa posibilidad perdía fuerza cuanto más tiempo pasaba en la corte.

—¿Sabes dónde están el resto de los Dracanos, Elara? —preguntó Levi de repente.

—La verdad es que no —respondí con sinceridad—. Por lo que tenía entendido, os habíais extinguido.

Levi cerró los ojos durante un segundo haciendo que la cicatriz que le atravesaba la cara se arrugara con el gesto. Sus tatuajes brillaban con descaro reflejando el movimiento de la laguna. Su pelo azul y negro se arremolinó contra su frente. Se lo apartó con cuidado.

—Solíamos ser los protectores de la Corte de las Sombras.

Mis antepasados gobernaban mano a mano con los Guardianes.

Durante miles de años cada nuevo Guardián nombraba a un Dracano para ser su mano derecha.

Sus ojos en el cielo. El protector de la corte.

Somos seres territoriales y muy leales. El vínculo entre Dracano y Guardián era algo sagrado, venerado.

Los Dracanos y los Fae se protegían mutuamente y se consideraban familia.

Levi hablaba con una nota de amargura en su voz. Tanto que supe que no hablaba por experiencia, sino desde el anhelo. El mismo que yo experimentaba. El mismo que te hacía echar de menos lo desconocido.

—Todo cambió bastante antes de que yo naciera. Cientos de años antes para ser exactos. Cuando el padre de Callum tomó el relevo de su predecesor, decidió que no éramos sus aliados, sino una amenaza. ¿Te has preguntado alguna vez cómo se elige al nuevo Guardián o Guardiana?

Asentí sin atreverme a responder con palabras.

—Si un Guardián tiene descendencia, el más poderoso de sus hijos suele ser quien toma el cargo.

Son raras las ocasiones en las que un Guardián no se afana por tener herederos.

Pero, en el caso de no tenerlos, pueden nombrar a un sucesor a su antojo, siempre que sea poderoso.

Como sabes, las vidas de los Fae son largas, más aún las de los Guardianes.

El padre de Callum, Desmond, se cansó de esperar.

Podía imaginarme cómo acabaría la historia. No estaba segura de querer confirmar mis sospechas.