Capítulo IX. Callum #2
—Umbra y Finnian ya han enviado varias amenazas directas —expliqué—.
El único motivo de que no nos estén atacando abiertamente es que ahora mismo están en minoría.
Selene no los apoyará, pero están haciendo todo lo posible por convencer a Aiden.
Las palabras de la Dama en el Cónclave no han ayudado.
Elara volvió a centrar toda su atención en mí. Su mirada brillaba iluminada por una rabia profunda que emanaba de todas las fibras de su ser. Aun a través de su escudo, podía sentir su indignación. Su poder bullía, amenazando con explotar descontrolado.
—Umbra sabe más de lo que aparenta. Tú misma lo escuchaste aquella noche.
—Esa noche pasaron muchas cosas, Callum. Sinceramente no sé qué o a quién creer.
Con el poder de Elara a punto de estallar, las ventanas comenzaron a repiquetear contra los marcos. Mi oscuridad se arremolinó a su alrededor para calmarla.
—¿Alguien más tiene la sensación de que nos hemos perdido algo? —susurró Levi.
Elara se levantó haciendo arrastrar la silla contra la madera y apoyó ambas manos sobre la mesa, mirándome desafiante. Estaba enfadada. Muy enfadada. Mi oscuridad ronroneo encantada, saboreando su fuerza y su poder.
—No me interesa seguir alimentando vuestras rencillas. Si queréis mataros, adelante. Podéis hacerlo perfectamente sin ponerme a mí como excusa. No le pertenezco a nadie. Lo único que quiero hacer es encontrar la manera de ayudar a Orla y vivir en paz.
Imité su postura. Lo cierto es que compartía su cabreo. Más de lo que ella podía llegar a comprender.
—Me pediste respuestas y te estoy dando la información que tengo. Tu corte está aquí para ayudarte. No puedo hacer que dejes de estar en el centro del conflicto, pero estamos dispuestos a luchar contigo. Todos nosotros.
Elara ignoró mi promesa.
—Dime qué le prometiste a la Dama.
Tragué saliva. ¡Por todos los espíritus, necesitaba gritar o destrozar algo!
—Eso es lo único que no puedo decirte —respondí entre dientes, notando como el trato aguijoneaba mis cuerdas vocales.
—Qué conveniente —escupió ella.
El Priorato de Sombras nos observaba en un silencio tenso y repleto de medias verdades.
Unos golpes suaves en la puerta cortaron ligeramente el momento. Mi madre abrió la entrada del despacho con una sonrisa suave.
—Siento interrumpir. Ha llegado la delegación de la capital.
Elara me fulminó una última vez con la mirada antes de girarse.
—Yo ya me iba —murmuró a nadie en concreto y acto seguido desapareció por la puerta.
Quise llamarla. Quise decirle que su frustración y sus miedos eran los míos. Pero no hice nada de eso. Cerré los ojos un segundo hasta que estuve seguro de que mi voz no reflejaría mi frustración. Cuando volví a hablar, no estuve seguro de haberlo logrado.
—Levi, por favor, antes de volver a la frontera, ¿puedes asegurarte de que Elara está...?
Levi me ahorró el dolor de tener que terminar la frase.
—No tienes ni que pedirlo.
Se despidió de Nox con un beso suave y me dio un abrazo rápido antes de salir a la carrera en busca de Elara. Apreté los dientes antes de continuar:
—Lía, confirma que la delegación está cómoda y que no se pasan de la raya, por favor. Estaré allí en unos minutos. —Ella asintió antes de salir del despacho con paso firme.
—Nox, quiero que nuestros espías desplazados cambien sus comunicaciones de semanales a días alternos. Su seguridad es nuestra prioridad —añadí.
Nox inclinó la cabeza antes de desaparecer por la puerta que mi madre mantenía abierta. Una vez que estuvimos solos, dejé caer la cabeza entre los brazos que todavía tenía estirados sobre la mesa. El peso de mi cuerpo recayó sobre mis palmas y temí no ser capaz de levantarme.
—Querido —murmuró mi madre al tiempo que posaba una mano sobre mi espalda.
—Me odia —dije en un gemido que no me permití dejar salir por completo. No podía romperme. En ese momento no.
—Los dos sabemos que eso no es cierto.
Apreté los ojos todavía más. La oscuridad que latía en mi pecho olía a ella y tiraba de mí hacia el hilo que compartíamos.
—Se merece respuestas y yo no puedo dárselas.
—Tú quieres dárselas, Callum. La verdad reside en esa diferencia. Acabará encontrando las respuestas, hijo mío. Es solo cuestión de tiempo. Es lista y valiente. Cuando lo descubra, lo entenderá.
Quería creerla. Más que nada en el mundo quería creerla.
—No puedes estar segura —murmuré.
—Y, aun así, lo estoy.
Cuando por fin tuve fuerzas para abrir los ojos me encontré con la mirada serena de mi madre. A menudo me sorprendía con su facilidad de continuar teniendo esperanza. Con su capacidad de seguir soñando pese a todo.
—Todo lo que he hecho estos meses ha sido para mantenerla a salvo. Tiene motivos para destetarme, pero no puedo hacerlo de otra manera. No sé cómo hacerlo de otra manera —me tembló la voz hasta que se rompió.
Mi madre posó su mano en mi mejilla y prometió como solo pueden hacerlo las personas que quieren de verdad.
—Ella sabrá verlo. Lleva el peso del mundo sobre los hombros. Ha pasado por cosas por las que nadie debería pasar. Pero es fuerte y no está sola. Solo necesita tiempo.
—Tiempo —suspiré.
Tiempo era precisamente lo que se nos estaba agotando.