Capítulo IX. Callum
CAPÍTULO IX
Callum
Iban tras ella. La pregunta era: ¿seguir corriendo o dejarse atrapar?
—Ya estamos aquí. Siento el retraso.
El Priorato de las Sombras esperaba paciente. Levi, Nox y Lía estaban sentados alrededor de la gran mesa de madera ubicada en el centro de mi despacho. La estancia estaba iluminada por los rayos suaves del sol de las últimas horas de la tarde.
A mi lado, Elara continuaba agarrada a mi brazo. Estaba seguro de que no era consciente de que todavía se aferraba con fuerza a mí. Tampoco iba a ser yo quien le metiera prisa por separarse.
Pude sentir como giraba ligeramente mientras observaba la estancia con esos ojos de ladrona que le habían hecho sobrevivir tanto tiempo.
— Has tardado más de cinco minutos —rio mi hermana—.
—Eres imposible, Lía.
—Puede ser. Aunque también tengo razón.
Nox nos observaba desde la silla más alejada, con el gesto torcido y los brazos cruzados sobre el pecho. Lo conocía lo suficiente para saber que no traía buenas noticias.
—Cuando te convertiste en Guardián juraste hacer las cosas de manera diferente, Callum. Pero es así como empieza, ¿verdad? Llegando tarde a las reuniones. Cien años ha durado el buen rollo, amigos. Pronto nos obligará a tratarle de usted —gimió Levi con un gesto exagerado.
Mi amigo se levantó con soltura y me lanzó un guiño muy poco disimulado, que me dio ganas de matarlo y abrazarlo al mismo tiempo. Anduvo hasta una de las sillas más cercanas a Elara y la separó con una floritura.
—Ven, Elara, siéntate a mi lado. Callum ha decidido ponerse sus pantalones de Guardián y se vuelve insoportable cuando los lleva. Conviene estar lo más lejos posible.
Las palabras de mi amigo surtieron su magia y Elara volvió en sí. Se liberó de mi cuerpo sin apenas dirigirme una mirada. Caminó rápido hasta donde Levi esperaba y se sentó en la silla que él había preparado para ella.
El nudo de mi garganta se aflojó ligeramente al ver que ella veía en Levi un lugar seguro. Me bebí su enfado con entusiasmo. Era mejor verla cabreada que sin sentir nada. Levi me guiñó un ojo de nuevo y yo solo pude mandarle una oleada de agradecimiento mental.
—Nox, procede —pedí mientras caminaba hacia mi silla en la cabecera de la mesa.
Mi general se incorporó. Lía lo observaba de cerca, pluma en mano para apuntar hasta el último detalle.
Un gran mapa de Lyssandria estaba apoyado sobre la mesa.
Cada pequeña marca negra representaba un ataque reciente.
Las marcas moradas figuraban otro tipo de movimientos que no eran mucho más esperanzadores.
Me resistí a mirar los alfileres verdes.
—Con respecto al tema de las criaturas, la situación está muy revuelta.
Los Sith están actuando de manera extraña.
Nos han llegado ya varias noticias de pueblos que se han visto afectados.
Hemos recibido hasta un par de avisos de incursiones de pequeñas jaurías en algunas de las ciudades principales.
De momento, no hay víctimas, solo daños materiales.
Es extraño. Se limitan a destrozar y asustar.
—Es casi como si estuvieran buscando algo —intervino Levi.
—No son las únicas criaturas que se comportan de manera extraña. Y tampoco somos la única corte con estos problemas —dijo Nox.
—¿Dónde más? —pregunté.
Llevábamos meses observando ataques en distintos lugares de nuestra corte y del resto de Lyssandria. Los otros Guardianes no habían compartido sus respectivos ataques, pero yo sabía de primera mano que los estaban sufriendo. También sospechaba cuál era el factor común entre todos los ataques.
—Nuestros espías hablan de un par de Addancs que están sembrando el caos en la región este de la Corte de las Llamas.
Selene mencionó que llevan meses con Selkies e incluso con Mukas creando más de un problema en las zonas más cercanas a la capital de la Corte de las Olas.
Umbra no ha dicho nada, pero sinceramente no creo que eso sea indicativo de que no estén teniendo problemas similares.
Y todos sabemos los altercados que han tenido en la Corte de las Tormentas con los...
—Puka —susurró Elara terminando la frase de Nox.
Todos guardamos silencio durante varios segundos hasta que Lía se atrevió a decir lo que toda la habitación sabía o sospechaba.
—Pese a lo arbitrario de los ataques, lo cierto es que siguen un patrón bastante claro. Estas marcas negras representan ataques en los últimos meses —explicó, señalando el mapa.
—¿Qué representan los marcadores verdes aislados? —preguntó Elara, indicando con la cabeza un puñado de alfileres verdes solitarios desperdigados en distintos puntos muy reconocibles del mapa: Nébula, la Corte de las Tormentas, el Bosque de la Dama, nuestra corte...
Lía asintió sin dejar de mirar a Elara. Sabía que sospechaba la respuesta y, si algo admiraba mi hermana, era la rapidez mental.
—Los alfileres verdes te representan a ti, Elara. Como podrás ver, los ataques aumentan en las zonas más cercanas a las que te encuentras en cada momento. Los ataques más alejados se mueven contigo, como si estuvieran intentando llegar hasta ti.
Elara observó el mapa con el gesto serio. Supe lo que veía sobre la tela: una marabunta de criaturas oscuras arrasando el continente para llegar a ella. Decenas de heridos a los que les pondría su nombre. Supe sin lugar a duda que se sentiría responsable de cualquier daño ocasionado.
—¿Quién tiene el poder para controlar a tantas criaturas? Por no hablar de que la mayoría de ellas llevan cientos de años desaparecidas...
La misma pregunta que Levi planteaba llevaba semanas comiéndome la cabeza.
—No debería haber nadie capaz de controlarlas así. Estamos hablando de seres extremadamente inteligentes. Y, por lo general, no responden a ningún amo —respondí.
Elara se masajeaba las sienes con las manos enguantadas mientras negaba con la cabeza.
—La mitad de las criaturas que has mencionado han intentado matarme.
Y tengo la sensación de que la otra mitad no lo han hecho porque no han tenido la oportunidad.
Esto está conectado con lo que la Dama dijo en el Cónclave.
Hay algo oscuro detrás de todo esto y, por algún motivo, me quiere a mí.
Me quiere desde antes de tu trato con la Dama.
Elara había lanzado la reflexión al vacío, pero sus ojos me miraban esperando algo. Sabía que había una pregunta detrás.
—Eso creemos, sí —confirmé.
—¿Qué soy?
—No estoy seguro. No eres Hadaës, pero tampoco eres Alta Fae.
Quería darle más, pero no tenía las respuestas que ella buscaba.
—Tu esencia es claramente de la Corte de las Sombras, Elara.
Todos podemos notarlo. Creo que seguramente tú misma puedas notarlo —explicó Lía—.
Pero también podemos sentir las otras cortes en tu interior.
Todos sus poderes y sus magias emanan de ti y lo hacen desde antes del trato de Callum con la Dama.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó ella, repasando cada una de nuestras caras en busca de respuestas.
—Esa es la cuestión, técnicamente no es posible.
Incluso los Fae mestizos entre varias cortes solo presentan poderes de una de ellas.
Solo un grupo muy específico de Bajos Fae tiene acceso a dos tipos de poder: los Dracanos.
Levi puede usar el poder de su parte dracana y el de las sombras de nuestra corte.
El aludido inclinó la cabeza orgulloso.
Elara escuchaba a mi hermana absorbiendo hasta el último resquicio de información, pero podía ver como cada dato solo aumentaba la lista de preguntas en su cabeza.
—Lo que no tiene sentido es que te criaras pensando que pertenecías a la Corte de las Tormentas sin sentir el resto de las magias en tu interior. Es casi como si algo, o alguien, hubiera estado reprimiendo tus poderes reales todo este tiempo.
Pude ver cómo Elara se tensaba, pero no dijo nada durante un largo rato.
—Yo nunca he...
—Yo mismo te he visto usar poderes de otras cortes en innumerables ocasiones —ofrecí—. Lo he visto muchas veces en estos meses.
—Eso es imposible —respondió ella, negando una verdad que sabía que sospechaba.
—Tus heridas, durante la primera prueba del torneo. La escarcha que te salvó no fue cosa de Oraz, ni de ningún otro súbdito de las Olas. Fuiste tú —añadió Nox—. Al igual que en la prueba final. Levi solo sobrevivió por la escarcha que creaste para él.
—O el fuego que usaste contra los Sith —completó Levi a su lado apretando ligeramente su mano.
Elara observaba el mapa de Lyssandria buscando respuestas.
—¿Qué significan las marcas moradas? —preguntó.
—Las marcas moradas son los movimientos de las otras cortes.
Selene se mantiene más o menos estable. Han reforzado las fronteras de la Corte de las Olas, pero por lo demás no han hecho grandes movimientos.
Finnian ha mandado varias tropas de apoyo a la frontera con la Corte del Bosque.
Umbra tiene brigadas repartidas por la Corte de las Llamas y la de las Tormentas.
Ha mandado varios equipos reducidos a nuestras fronteras, pero han sido neutralizados.
Aiden no ha hecho nada. Todavía . —Conforme hablaba, Nox iba señalando las marcas del mapa para que Elara pudiera situar las cosas a las que se refería—.
Callum y yo llevamos dos semanas intentando aplacar a las distintas delegaciones y representantes de las cortes.
Nadie quiere una guerra, pero Umbra y Finnian no lo están poniendo fácil y sospechan que te estamos protegiendo.
Las tensiones están por las nubes. Esto es un polvorín a punto de explotar y los ataques de las criaturas solo están poniendo más nervioso a todo el mundo.
Mi hermana me lanzó una mirada compungida.
Sabía que yo quería proteger a Elara de toda la tensión política hasta que se viera con fuerzas de tomar una decisión.
Pero tenía razón. No era mi responsabilidad decidir para qué estaba preparada.
Elara debía ser consciente de las amenazas.
Los Guardianes, al menos varios de ellos, estaban dispuestos a declarar la guerra, si no podían contenerla.