Capítulo VIII. Callum #2
—¿Y qué pasa si solo consigo empujarla más lejos?
Siento que cada paso que doy solo hace que se me escape más y más de entre los dedos —me atreví a preguntar, porque entre Lía y yo no había secretos, tampoco juicios.
El destino había sido inmensamente generoso al dejar que Lía y yo camináramos juntos esta vida.
Mi hermana me apretó los hombros con cariño y me contestó con una sonrisa sincera.
—No necesita que la retengan, ni que la contengan. Necesita encontrar su camino, y tú eres la única persona que puede ayudarla. ¡Así que mueve el culo! Os espero a los dos en cinco minutos.
Lía se inclinó para posar un beso en mi mejilla, seguido de sus dedos revolviendo mi pelo de esa manera que sabía que yo tanto detestaba. Después, desapareció en un Salto Irisado, la única magia que se permitía usar.
Suspiré, porque, en el fondo, sabía que mi hermana tenía razón. Elara necesitaba volver a la realidad, salir de su propia burbuja. Y, si yo era experto en algo, era en provocar tinieblas.
Con una sonrisa hecha solo para ella, llamé a las sombras y me materialicé a su lado sin darle tiempo a sentir mi presencia. Ella apenas se sobresaltó. Se limitó a girar la cabeza con los ojos entornados.
—Buenos días, Tiniebla —dije, esperando que mi tono hubiera salido tan desenfadado como pretendía.
—Guardián —murmuró ella, volviendo la vista al frente.
—¿Me estás ignorando? —pregunté directamente en su cabeza.
—No demasiado bien, si todavía estás aquí —respondió ella.
No me molesté en esconder la sonrisa que sus palabras me provocaron.
Caminé hasta situarme frente a ella e hice que mis sombras giraran su cabeza para que me mirara.
Sus ojos me lanzaron dagas invisibles, pero sentí que su corazón se aceleraba, como cada vez que nuestras magias se encontraban o nuestros cuerpos entraban en contacto.
—Levanta, tenemos trabajo que hacer. —Le tendí una mano para que se levantara, aunque sabía que la rechazaría.
—¿Tenemos?
—Eso he dicho.
Elara se levantó ignorando mi mano. Sus figuritas, lejos de desvanecerse, comenzaron a volar con más velocidad a nuestro alrededor. Sentí que su enfado iba en aumento y di las gracias por ver que todavía era capaz de sentir algo. Aunque ese algo fuera rabia.
Y aunque esa rabia fuera dirigida hacia mí.
—¿A ti qué demonios te pasa? ¿Llevas dos semanas ignorándome y ahora de repente tenemos trabajo que hacer?
Me obligué a mirarla a los ojos y a dar un paso al frente.
Mi parte animal rugió encantada al ver cómo se le entrecortaba la respiración con nuestra cercanía. Elara cruzó los brazos sobre su pecho de manera protectora, pero no cedió terreno.
— Buena chica —susurré en su mente.
Solo porque podía y porque sabía que la cabrearía. Si antes me había lanzado dagas mentales, en ese momento sus ojos parecían cañones. Lamentablemente, eso solo hizo que mi sonrisa se ensanchara.
Juega conmigo, Tiniebla. Despierta.
Elara comenzó a respirar con dificultad y yo decidí presionar un poco más.
Total, ya sabía que el infierno me esperaba.
Me percaté de que apretaba los puños con fuerza luchando por contener su poder.
La bestia posesiva dentro de mí se volvió loca al ver mis sombras danzando sobre su brazo izquierdo.
Tuve que inspirar con fuerza para evitar descontrolarme.
—Llevo dos semanas dándote espacio. Dos semanas esperando que acudas a mí cuando estés lista, pero me he cansado de esperar.
—Me importa una mierda que te hayas cansado —siseó.
No estaba dispuesto a perder la batalla y, a estas alturas, mi cuerpo actuaba por cuenta propia. Acorté los pocos centímetros que nos separaban y agarré su mentón. Nuestra piel entró en contacto y me sacudió una descarga eléctrica que hizo que yo tampoco pudiera respirar con normalidad.
Ella inspiró con fuerza e intentó liberarse de mi agarre. No la dejé marchar. Apreté con más fuerza, pero sin llegar a hacerle daño. Eso jamás.
—Pues a mí sí que me importa una mierda ver cómo dejas que la vida te pase por encima.
Sí que me importa una mierda despertarme todas las noches con tus pesadillas.
Y desde luego sí que me importa una mierda ver cómo te has rendido.
—Cada una de mis palabras impactó contra su precioso rostro conforme sus ojos se volvían vidriosos.
Fui testigo de cómo luchaba por contener las lágrimas y me sentí una mierda por ser quien las provocara. Pero Lía tenía razón. No volvería a ignorar mi instinto y en ese momento mi poder, mi cuerpo y mi corazón pedían a gritos que la presionara un poco más.
—Puedes dejar de preocuparte por mí. Yo no te lo he pedido y puedo cuidarme solita —murmuró, cerrando los ojos mientras una lágrima solitaria bajaba por su rostro dibujando el contorno de su comisura.
Supe en ese instante que Elara sentiría esa lágrima como una derrota, pero no podía estar más equivocada. Esa lágrima era la prueba de que seguía con vida. De que todavía podía sentir.
Me permití caer en la tentación y atrapé la lágrima con mi dedo pulgar libre rozando sus labios.
Elara abrió los ojos ante mi caricia. No aparté la mirada, ni tampoco el agarre en su barbilla.
Llevé mi dedo hasta mis labios y dejé que mi lengua recogiera su pena.
Tuve que suprimir un gemido cuando su sabor impactó en mi boca.
No estoy seguro de que lo consiguiera.
Sus ojos se abrieron como platos y yo fui incapaz de seguir conteniéndome.
—Siento comunicarte que no me voy a ninguna parte.
Te lo dije en el bosque y te lo repito ahora.
Quieres gritar. Grita. Quieres quemar el mundo.
Dilo y yo mismo te daré la cerilla. No huyas del dolor.
Cuando sea demasiado, dámelo, y yo lo haré mío.
Pero esta actitud se termina hoy. Juraste que rugirías con la sangre de tus enemigos, no que te ahogarías en ella. Demuéstrame que esa Elara sigue aquí.
Me agaché para recoger sus botas y volví a tenderle la mano que escasos segundos atrás agarraba su mentón. Elara me miró cabreada.
—Vamos, los demás nos esperan.
—¿Y por qué iba a ir contigo a ningún sitio, Callum?
Cada vez que mi nombre abandonaba sus labios, yo sentía que iba a estallar. La manera en la que lo decía parecía estar creada para hacerme enloquecer. Y sospechaba que ella sabía exactamente lo que hacía al pronunciarlo.
—Porque en el fondo tú y yo queremos respuestas. Vienen a por ti, Tiniebla. ¿Qué vas a hacer al respecto?
—¿Qué quieres de mí? —preguntó derrotada a la vez que daba un paso en mi dirección.
Tomé aquello como la señal para dejar que una verdad, o al menos parte de ella, escapara de entre mis labios.
—Quiero todo lo que estés dispuesta a darme, pero hoy me conformo con que vengas conmigo a la reunión y luches un día más.
Elara asintió una sola vez y aceptó mi mano. Rodeé sus dedos con los míos y tiré de ella hasta pegarla contra mi pecho y rodearle la cintura con un brazo. Decidí que aquello era suficiente y que no estaba todo perdido. Dejé que las sombras nos llevarán de vuelta al palacio.
Su cabreo sabía a esperanza; sus lágrimas, a futuro.