Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo VII. Elara #3
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Capítulo VII. Elara #3

Miré a Lía confusa, sin tener ni la menor idea de a qué se refería. Pero antes de que pudiera preguntar, las manos de Lark me acariciaron el mentón y sentí como sus ojos reparaban por primera vez en mi aspecto.

—¿Qué ha pasado? —exigió saber mientras sus manos apartaban un mechón rebelde de mi rostro y lo depositaban tras mi oreja.

—Sith —anunció Levi con un suspiro mientras avanzaba completamente en cueros hasta situarse a mi lado—. Una puñetera jauría de Sith rabiosos y con una extraña obsesión por merendarse a Elara.

Lark arrugó la cara. La madre de Callum se quitó la capa que vestía y la depositó con cuidado alrededor de mis hombros. Yo fui incapaz de hablar, incapaz de dejar de temblar.

—No te preocupes. Haremos que entres en calor enseguida —murmuró mientras frotaba mis hombros con cariño.

—Yo no tengo este recibimiento cada vez que vuelvo. ¿Debería sentirme ofendido? —pregunto Levi haciendo un mohín que resultó del todo absurdo estando en pelota picada delante de todo el mundo.

—¡Levi, cierra el pico! —gritaron Lía y Nox a la vez.

—Oye, estáis cogiendo una costumbre que no me gusta nada. ¿Qué va a pensar Elara de mí? Vais a echar por tierra mi reputación.

Nox negó poniendo los ojos en blanco y envolvió a Levi en una capa gruesa de terciopelo oscuro. Levi se dejó tapar encantado, batiendo los ojos como loco. Vi que se ponía de puntillas y susurraba al oído de Nox.

—¿Me has echado de menos?

—Todavía estoy enfadado contigo —gruñó Nox. Sin embargo, no se alejó. Se aseguró de cerrar bien la capa de Levi mientras negaba con la cabeza.

—Eso no es un no —ronroneó Levi, y depositó un beso detrás de la oreja del general—. Además, ver a Nox cabreado es una de mis visiones favoritas.

—Levi, no es el momento —se quejó Lía.

—Yo también te he echado de menos, Lía —dijo Levi, lanzándose a atraparla en un abrazo.

Ella chilló, pero se dejó abrazar mientras Nox negaba divertido con la cabeza. Todo era demasiado. Sentí que me había infiltrado en un momento íntimo al que no pertenecía.

—Elara —llamó Callum, haciéndome volver a la realidad—. Mi madre te enseñará tu habitación y se asegurará de que te curen las heridas. Después podrás descansar todo el tiempo que necesites. Eres libre de explorar cualquier parte de la casa o los exteriores. Ven a buscarme cuando estés lista.

—No necesito un sanador. Estoy bien.

—¿No me vas a poner las cosas fáciles, verdad?

Con cuidado, desenvainé las dagas que me había regalado para devolvérselas.

Estaba claro que no dejaría que fuera armada en su casa y prefería no tener que esperar a que las pidiera de vuelta o a que uno de sus soldados me registrara.

Él negó con la cabeza sin aceptarlas. Sus sombras las devolvieron a mis cintos.

—Quédatelas.

—¿No te preocupa lo que pueda hacer con ellas?

—Sé exactamente lo que puedes hacer con ellas. Por eso te las di.

—Sabes que no es eso a lo que me refiero.

—No eres mi prisionera. Sé que no atacaras a nadie que no te dé motivos y también sé que aquí estarás segura —respondió.

—No puedes asegurarlo. Nadie puede. Está claro que los Guardianes me consideran una amenaza. Hasta las criaturas lo hacen. Todos los Guardianes quieren algo de mí. ¿Quién me dice que los habitantes de tu corte actuarán de manera diferente? No estoy segura en ningún sitio.

Callum tomó mi mano izquierda y entrelazó sus dedos con los míos.

Un conjunto de volutas negras envolvió su mano.

Sin respirar, observé cómo sus sombras cruzaban hasta mis dedos.

Un tentáculo de bruma estrellada se arremolinó alrededor de mi brazo derecho.

Una sombra viva y brillante, similar a las que me habían acompañado dentro del espejo en la tercera prueba.

—Callum —susurró su madre con los ojos como platos mientras todos los demás enmudecían, perplejos.

Callum no se inmutó ante las reacciones de su familia.

—¿Qué demonios es esto? —exigí entre dientes.

Mis dedos recorrieron el perfil de las brumas que se enroscaban sobre mi piel, la figura se movía al compás de mis respiraciones, cambiando constantemente de forma.

—Protección.

—¿Te importaría ser más específico?

—Mientras lleves esta sombra en tu piel, nadie te hará daño en mi corte. Te marcan como mi posesión, por lo que te otorgarán protección en todos mis territorios —dijo él, ignorando las miradas atónitas de los demás.

—¿Tu posesión?

—Estás aquí porque no tenías más alternativas.

No voy a fingir que creo que confías en mí, ambos sabemos que no es cierto.

Ahora mismo soy el menor de tus males. ¿Cómo era el dicho?

Mejor malo conocido que bueno por conocer.

No te fías de mi palabra, lo respeto. Esta es la solución —dijo señalando al tatuaje de sombras—.

Mientras mi gente piense que eres mía, estarás a salvo.

—No soy de nadie y mucho menos tuya. Yo soy la única a cargo de mi destino.

—Lo creeré, cuando tú te lo creas, Tiniebla. Hasta entonces, estas son tus opciones. Enfréntate a Lyssandria y a sus Guardianes sola o acepta mi ayuda para recuperarte y decidir cuál es tu siguiente paso bajo la seguridad de mi protección.

—¿Por qué?

—Como tú has dicho, todos los Guardianes queremos algo.