Capítulo VII. Elara #2
—Estas montañas son especiales, Elara. Solo aquellos que pertenecen a la Corte de las Sombras saben de su existencia.
No es el único lugar que la magia de la corte protege.
Pronto descubrirás que nuestra corte es muy celosa de sus tesoros y no nos permite hablar de ellos con nadie a no ser que sean súbditos de esta corte.
Las sombras esconden estrellas, pero solo para aquellos que consiguen aceptar su oscuridad.
—Levi mencionó a Galamh antes sin ningún problema en mi presencia.
—Como te dije, esta es tu corte por derecho propio. Ya oíste a los demás en el Cónclave.
—¿Cómo es eso posible?
—Entiendo que tienes miles de preguntas y yo quiero darte todas las respuestas que conozco. O, en su defecto, ayudarte a encontrar aquellas que no. Pero, por ahora, creo que necesitas descansar. Descansar de verdad. Tómate la noche, una semana, lo que necesites para poner en orden tus ideas.
—¿Qué sacas tú de todo esto?
Levi aterrizó en el suelo con suavidad.
— Estás a salvo con todas las personas que esperan allí abajo. Es mi familia, Elara, tienes mi palabra de que no te harán daño — dijo sin responder a mi pregunta.
Emití un bufido. A esas alturas, ¿qué significaba la palabra de un Guardián? Sin embargo, asentí una sola vez y me mordí la lengua. Las sombras de Callum me depositaron con extremo cuidado en el suelo. Sentí su presencia inmediatamente después a mi lado. El eco de una de sus manos rozó mi espalda.
El patio estaba rodeado de árboles de largas ramas colgantes similares a un sauce, pero con unas hojas de distintas tonalidades violetas. Decenas de las luciérnagas que había visto apenas minutos antes revoloteaban entre sus hojas creando ráfagas de luz morada que se fundían con la noche.
El edificio se asemejaba más a un enorme caserón antiguo lleno de vida y recuerdos que a un castillo.
La casa tenía dos alas bien diferenciadas y tres niveles distintos.
Grandes ventanales dejaban intuir un interior acogedor e iluminado por velas y chimeneas.
Pese a la altura, me sorprendió lo agradable que era la temperatura.
En la base de las escaleras que daban paso a la puerta principal aguardaban tres figuras.
Reconocí a Nox de inmediato, aunque él no me estaba mirando a mí.
Tenía la vista fija en algún punto detrás de mis hombros.
No me hizo falta girarme para saber que no apartaba los ojos de Levi conforme este se transformaba de vuelta a su forma Fae.
A su lado, dos mujeres de facciones similares lo observaban todo con ojos abiertos. Unos ojos iguales y de un azul tan oscuro que me transportó de inmediato a las tardes de mar en calma del Archipiélago.
Una de ellas tenía los rasgos más marcados y su melena negra estaba salpicada de algún mechón con reflejos plateados.
Su miraba era amable, pero estaba llena de ansiedad cada vez que se posaba sobre Callum.
Aunque estaba segura de que tendría cientos de años, su apariencia apenas mostraba tener cuarenta años mortales.
Era la primera vez que veía a aquella mujer, pero la habría reconocido en cualquier parte.
La madre de Callum sonrió clavando sus ojos en mí durante unos segundos, antes de susurrar algo en dirección a la otra Alta Fae que la acompañaba.
Esta poseía unos rasgos más delicados, pero igualmente hermosos, que se contrajeron en una sonrisa adornada por un hueco adorable entre sus palas.
Compartía la misma mirada sincera y profunda que su madre y su hermano, aunque envuelta en un aire rebelde repleto de picardía.
La joven echó a correr escaleras abajo, con una mata de pelo negro oscuro y rizado rebotando tras ella. Impactó en un abrazo sonoro contra el cuerpo de Callum.
—Por fin estás en casa, hermano —oí que susurraba contra su cuello.
Él la estrechó durante unos segundos mientras su madre bajaba las escaleras cogida del brazo de Nox con los ojos llenos de lágrimas contenidas.
Callum soltó a su hermana con una delicadeza que ella no correspondió.
En cuanto se separaron, le propinó un sonoro puñetazo en el brazo, que acompañó de un dedo acusador apuntando a su nariz.
—¡Y esto por no haberme dejado atar a Levi a la cama! ¡Te dije que iría a por vosotros en cuanto se despertara!
Observé con los ojos como platos a la espera de que la oscuridad de Callum lo invadiera todo. Pero la reacción nunca llegó. Él se limitó a revolver el pelo a su hermana mientras ella luchaba por quitárselo de encima fingiendo indignación. Cuando por fin consiguió liberarse, la Alta Fae me encaró.
—Tú debes de ser Elara. Es un placer conocerte por fin —me dijo con una sonrisa divertida—. Yo soy Lía, mi hermano no para de hablar de ti.
A nuestro lado, Callum emitió un improperio susurrado.
No tuve tiempo de presentarme o de preguntarle a qué se refería.
Lía me envolvió en un abrazo fuerte, y yo, atónita, me limité a darle un par de palmaditas torpes en la espalda sin saber qué otra cosa hacer.
Ella no parecía ofendida, se limitó a estrecharme una última vez antes de separarse con suavidad.
Nox y la madre de Callum llegaron hasta donde nos encontrábamos.
En los ojos de la Alta Fae vi un mar de estrellas saladas y cientos de frases sin pronunciar.
El cariño que desprendían era tal que tuve que dejar de observarla.
La certeza de saber que ese tipo de amor existía y que yo jamás lo experimentaría me hizo sentir tremendamente sola.
Hice ademán de hacerme a un lado para que Callum pudiera saludar a su madre, pero él no me dejó marchar. Como si supiera que, a pesar de todo, su mano en mi espalda y su presencia en mi cabeza eran las únicas cosas manteniéndome en pie en aquellos momentos.
—Hijo. —Él depositó un suave beso en la mejilla de su madre sin cortar la conexión que nos unía.
Su madre acarició su mejilla con devoción. Después clavó sus ojos azules en mí, con una sonrisa radiante.
—Elara, esta es Lark, mi madre.
—Bienvenida, Elara —respondió ella con verdadero cariño—. Estamos encantados de conocerte. Por favor, siéntete como en casa.
—Mi hermana ya se ha presentado —continuó Callum—. Como verás, los buenos modales me los quedé todos yo. Tendrás que perdonar sus excentricidades.
Lía puso los ojos en blanco, pero una sonrisa divertida apareció en su rostro.
—Estamos encantados de que estés aquí, Elara. Y, como sospechábamos, Galamh también parece satisfecha. Así que se podría decir que, pese a todo, mi plan ha funcionado a la perfección.