Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo VI. Elara #2
13%

Capítulo VI. Elara #2

Aunque el nudo de mi garganta continuaba apretando con fuerza, sentí que mi oscuridad por fin respiraba con normalidad. Había algo en el ambiente, algo ligero y dulce, una brizna de magia que calmaba mi centro como un bálsamo inesperado.

—¿Estamos ya en la Corte de las Sombras?

—Acabamos de cruzar la frontera. El bosque se extiende bastantes kilómetros. Estas son tierras vacías, en su mayoría. Hace demasiado frío comparado con el resto de las zonas de la corte, pero es una excelente barrera natural —explicó Levi.

Recorrí la membrana de árboles que configuraba el bosque. Un conjunto de hayas gigantescas de troncos de corteza negra y hojas de un verde tan oscuro que parecía desaparecer. El bosque estaba en calma.

Demasiado.

—¿Y los espíritus?

—Los espíritus habitan entre las sombras en esta corte. No dejan notar su presencia con tanta facilidad —susurró Callum, mirando con recelo hacia los árboles.

Entre los dos dejamos que Levi se recostara contra uno de los enormes troncos. Las sombras de Callum se dispersaron y formaron una membrana transparente de protección en aquel pequeño espacio.

—He visto un arroyo aquí cerca. Levi, quiero que descanses y no protestes. Nosotros volveremos enseguida.

—Algo podré hacer —refunfuñó el aludido. Aunque los ojos ya habían comenzado a cerrársele.

—Échate una siesta y no te metas en líos. De lo demás me ocupo yo. Retomaremos el viaje en un par de horas. ¿Vienes, Tiniebla? Estamos cubiertos de escombros.

Me giré para mirar a Levi, no del todo cómoda con dejarlo solo y dormido en mitad de un bosque sin espíritus. Mi amigo levantó un pulgar hacia arriba de entre las dobleces de la chaqueta mientras bostezaba con ganas y con los ojos todavía cerrados.

Apresuré el paso hasta situarme junto al Guardián. Al menos todavía llevaba conmigo las dagas que me había prestado.

—¿Vamos a dejar que se quede solo? No le hemos hecho ni siquiera un fuego.

—Nada de fuegos en la frontera. No queremos que la criatura equivocada se fije en nosotros. Y por Levi no te preocupes, el río está cerca y mis sombras se ocuparán de que no le pase nada.

Caminamos en silencio durante unos minutos hasta que un pequeño riachuelo se cruzó en nuestro camino. El caudal era tranquilo, y el río, estrecho. No había suficiente profundidad para bañarse, aunque el ambiente helado del bosque tampoco invitaba a ello.

Callum sacó una pequeña daga del interior de una de sus botas y, por un segundo, mi instinto fue salir corriendo. ¿Para eso había sido todo? ¿Para matarme en mitad de un bosque perdido de la mano de los dioses y los espíritus?

Él levantó una ceja, sorprendido, al ver el pánico en mis ojos. Vi como tragaba saliva mientras daba un paso hacia atrás para darme espacio. Levantó la daga muy despacio hasta dirigirla hacia su propio antebrazo, donde la usó para cortar un pedazo de tela de su manga.

—¿Por qué no hacemos el Salto Irisado ahora? Estoy mucho más estable —pregunté para aliviar mi metedura de pata.

Callum guardó la daga y avanzó hacia el río con el pedazo de tela en su mano. Me dio la espalda para ponerse de cuclillas y empapar el paño improvisado en agua mientras respondía a mi pregunta.

—Aunque ese fuera el caso, que no lo es, la primera vez que alguien pisa Galamh no puede ser con un Salto Irisado.

Las protecciones del palacio no lo permiten.

Aunque hubieras podido saltar, lo habríamos hecho hasta una zona cercana y después Levi tendría que habernos llevado volando el último tramo.

Digamos que Galamh decide quién es digno de usar ese tipo de magia entre fronteras.

Ni siquiera un Guardián puede alterar su voluntad.

Créeme, muchos lo han intentado y han fallado.

—¿Y si yo no soy digna?

—Eres digna.

Callum avanzó hasta situarse a unos pocos centímetros de donde yo me encontraba.

—¿Puedo? —dijo mientras levantaba el paño en mi dirección.

Algo en mí se partió en mil trocitos atormentados ante su petición. No estaba segura de poder confiar en él. Nada me aseguraba que, como los otros Guardianes, Callum no estuviera ayudándome para cumplir con sus propios planes. Aun así, mi cuerpo tomó las riendas, asintiendo una sola vez.

—Cierra los ojos —susurró.

Sentí que deshacía la distancia que nos separaban.

Al notar el contacto del paño húmedo contra mi frente no fui capaz de evitar dar un respingo acompañado de un gemido de sorpresa.

Callum paró sus movimientos durante unos segundos.

Sentí como cogía aire con fuerza antes de soltarlo en una exhalación larga.

Volvió a su tarea de quitar la ceniza y los escombros de mi piel.

Limpió con delicadeza cada parte expuesta.

Mi cara, mi cuello, mis dedos. Con cada pasada del trapo nuestra piel entraba en contacto.

Me puse a temblar.

— El agua está fría. Es por el frío... —me repetí una y otra vez tras asegurarme de que mis escudos seguían intactos.

—¿No se supone que tener más poder me permitiría saltar con más seguridad? —pregunté con los ojos cerrados mientras él continuaba limpiándome.

Su aroma sabía a noche abierta y recuerdos de pergamino y lo envolvía todo.

—Cuando el poder está descontrolado puede ser igual de peligroso que la falta de este. Creo que, si aprendes a controlarlo y canalizarlo, tú misma podrías saltar.

—La mayoría de los Hadaës no pueden hacer Saltos Irisados —dije como un reflejo.

—Creo que ha quedado bastante claro que tú no eres Hadaës.

Apartó los mechones de mi melena, situando todo mi pelo sobre un hombro. Acto seguido, pasó el paño por mi nuca provocándome un escalofrío.

—Tu trato con la Dama se aseguró de ello. —repliqué.

—Mi trato con la Dama no tuvo nada que ver con eso. Si mis suposiciones son ciertas, tú nunca has sido una Hadaës de la Corte de las Tormentas.

—¿Piensa compartir sus suposiciones, Guardián?

Abrí los ojos, pese a que él me había pedido que los mantuviera cerrados. Los movimientos de Callum quedaron suspendidos en el aire, pero no apartó sus manos de mi piel.

Levanté la barbilla.

Busqué, en vano, esa chispa inconsciente que me pedía que pusiera a prueba al Guardián. Que me suplicaba a gritos sacarle alguna reacción. Pero la chispa se había consumido y tan solo fui capaz de seguir adelante por pura cabezonería.

Al fin y al cabo, ¿qué sentido tenía? La cura de Orla era lo único que me hacía seguir. ¿Después de eso? Después de eso no había nada.

—Sí, pero no aquí. No mientras todavía desconfías de mí. No mientras todavía no sabes si quieres seguir adelante. Si quieres vivir un día más.

—Prometiste que no te meterías en mi cabeza.

—No me hace falta estar en tu cabeza para ver cómo te sientes. Solo necesito mirarme en un espejo.

Los ojos de Callum eran todo negro, dolor y odio. Un odio tan profundo, tan antiguo que me dejó sin palabras. Todo él cambió. La máscara del Oscuro cubrió su rostro. Sentí como todo su cuerpo se tensaba.

—Iré a ver cómo está Levi para que puedas estar unos minutos sola. No te alejes demasiado.

Se apartó de mí con rapidez y caminó con paso seguro hacia el lugar donde sus sombras cuidaban de Levi. Sentí como dejaba otro reguero de sombras brillantes conmigo para protegerme.