Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo VI. Elara
12%

Capítulo VI. Elara

CAPÍTULO VI

Elara

Escogió ver la belleza en sus claroscuros. Escogió agarrar su dolor y hacerlo suyo. Escogió rugir con ella a la Verdeluna.

Intenté que parara.

Siempre lo intentaba.

Y siempre fracasaba.

Las voces, o lo que quedaba de ellas, continuaban llorando. Con cada segundo se tornaban más agonizantes. Más desesperadas. Lo poco que quedaba del orfanato ardía, humeante, oscuro y muerto a mis pies. Sobre mi cabeza y entre mi cuerpo.

La oscuridad no dejaba que nadie se acercara, envolviéndome en una crisálida de noche sin fin. El final del ocaso estaba cerca. Los primeros destellos de la Verdeluna se filtraban entre mis dedos mientras estos cubrían mi cara enterrada entre mis rodillas y mis brazos delgaduchos.

La sangre empapaba el suelo, pero no era mía. Se hundía en los harapos que cubrían mi cuerpo, pegándose a mi piel. Dispuesta a no abandonarme. Obcecada con que no me olvidara de lo que había hecho.

—Ha sido la cría. Esa niñata es la responsable —susurró una voz que se acercaba con cada paso y a la que había aprendido a temer.

—¡No digas estupideces! Una Hadaës no podría hacer esto y menos una mocosa que apenas sabe caminar. Tienes una fijación enfermiza con ella.

—Ya sabes cómo me gustan. Si puedo romperlas, mejor todavía.

—Por la Dama, no digas barbaridades.

Temblaba tanto que temí que aquellas voces crueles pudieran encontrarme entre las sombras y los escombros solo por el ruido de mis dientes castañeando entre sollozos entrecortados.

—Te digo que ha sido la puñetera cría de la cicatriz en la garganta. ¿Dónde demonios se han metido? Estaba aquí antes de que el edificio se derrumbara. Yo mismo la arrastré de los pelos hace una hora para que Rolo la castigara por no traer ni una mísera moneda después de estar todo el día pidiendo.

—Si estaba dentro del edificio, está tan muerta como el resto —afirmó la segunda voz.

Lo cierto es que me sentía muerta. Vacía y cansada.

La oscuridad me pellizcó, provocándome, para que siguiera despierta. Intenté ignorarla, intenté dormir con la esperanza de que los gritos terminaran. Recé para que los dioses olvidados me regalaran unos minutos de descanso, pero por algo la gente decía que los dioses antiguos se habían marchado.

Dioses olvidados o dioses ignorantes. Tal vez eran lo mismo. Ninguno de ellos escuchó mis suplicas. Al cerrar los ojos, los gritos me acompañaron.

—Tiniebla, despierta. —Unos brazos me agitaron con delicadeza mientras los últimos coletazos de la pesadilla se aferraban a mi mente con fuerza en un intento de mantenerme atrapada un poco más.

— Es solo una pesadilla. Estás a salvo —insistió aquella voz, esta vez en mi cabeza.

Abrí los ojos desorientada.

Un cielo azul marino cubierto de estrellas me dio la bienvenida.

A pesar de la velocidad con la que surcábamos el cielo, el viento apenas acariciaba mi cuerpo.

Un escudo de sombras bailaba alrededor del enorme cuerpo de Levi.

Se amoldaba a cada uno de sus movimientos como si de una segunda piel se tratara.

El plumaje escamado de la forma dracana de Levi brillaba con intensidad entre las sombras.

Los tatuajes que adornaban su piel en su forma humana se habían transformado en patrones de tonos blancos y grises sobre su cuerpo de un azul tan profundo como el cielo nocturno.

Podía sentir el poder de aquella criatura legendaria vibrando en cada batida de sus alas y en el modo en el que su cola serpenteaba virando nuestro rumbo.

Su cuerpo era suave en el lugar en el que Callum y yo nos encontrábamos, pero las plumas se tornaban letales, duras como escamas, en el resto de su superficie.

Cuatro cuernos verdes y descomunales sobresalían de su cabeza.

Estaban adornados con espinas plateadas y grandes anillos dorados cuajados de gemas.

El Dracano giró la cabeza como si se hubiera percatado de que me había despertado. Dos ojos color aguamarina me miraron con intensidad. En algún lugar entre la pesadilla y el despertar me pareció que Levi me guiñaba un ojo gigante antes de ajustar el rumbo.

Intenté incorporarme, pero estuve a punto de perder el equilibrio. Los brazos de Callum se tensaron ligeramente para evitar que me precipitara al vacío. Con cuidado me ayudó a deshacerme de su agarre mientras me sentaba a horcajadas sobre los lomos de Levi, como si estuviera montando un caballo.

Un caballo imposiblemente grande y que escupía llamas de sombras.

¿En qué se había convertido mi vida? Primero el Kelpie y ahora un Dracano.

Había pasado de no saber montar a caballo a viajar a lomos de dos criaturas tan legendarias como peligrosas.

En otro momento de mi vida ese pensamiento me habría hecho reír, pero esa parte de mí se sentía tan olvidada que no parecía mía.

Callum me agarró de las caderas y tiró de mí con suavidad hasta que mi espalda conectó con su pecho. Me rodeó con sus brazos volviendo a agarrar las plumas de Levi a modo de estribo y se inclinó para susurrar en mi oído.

—Levi va a comenzar el descenso. No queda mucho viaje, pero necesita un pequeño descanso. —Sus labios rozaron mi oreja al hablar. Su aliento acarició mi piel y yo contuve un escalofrío.

Una presencia limpia y ligera apoyó una garra enorme contra mi escudo mental pidiendo entrar. Conocería esa esencia en cualquier parte.

— Me gustaría puntualizar que soy perfectamente capaz de seguir hasta Galamh sin ningún problema. —La voz de Levi sonaba más profunda, pero seguía siendo él.

Galamh , no reconocí aquel nombre. Aunque no era mucho lo que se sabía de la Corte de las Sombras, supuse que sería la capital. Las leyendas eran claras, todo el que entraba en la Corte de las Sombras lo hacía con la certeza de que no saldría con vida.

—Buen intento, hermano, pero no me lo creo. Puedo sentir tu poder flaqueando desde hace horas. Vamos a parar y vas a descansar un rato, si no quieres que Nox nos mate a los dos —respondió Callum.

La única respuesta de Levi fue un bufido sonoro acompañado de unas sombras humeantes que abandonaron sus fauces. Aun así, sentí como descendía entre las pocas nubes que nos acompañaban en dirección al suelo.

Bajo nuestros pies, se extendía una marabunta de bosque oscuro y picos helados, interrumpida por grandes lagos de agua casi transparente. Levi maniobró con delicadeza mientras nos dirigía hacia un pequeño claro envuelto en árboles tan grandes que hacían palidecer a los del Remolino.

—¿Dónde está Nox? —pregunté, permitiéndome girar la cabeza para mirar a Callum.

Él me observaba con intensidad, pero no apartó la mirada. Nunca la apartaba.

—Nox está en casa. Realizó un Salto Irisado desde el Palacio de la Dama para poder llegar antes y preparar tu llegada.

El suelo se aproximaba a una velocidad espeluznante, pero Callum no parecía preocupado por nuestro inminente impacto o por la posibilidad de quedar espachurrados contra el bosque. Solo tenía ojos para mí.

—¿Sabías que aceptaría tu oferta? —dije, forzándome a volver la vista al frente y agarrando las plumas de Levi con más fuerza.

—Tenía la esperanza de que lo hicieras —susurró de nuevo en mi oído.

Esta vez, cuando me estremecí, no tuvo nada que ver con nuestra velocidad. El Guardián se rio con sus labios todavía pegados a mi cuerpo. Sentí su risa profunda vibrando contra mi espalda.

Levi aterrizó con suavidad. Desde el suelo, el claro era mucho más extenso de lo que me había parecido en un primer momento. No fue hasta que me dispuse a bajar que me percaté de lo mucho que me dolía todo el cuerpo. Era como si un terremoto hubiera asolado hasta el último de mis músculos.

Mi incomodidad debió de ser más evidente de lo que me hubiera gustado porque las sombras de Callum me cogieron con cuidado, elevándome lejos del cuerpo de Levi y depositándome sana y salva sobre la hierba crecida del prado.

Callum bajó de un salto, con movimientos elegantes y calculados, asistido por sus sombras. El recuerdo de nuestro primer encuentro pasó fugazmente por mi cabeza. Él suspendido entre tentáculos de sombra y un Puka agonizante a su merced.

—Tu cuerpo está agotado por el uso sin control de tu nuevo poder. Es normal que te sientas cansada —explicó Callum mientras se situaba a mi lado.

Asentí sin saber muy bien qué decir a eso. La forma Dracana de Levi desapareció envuelta en una bruma espesa. Me percaté de que Callum se quitaba la chaqueta negra que vestía mientras miraba a Levi expectante.

—¿Por qué no hemos saltado nosotros también? —dije observando maravillada como Levi recuperaba su forma de Fae.

Callum no me respondió de inmediato. Una vez que Levi se hubo materializado delante de nosotros, le tendió la prenda para cubrir su cuerpo desnudo.

—Tu poder es demasiado inestable y la distancia es demasiado grande.

No queríamos arriesgarnos a que hicieras un Salto Irisado, podría ser peligroso.

Además, yo soy perfectamente capaz de llevarte de un sitio a otro —dijo mi amigo, aceptando la ayuda de su Guardián para resguardar su cuerpo del frío.

Cuando Callum estuvo convencido de que Levi no sufriría una hipotermia, le dio algo de espacio. Espacio que yo le negué de inmediato al abalanzarme sobre él para fundirme en un abrazo. Levi soltó un soplido de sorpresa, pero me estrechó con fuerza.

—Al final voy a pensar que te gusta verme desnudo.

—Cállate, Levi —dijimos Callum y yo al mismo tiempo.

Aun así, alargué el abrazo todo lo que pude. No había conseguido salvar a los demás, pero él estaba sano y salvo. Una parte de mí no se había permitido creérselo hasta ese momento.

—Estoy bien, Elara. Los dos estaremos bien —susurró antes de que yo me separara ligeramente.

Entre Callum y yo ayudamos a Levi, que estaba más débil de lo que había dejado ver, a llegar hasta el abrigo del bosque. Aun así, él charlaba animadamente apoyado en nuestros hombros mientras caminaba medio desnudo.