Capítulo III. Elara #3
—¿Qué demonios haces aquí, Levi? —siseó Nox a través de la extraña red de pensamientos que podía escuchar gracias a mi conexión con Callum.
— Estoy donde debo estar. Si os pensabais que iba a dejar a Elara sola contra esta jauría, es que no me conocéis.
—Levi, todavía te estás recuperando. No puedes correr riesgos.
La voz de Nox era suave. Genuinamente preocupada. Tan suave que al principio pensé que era otra persona la que había dicho esas palabras. Había tanta verdad y tanto cariño en ellas que me sentí como una intrusa en medio de su conversación.
Levi, sin embargo, estaba la mar de a gusto.
— Me encanta cuando te preocupas por mí, amor. Pero no es el momento. Luego en casa puedes ocuparte de lamerme las heridas. Se me ocurre que...
—Luego. Esto todavía no ha terminado —ordenó Callum.
Tanto Nox como Levi cesaron de inmediato su conversación mental. Frente a nosotros, Tej y uno de los consejeros de Aiden seguían discutiendo como si yo no estuviera delante.
—Siento interrumpir lo que sin duda sería una discusión apasionante, pero a diferencia de los demás, me gustaría regresar a mi corte en algún momento.
¿Elara es poderosa? Sí. ¿Volvió a la vida gracias al poder de la Dama?
Sí. Pero que tenga acceso a un poder que nosotros no tenemos no la convierte necesariamente en un peligro.
Al menos no más que cualquiera de los aquí presentes.
Como tampoco la convierte en una mascota que deba estar vigilada.
De hecho, yo diría que ahora mismo está mucho más estable que cualquiera de vosotros —intervino Callum con gesto aburrido.
—Es fácil de decir cuando eres tú quien sostiene su correa —gritó Finnian.
Algo afilado y punzante me atravesó el corazón.
A estas alturas era más que consciente de que Finnian había intentado manipularme desde el principio para salvar a su hermana. Podía entender su desesperación, pero, aun así, comprobar que para él no había sido más que una herramienta dolía demasiado.
A su lado, Cían torció la boca en una mueca incómoda mientras sus ojos me pedían perdón.
Un rugido animal abandonó los labios de Levi mientras unas sombras llenas de llamas azules emanaban del Campeón de las Sombras.
—Yo me andaría con cuidado. No me hago responsable de cómo reaccione un Dracano si sigues insultando lo que es suyo —susurró Callum.
Su voz era tan tranquila y profunda como siempre, pero sentí que su mano se ponía rígida sobre mi cuello. A través de nuestra conexión mental, pude notar como la misma furia que emanaba de Levi inundaba también su cabeza.
—Elara no es de tu bestia —presionó Finnian, quien al parecer tenía un deseo terrible por implosionar la situación o era incapaz de reconocer el peligro ante el que se encontraba—. Bestia cuya naturaleza, por cierto, has mantenido oculta todo este tiempo. ¡Qué coincidencia!
—Elara es de la Sombras. Por lo tanto, Elara es mía .
Su protección es mi responsabilidad. Por lo tanto, te guste o no, Elara está bajo la protección de Levi también.
Por no mencionar que me pareces el menos indicado para hablar de secretos.
En mi corte protegemos a los nuestros, Finnian.
Entiendo que sea un concepto difícil de comprender para alguien como tú.
Pero no me hago responsable de lo que ocurra si sigues diciendo sandeces.
—Callum se rio entre dientes antes de continuar—.
De hecho, lo retiro. Sigue hablando, tal vez disfrute con el resultado.
Me tambaleé ante las palabras del Guardián de las Sombras, negándome a asimilar la realidad que escondían.
—Tu lagartija necesita que le dé más el sol, querido —rio Umbra.
—Si eso ha sido un eufemismo entonces, muy a mi pesar, concuerdo con Umbra —dijo Levi entre arcadas fingidas.
Esa vez fue Nox quien rugió haciendo callar a todos.
—La lagartija tiene nombre, y yo, una espada demasiado limpia. Habla con respeto o una de mis dos frases anteriores dejará de ser cierta.
Umbra emitió un quejido indignado ante la amenaza de Nox.
—Si bien es cierto que la Hadaës parece estar bajo control, es difícil predecir el alcance de sus poderes —insistió Tej, ignorando todo lo demás.
—No es la primera vez que oímos rumores y leyendas de una criatura similar. Los dioses olvidados ya nos advirtieron sobre esto. Un poder tan inmenso sin controlar solo traerá desgracia. Sus profecías nunca mienten. Lo más prudente sería ejecutarla.
Tanto Levi como Nox gruñeron en dirección al Guardián de las Llamas. Las sombras de Callum comenzaron a bajar hacia sus brazos. Mi propio poder se activó ante las amenazas. Bajo la mesa, apreté los puños mientras intentaba no perder el control.
—No vamos a ejecutar a nadie por un puñado antiguas leyendas sin confirmar algo que ni siquiera entendemos, Aiden —dijo Selene con gesto severo.
—¿Cómo lo hiciste? Está claro que esto estaba planeado desde el principio —interrumpió Finnian.
Por primera vez desde mi llegada Finnian clavó sus ojos en mí. Su color ocre, sereno y familiar me miraba como si yo fuera la culpable de todo. Como si yo hubiera escogido aquella situación.
—Finnian, yo no... —mascullé dolida.
—Confié en ti, Elara. Orla confió en ti.
La mención de la princesa de las Tormentas rompió el poco control que tenía sobre mis emociones. Tristeza, enfado, dolor y resignación. Todo se mezcló en mi interior mientras la presión subía y subía, llevándome cada vez más cerca al punto de estallar.
—Finnian —imploró esta vez Cían con una mueca similar a la mía.
—Yo no he hecho nada —logré decir a pesar de lo seca que sentía la garganta—. Entiendo tan poco de esto como todos los aquí presentes. No sé qué hago con vida. Como tampoco comprendo qué es este poder. Solo sé que lo siento mío. Encontraremos la manera de ayudar a Orla. Lo prometo.
—Bonito discurso. ¿Lo ha escrito él? Está claro que estabais compinchados desde el inicio. Eres una actriz excelente, te concedo eso. ¿Te ayudó él con el hueso de Addanac también?
—No tienes ni idea de lo que estás hablando —siseó Callum.
—Lo cierto es que no. Aunque sé que no soy el único al que le gustaría saber en qué consiste tu trato con la Dama. —Finnian se levantó empujando la silla con tanta fuerza que cayó despedida hacia el suelo.
A su lado, Cían se incorporó, intentando hacer entrar en razón a su amigo.
—Por suerte no tengo obligación ni intención alguna de revelarlo. —Callum continuaba sentado en su silla con su mano tocando mi piel.
—¡Ella debía morir! —gritó Finnian, y golpeó la mesa con ambas manos, dejando que su poder alcanzara la bóveda de cristal.
Tuve que luchar por cada respiración. Un pitido sonaba en mis oídos y, poco a poco, las voces volvieron a mi cabeza.
Asesina.
Monstruo.
Aberración.
Un coro de voces me lanzaba insultos acusándome de la realidad que ninguna sonrisa fingida podría ocultar. Artio estaba muerto por mi culpa y ahora Orla también sufriría el mismo destino.
—El poder de la Dama me pertenece a mí y a mi corte. La muerte de mi hermana será vuestra culpa.
Mis manos comenzaron a temblar y solo podía sentir como todo a mi alrededor vibraba. Sentía cada respiración, cada brizna de magia, cada latido. Mi propio corazón rebotaba con fuerza contra mi pecho, hasta el punto de que estuve segura de que todos podían oírlo.
— Respira, Elara — dijo Nox en mi cabeza intentando calmarme—. No le des la satisfacción de que sus palabras te afecten. Respira y recupera tu centro.
—Vigila el tono, Finnian —advirtió Callum.
—¿O si no qué, Callum? ¿Por qué no le dices a todo el mundo el motivo real de que hicieras un trato con la Dama para salvar su vida? ¿No te apetecía perder a tu espía, no es así? Preferías poder jugar con ella un poco más.
La bruma negra del poder de las sombras estalló en la enorme sala, cubriéndolo todo con su oscuridad.
Vi como unos tentáculos negros rodeaban el cuello de Finnian elevándolo lejos del suelo.
El poder de las tormentas salió a su encuentro, ávido por una confrontación.
El resto de los Altos Fae y Guardianes se pusieron en pie.
Sobre nuestras cabezas una explosión de Verdeluna y plata iluminó la sala, mientras una voz armoniosa que acechaba todas mis pesadillas susurraba en nuestras cabezas.
—No derrames sangre esta noche, joven Guardián. Aún tenemos muchas cosas de las que hablar y un cadáver solo nos retrasaría.