Capítulo III. Elara #2
—El edificio sigue en pie y yo todavía no he explotado.
No sé qué más pruebas son necesarias para indicar que no soy un riesgo para nadie —dije mientras jugueteaba con el final de mi trenza como si la cosa no fuera conmigo—.
Además, el trato que me unía al torneo está disuelto.
Gané. Soy libre de hacer con mi tiempo y mi vida lo que me apetezca.
Miré a cada uno de los Guardianes a los ojos dejando que mi poder brillar a través de ellos antes de continuar.
—Tal vez sea la edad que os tiene despistados.
Soy consciente de que entre todos sumáis unos tres mil años y es lógico que el cerebro tenga sus lagunas.
Este Cónclave debería ser para darme las gracias por salvaros al romper la maldición y ponerle mi nombre a una maldita plaza o a un castillo.
No sé a quién se le ha ocurrido la feliz idea de que necesito supervisión, pero permitidme declinar amistosamente vuestro ofrecimiento y mandaros a todos a tomar por culo.
A mi espalda, Nox estalló en carcajadas mientras el resto de los Altos Fae me miraban como si me hubiera salido un tercer ojo en la frente.
A mi lado, Callum cruzó los brazos sobre su pecho jaspeado de armas y se reclinó con pereza sobre el asiento.
Una sonrisa torcida apareció en su boca.
Estaba claro que disfrutaba con el espectáculo.
—Ahí está mi Tiniebla.
—¡Cómo te atreves, escoria Hadaës! Dirigirte así a tus soberanos, debería darte vergüenza —escupió Tej.
—Insúltala otra vez. —Las palabras de Callum fueron apenas un susurro, pero había algo mortal detrás de cada una de las sílabas.
Aquel hombrecillo que acompañaba a Umbra dejó de hablar de inmediato mirando al Guardián de las Sombras con los ojos grandes como platos.
Callum se incorporó lentamente del respaldo. Alrededor de sus dedos bailaba el inicio de una galaxia llena de estrellas. Sin dejar de mirarme, posó una mano en mi cuello, acariciando con el dedo índice y pulgar mi cicatriz mientras su poder teñía mi piel.
Tragué saliva mientras intentaba mantener la calma. En mi pecho, mi oscuridad bailaba encantada pidiendo a gritos salir a encontrarse con su magia.
La retuve como pude.
—Al final yo tenía razón. Era la única explicación posible para que alguien como tú participara en el torneo. Me equivoqué de Guardián, eso sí —exclamó Nuada entre risas.
Me giré lentamente hacia ella, sin dejar que mi rostro reflejara ningún cambio de emoción. La miré de arriba abajo, como ella había hecho semanas atrás en nuestro primer encuentro.
—La última vez que nos vimos no respirabas. —Torcí la cabeza y me tomé unos segundos para inspeccionarla abiertamente—. Creo que estabas más guapa así.
Nuada entrecerró los ojos, pero la sonrisa no abandonó su rostro. Sentí que la mano de Callum me apretaba ligeramente, como para decirme que lo estaba haciendo bien.
Umbra se aclaró la garganta y habló con una voz dulce y pegajosa:
—Querido, no te preocupes, dejaremos de insultar a tu capricho. Lo que está claro es que necesita supervisión. Entiendo que quieras ser tú quien se encargue de ella, Callum, pero mi corte es la única con suficiente mano dura para controlar semejante...
Finnian golpeó la mesa con el puño antes de que Umbra terminara lo que sin duda iba a ser un insulto de lo más colorido.
—¡Por el amor de la Verdeluna! Está claro qué corte debería encargarse de la custodia de Elara. Su corte . La Corte de las Tormentas. No entiendo el motivo de que eso sea parte de esta discusión.
—Finnian, todos podemos notar su poder. Todos vimos lo que ocurrió al final de la tercera prueba. Está claro que no pertenece a las Tormentas —intervino Aiden con calma.
Algo en mi interior se preparó para romperse tras las palabras del Guardián de las Llamas. Sin embargo, no sentí nada y eso fue aún más frustrante.
—Nadie entiende qué vimos al final de la tercera prueba, Aiden —rebatió Selene.
—Eso fue su culpa —escupió Finnian, señalando con un dedo acusador a Callum—. ¿Qué más pruebas necesitáis? Su trato con la Dama tiene la culpa de todo.
Aquel Finnian, enfadado y fuera de sí, era una versión del Guardián que no fui capaz de reconocer. Una parte de mí quería conseguir que me mirara. Estaba segura de que, si hablábamos, yo podría calmarlo. Porque, detrás de toda esa frustración, podía ver que lo que hablaba era el miedo por Orla.
—Aunque así fuera, eso no explica el hecho de que el favor de la Dama fuera a parar con Callum y no contigo.
La maldición era clara: el poder de la Dama iría a parar a la corte del Campeón o la Campeona que consiguiera liberarlo.
No hay nada que Callum pueda modificar en la cabeza de alguien que haga que su magia cambie de corte.
Es poderoso, pero no es un dios —explicó Aiden.
—Me gustaría que quedara constancia de que sí me considero un dios —intervino Callum, con una sonrisa tan peligrosa como arrebatadora.
—Además —prosiguió Aiden, tras fulminarlo con la mirada—, su trato con la Dama fue después de todo eso. Por no hablar del hecho de que todos podemos sentir la oscuridad dentro de ella. Su magia pertenece a las Sombras, es obvio que algo lo ha estado bloqueando y se liberó al entregar el orbe.
Nadie osó rebatir la explicación de Aiden.
Intenté darle sentido a las palabras que habían abandonado la boca del Guardián.
Sentía los recuerdos de aquella noche como trozos fragmentados de una pesadilla que me acechaba y no lograba comprender.
Las heridas de Levi cubiertas por la magia de las Olas que yo misma había creado, aunque fuera imposible.
Ese halo de poder brillante posándose sobre Callum.
Todas aquellas imágenes se sucedían sin sentido y sin que yo lograra conectarlas.
—¿Me lo vas a explicar en algún momento? —pregunté, sabiendo que él lo escucharía.
—Sí, Tiniebla. Al menos las partes que conozco —juró él—. Pero primero tenemos que salir de esta.
—También siento la magia de las Tormentas en ella. ¿O acaso lo vais a negar? —rugió Finnian. Sus ojos seguían el camino de la mano de Callum mientras este dibujaba constelaciones sobre mi cuello.
—No, no podemos negarlo, Finnian. Al igual que no puedo negar que, si me concentro lo suficiente, siento una brizna de todas y cada una de las cortes en su interior.
La magia de las Olas está presente, como también lo están la de las Llamas y la del Bosque.
Todos pudimos sentirlo en el momento en el que acabó con la maldición.
Eso no cambia el hecho de que la oscuridad es lo que emana de su esencia.
—Selene me miró con los ojos entornados y, en ese momento, sentí que la Guardiana podía ver todas y cada una de mis acciones por lo que de verdad eran: mentiras.
Por mucho que quisiera aparentar normalidad, lo cierto es que había una profundidad nueva en mi poder.
Aunque, extrañamente, no se sentía nueva o ajena.
Era más bien como si, hasta ese momento, una venda hubiera estado cubriendo mis ojos.
La venda se había caído y el poder que me devolvía la mirada no tenía fin.
—Sea como fuere, está claro que la ganadora del torneo ya no es Hadaës. Probablemente nunca lo fue, lo que quiere decir que alguien se ha tomado muchas molestias en ocultar su naturaleza. La cuestión es ¿era ella consciente?
—Tampoco es Alta Fae, Aiden —aclaró Umbra—. Y, en todo caso, si ella lo sabía, eso solo refuerza la necesidad de tenerla controlada hasta que sepamos de qué es capaz y por qué ha ocultado su naturaleza.
—Yo no he ocultado nada —dije entre dientes.
Tej soltó un bufido repleto de odio.
—Está claro que su trato con la Dama ha creado una aberración. Una aberración peligrosa y singular que debe ser controlada.
Abrí la boca para dejarle muy claro a aquel hombre lo que pensaba de sus opiniones, cuando las puertas de la sala se abrieron de par en par. Unos pasos seguros rebotaron contra las paredes de plata.
—La aberración , como tú la llamas, no está sola, Tej. Por no hablar de que esa aberración es la que os ha salvado a todos. Así que piénsate mejor cómo te diriges a Elara antes de abrir la bocaza o lo que va a ser una aberración será tu cara después de que impacte con mi puño.
Levi irrumpió en el Cónclave como un ciclón, arrasando con todo y atrayendo hasta la última de las miradas.
Ver a mi amigo con vida, sano y fuerte, hizo que se me empañara la visión.
La última vez que nos habíamos visto Levi me había salvado la vida.
Su imagen inmóvil en un charco de su propia sangre no sería algo que olvidaría con facilidad.
—¡Oh, por la Verdeluna! Otro iluminado que se arrastra desde las sombras para honrarnos con su presencia —murmuró Nuada con exasperación.
— Detesto ese mote — suspiró Levi en mi cabeza —. Es muy poco original.
Pude sentir cómo Callum y Nox se tensaban junto a mí.
Aunque, para cualquier otra persona, ambos Altos Fae permanecieron con el gesto imperturbable y sereno.
Mi amigo acortó los pasos que nos separaban con una sonrisa burlona y las manos en los bolsillos.
Una vez que estuvo detrás de mi silla, se inclinó para darme un sonoro beso en la mejilla mientras me apretaba el hombro con cariño.
—¿Y lo bonita que quedaría una de tus dagas en la cara de este imbécil?
La voz de Levi sonó en mi mente a través del canal que mantenía abierto para Callum. No pude evitar sonreír. A pesar de todo lo que estaba ocurriendo, sabía que podía confiar en él.
—Me han aconsejado que mantenga un perfil discreto.
—Qué aburrimiento, la discreción está sobrevalorada — me dijo en un suspiro exagerado.
—Y, técnicamente, estas dagas son un préstamo.
Levi dejó escapar una risa incrédula.
—¿Desde cuándo eso ha frenado a la mejor ladrona del Archipiélago? — preguntó fingiendo indignación.
—¿Dónde te has dejado las alas?
—Sabía que te gustarían. —Sentí el guiño de su ojo aun estando de espaldas.
Fuera de nuestra pequeña burbuja el resto de los Altos Fae y Guardianes seguían discutiendo sobre mi supuesta nueva naturaleza.