Capítulo I. Elara #3
Quise decirle que mi poder no se sentía diferente.
Al despertar había pensado que sí, pero en realidad era el mismo.
Lo que era diferente era mi acceso a él y a la oscuridad.
Ambos se habían comportado siempre como elementos en guerra que había tenido que controlar y apaciguar.
Pero ahora... Ahora se sentían como dos partes de un mismo todo.
Dos partes que eran tan mías como el verde de mis ojos.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
—Diez días.
—¡Mierda!
—En efecto, mierda.
La crudeza de su asentimiento hizo que volviera a inspeccionar a Nox con más cuidado. ¿Dónde estaban Cían, Orla o incluso Finnian? ¿Por qué había un guerrero de la Corte de las Sombras velando mi cuerpo diez días después de la finalización del torneo?
Una memoria difusa me trajo consigo la imagen de una bola de luz surcando el cielo, las vibraciones de los gritos de Finnian y el recuerdo de mi desesperación al saber que había fallado.
Intenté recordar con detalle, pero la cabeza me daba vueltas y unas motitas negras empañaron mi vista. Cerré los ojos con fuerza, apretando con los dedos por debajo de las cejas en un intento de recobrar el equilibrio.
—No eres de mi corte —dije, cuando recobré la capacidad de abrir los ojos sin tambalearme.
—Sí que soy de tu corte, Elara.
—No, tu magia no pertenece a las Tormentas. Tus ropas son claramente de...
—Las Sombras. Mi magia y mis ropajes pertenecen a la Corte de las Sombras. Como tú —repitió.
—Eso es imposible.
A mi lado, Nox hizo una mueca de circunstancias mientras desviaba la mirada por encima de mi hombro. Un escalofrío hizo que todo el vello de mi cuerpo se erizara y que el corazón comenzará a latirme desbocado.
La oscuridad dio varias vueltas de campana en mi interior.
Y otra oscuridad, igual de profunda y brillante, envolvió mi mente con reverencia.
Una mano pintada de galaxias se apoyó contra el escudo de mi cabeza.
Supe, sin lugar a duda, de qué color eran los ojos que me observaban con intensidad a mis espaldas.
Noté su mirada como una caricia y una pregunta sobre mi cuerpo.
— Tiniebla .
Esa voz de noche y pesadilla sonó como sonaban los rezos susurrados y las memorias atesoradas. Mi nombre, ese nombre que solo él usaba, reverberó con fuerza en todo mi ser, amenazando con romper mis escudos en un solo suspiro.
No sé cómo me di la vuelta, lo único que sé es que mi verde impacto con su negro y se me olvidó respirar.
Fragmentos difusos del Guardián de las Sombras arrodillado en el suelo y rugiendo mi nombre me nublaron la vista.
No quedaba ni rastro del Alto Fae destrozado y fuera de sí que había gritado conmigo en la noche de mi muerte. Ante mí, solo estaba la imagen fría y calculadora del ser más letal de Lyssandria.
El Oscuro.
—Callum —susurré sin saber muy bien qué otra cosa decir mientras sentía que una pequeña eternidad se estrechaba entre nosotros.
Tan lejos y a la vez tan cerca.
—Veo que ya has conocido a mi otro general. No tenemos demasiado tiempo. El resto de los Guardianes nos esperan. —Callum dejó de observarme para dirigir una mirada que parecía más bien una orden en dirección a Nox.
—Dejaremos que te vistas, Elara, no hay tiempo que perder —dijo Nox mientras pasaba a mi lado.
Vi cómo Nox palmeaba con familiaridad el hombro de su Guardián antes de desaparecer por el otro lado de la puerta.
Mis ojos seguían atrapados en los de Callum.
Estos me observaban fríos, distantes. No fui capaz de reconocerlos y, aun así, ¡resultaban tan familiares!
No podía deshacerme del recuerdo de aquellos mismos ojos mirándome con hambre y deseo mientras sus labios asaltaban mi garganta en una pantomima que ambos habíamos llevado demasiado lejos.
Intenté, en vano, reconocer algo de aquella extraña alianza que habíamos formado durante las semanas del torneo. Una alianza que ni yo misma había sido capaz de comprender. Callum me atraía hacia su órbita como atraen las cosas peligrosas: lenta, pero devastadoramente.
Él desvió la mirada y, sin mediar palabra, comenzó a salir del baño.
—¿No vas a explicarme lo que está pasando? Me merezco al menos eso.
—Mereces todo lo que te propongas, Tiniebla —respondió suavizando la mirada y regalándome una sonrisa torcida.
—Por favor, no seas condescendiente. Una vez dijiste que nunca me mentirías.
—Lo mantengo.
—Omitir es solo un sinónimo de mentir, Callum.
Entre la preocupación de su rostro asomó una sonrisa torcida.
—Como he echado de menos lo retorcida y cruel que puede ser tu boca.
—Responde a la pregunta.
El Guardián de las Sombras me miró con un gesto imposible de descifrar. Sentí que había un millón de cosas que quería decirme y un millón de razones por las que decidió contenerse.
Al final, Callum cuadró los hombros y me respondió con gesto serio, pero sin apartar la mirada. Porque el Oscuro sería muchas cosas, pero cobarde no era una de ellas.
—El Cónclave se ha convocado. Tu juicio es inminente. Los Guardianes tienen sed de sangre y es tu vida lo que está en juego.