Capítulo 44
Ginette
Kerr nos invita a todos a su casa. Pedimos cena de camino.
Sasha me ha preguntado si estoy bien, lo abracé y le respondí que mejor que nunca.
Ayer llegué a Chicago, tras pedir a mis padres que cogieran un vuelo y vinieran.
Contarles a los cuatro la verdad fue duro para todos.
Se culpaban de no haberlo visto. De, a pesar de tantos ojos encima, no ver la verdad.
—Ya no sirve de nada culparse —les informé—. Ahora quiero mirar hacia delante. Quiero denunciarlo.
—Vamos a denunciarlo —sentenció mi madre con fuerza—. Hay que revisar todos los vídeos que tenemos. Por suerte, están todos en la nube. Va a caer.
—Va a morder el polvo —añadió Stewart—. Y es mejor que mañana vayamos al entrenamiento; dudo que Kerr pueda cumplir su promesa. Joder, yo no sé si no le daré un buen puñetazo a ese cabrón.
Nos pusimos manos a la obra. Fue duro para mí ver esos vídeos, pero ahí había pruebas de que yo tenía razón.
Y, aunque no las hubiera, he comprendido que nadie puede saber cómo te sientes ante una acción.
Si a ti te molesta un abrazo o una caricia, nadie te debe obligar a recibirla.
Obligarte a que estés bien ante un gesto que a ti te incomoda.
De pequeña se me decía: «Da un abrazo, da un beso…
». Normalizamos muestras de cariño que algunas personas enfermas pueden usar a su favor.
Orson sabía cómo hacer todo eso para confundirme.
Y yo me sentía mal. Por eso, no hablaba con nadie.
Y, para colmo, lo hablé con un capullo al que me aferré, seguramente, para escapar de todo eso.
Kerr me lo comentó y puede que tenga razón.
Kerr tira de mí hasta su cuarto y nadie dice nada. Al entrar, me abraza.
—No pude aguantar cuando tocó a Sasha el brazo. Te vi a ti…
—Te perdono. Mucho has aguantado. —Entierra la nariz en mi cuello—. Voy a irme de nuevo. —Se tensa—. Pero volveré. Voy a aceptar el puesto de entrenadora en el club, pero antes quiero formarme. Aprender de Irma y su equipo.
Noto cómo se relaja ante mi promesa de volver pronto. Tomo aire y aspiro su perfume. Me quiero quedar entre sus brazos para siempre.
—Vas a ser la mejor. ¿Eres feliz?
—Sí —respondo sin dudarlo—. Ya no duele. Tampoco está presente. Me gusta mucho quien soy ahora.
—A mí me vuelve loco.
Nos besamos hasta que nos llaman. Mis padres aceptan a Kerr como uno más. Los miro conversar mientras comemos pizza. Nos avisa la de prensa que alguien ha filtrado el vídeo de todo. Al final, la verdad solo tiene un camino. Y más ahora con las redes sociales.
***
—No suelo sentarme aquí —digo en la vacía sala de prensa.
Simon me graba mientras mi familia y el equipo esperan que hable para la app.
Lo he pedido yo. Había que dar alguna explicación—.
No puedo hablar mucho del caso porque está en manos de los abogados.
Pero sí puedo deciros que llevo años sintiendo un peso enorme porque se me hizo creer que lo que yo sentía no era válido.
Que no debía estar ahí. Que era algo natural.
No lo era. Y me pasó teniendo unos padres que nunca me dejaban sola y unos padrinos que me quieren como a una hija.
No es culpa mía, no es culpa de ellos… Es solo culpa de esas personas que no aceptan un no por respuesta. Solo es culpa suya.
Simon corta y luego me abraza.
—Ahora te toca subir cosas en la app de cómo va tu carrera —pide Basile y mi padrino dice que eso sería perfecto—. Ahora es parte del club, ¿no? Y así no te echaremos tanto de menos. —Kerr le fulmina con la mirada—. ¡Eh! Que es solo porque a la chica del capitán se le mima.
—Más te vale. —Aquiles se ríe.
Sayer sonríe y luego mira a Simon. Este no se da cuenta, pero yo sí. Lo mira con anhelo. Como si lo echara de menos. ¿Acaso ha pasado algo entre ellos? No, Simon me lo diría. O no, Simon no me lo contaría si Sayer se lo ha pedido. Y más porque Sayer supuestamente es hetero…
Lo descubriremos.
***
Abrazo a Kerr sin querer marcharme. No quiero volver a Francia, pero tengo que ser la mejor. Por mí, por ellos. Por mis futuros ganadores. Sus caricias me desarman y siento que despedirnos cada vez será más difícil. Por eso, me separo un poco y me hago la fuerte.
—Nos vamos a ver pronto —me promete.
—Sí.
Me alzo para besarlo y nunca es suficiente. Al final, me voy con el corazón pesado, pero pensando que cada segundo que pase estaré más cerca de verlo. La realidad tiene siempre varias interpretaciones. Puedes verlo todo negro, o ver los matices y aferrarte a ellos.
***
Kerr celebra con su equipo el haber ganado el partido y ponerse primeros en la liga a una diferencia tan elevada del segundo.
La gente estalla en vítores porque, aunque quedan partidos, la diferencia entre ellos y el segundo es muy amplia.
Lo miro feliz, emocionada y enamorada. Creo que cada día que pasa lo amo más.
Y eso que estos meses lejos han sido una tortura.
Pero ya estoy de vuelta, solo que él no lo sabe.
No sabe que Sayer le dio una llave a Simon y me he colado en su piso para que dejaran mis cosas en su casa.
Simon sigue sin contarme qué se trae con Sayer, pero ya no tengo dudas: entre ellos ha pasado algo.
Y ahora… Ahora no sé qué son. Si amigos que se quieren o dos personas que se evitan aunque no pueden pasar la una sin la otra.
Observo a mi amigo, que mira a Sayer feliz. Y este, como si se diera cuenta, gira la cabeza hacia nosotros y luego baja la mirada. Simon hace lo mismo, tenso. Joder, qué intriga. Ojalá no fuera tan cerrado y me contara qué está pasando aquí.
—Sabes que me puedes contar lo que quieras.
—Lo sé. —No dice más y tira de mí hasta el vestuario.
Al llegar, escuchamos los gritos de triunfo. Cuando entro, Kerr está con el equipo. No está solo, disfrutando de la victoria, por miedo a perderlo todo. Lo va a perder igual, pero ahora vive cada momento sin pensar tanto en ello.
Simon saca la cámara y da a grabar en el momento exacto en el que Kerr me ve. Sus ojos verde azulados se llenan de amor y viene hacia mí para darme un beso. De esos que me gustan, cogiendo mi cara entre sus manos y devorando mi boca. Los demás gritan de emoción.
—¿Te quedas?
—Para siempre. —Me besa feliz.
—Ahora sí he ganado. —Me abraza fuerte y yo a él.
Estoy de nuevo en casa.
Lo dejo celebrar con el equipo y salgo mientras Simon graba más cosas, para subir el vídeo a la app.
He estado publicando cosas de mis avances, de cómo es mi carrera en Francia y lo que espero de aquí.
Ahora hay un apartado para el patinaje artístico en la app y mi padrino subió mis competiciones.
Siempre serás una leyenda, pone. Aunque todo se quedará en eso, nadie puede quitarme los recuerdos.
Esos momentos, y ahora otros niños pueden verlos y aprender.
He subido tutoriales de cómo hacer algunos pasos y he dado algunos consejos.
Me gusta dar consejos. Aunque los vídeos más vistos son los de Kerr, y Sayer. Sobre todo, si estoy con él.
—Hola. —Miro a la madre de Kerr. Me da un abrazo—. Qué feliz le hace tenerte aquí al fin.
Vinieron a verme a Francia con Kerr. Su madre quería pedirme perdón por ser borde. Tenía miedo de que le hiciera daño a su hijo, si estaba de paso en su vida, porque Kerr nunca había amado a nadie. Los perdoné a los dos. El padre de Kerr me felicita por los avances.
—Tienes que fijar mejor el pie en el suelo —me aconseja—. Cuando giras, al hacer esto así. —Lo hace con los pies.
—Ahora que voy a estar aquí, ya me enseñarás.
—Será un placer. —Viven cerca de Kerr y pasan mucho tiempo por aquí, pero ahora no solo para ver a su hijo. Les gusta estar cerca de mis padrinos. Aunque de vez en cuando regresan a Nueva York, porque les gusta estar en su ciudad. Ahora viven entre los dos sitios.
Kerr sale ya con el traje y viene hacia nosotros.
Sus padres lo felicitan y me vuelve a besar, antes de irse a la sala de prensa.
Me hace señas para que vaya. Sigo al grupo.
Entro al fondo y veo la rueda de prensa.
La felicidad reina en el aire. Kerr me observa con intensidad y saca una caja de terciopelo.
La deja sobre la mesa y me mira. Todo el mundo se queda callado y nos contempla a la espera de lo que vaya a pasar a continuación.
No, no puede ser lo que creo.
Pero sí, la abre y dentro hay un anillo.
Se levanta y viene hacia mí. Siento flashes , y cómo la gente no deja de grabarnos.
—Estás loco.
—No, porque siempre lo supe. Desde que te vi en ese bar y me robaste las patatas…
—No te las robé. —Sonríe.
—Sí, lo hiciste, pero te daría todo. Joder, en ese momento lo supe, Gin, que mi vida no iba a ser la misma tras tu torpe beso…
—Idiota. —Sonríe y se arrodilla—. Kerr…
—No tiene que ser mañana, ni pasado, ni en unos años… Te esperaré cada día. Pero necesito que sepas, que este loco quiere serlo todo contigo. Deseo que seamos un equipo.
—¿Y tenía que ser hoy? ¡Ahora nadie hablará de la victoria y de que casi sois campeones! —Se ríe.
—Porque la gente merece hablar de mi chica, la leyenda del patinaje que ha hecho arrodillarse a su capitán.
Con esas palabras me rompo y lo abrazo diciendo que sí. Me pone el anillo en el dedo y la gente lo celebra como si fuera otra copa. Estamos locos, y vivos, muy vivos.—Te quiero —me dice cuando se levanta, arrastrándome.
—Y yo a ti.
—Ya me lo demostrarás luego a solas. Hace tiempo que no bailas para mí. —Por suerte, lo ha susurrado y la gente puede intuir, porque me sonrojo, pero no saberlo.—Es una promesa.
—Pienso hacerte muchas.
—¿Y cómo sabías que estaría aquí?
—No lo sabía. Pensaba sacar el anillo y dejarlo en la mesa, decir que era una promesa. Pero que estés aquí, a mi lado, lo ha hecho todo infinitamente mejor.
Lo miro feliz, y me fijo en que no lleva gorra. Se la ha quitado. Todos ven sus preciosos ojos brillar con cientos de promesas. Sin miedo, libres.
Porque el amor es la única cosa que nunca podrás encadenar y al fin fluye libre entre nosotros, sin miedo.
Porque entre los dos, hemos conseguido derretir el hielo que enfriaba mi corazón y ahora, al fin, sé cuál es mi camino. Y puedo, de nuevo, aferrarme a los sueños.
Vuelvo a girar sabiendo que esta vez, cuando caiga, él me sujetará con fuerza.