Capítulo 43
Kerr
Gin duerme en mis brazos en su cama minúscula.
No puedo dormir. Estoy asimilando todo: que estamos juntos, que al final hemos dejado de huir el uno del otro y que ese cerdo la tocaba.
Joder, la tocaba cuando era una adolescente con un novio cabrón que la hacía sentir de menos al ponerle los cuernos.
Empiezo a pensar que no contaba con su ex, porque lo de su entrenador la dejaba tan tocada que se aferraba a lo conocido, a lo que era normal dentro del caos que vivía en su interior, sintiendo cosas que le hacían creer que no debería experimentar algo así.
Joder, ese cerdo la tocaba con la excusa de ser mayor para ella; yo le saco diez años y nunca le haría algo que no quisiera.
—No puedes dormir —afirma.
—Es complicado. Quiero destrozarlo.
—Kerr…
—¡Te hizo daño! Y no tenías a nadie a quien contarle esto.
—Tenía a mis padres y a mis padrinos, pero tenía miedo. Miedo de que estuviera viendo cosas donde no las había. Pensaba que violar era otra cosa.
—Invadir tu espacio es un tipo de violación. Ese cerdo violaba tu intimidad.
—Ya…, pero me ha costado mucho aceptarlo. Creo que hasta que no te lo he contado, y visto el horror en tus ojos, no lo he aceptado.
—Gin…, eso no debió pasar, ni debemos normalizar que un hombre toque a una joven de esa forma. Eso es acoso.
Veo cómo poco a poco acepta la verdad. El miedo se disipa y acepta lo que pasó. Solo así podrá avanzar y tomar medidas.
Se alza para besarme y tira de mi ropa.
—Gin…
—Ya te lo dije, contigo nunca tuve miedo a saltar. Te necesito, Kerr. ¿O no eres mi chico?
—Joder, si me dices esas cosas, me pierdo.
Nos besamos con hambre, sin poder dejar de tocarnos. De sentir que esto es real. No hubo un último beso al despedirnos y recreé en mi mente cada segundo perdido entre sus labios. Tiramos de la ropa del otro y, cuando entro en ella, solo la miro, y ella a mí.
Hay amores que son imposibles de ocultar de la mirada.
Veo lo que siente en sus ojos dorados. En cada mota de estos.
Lamo su boca y luego la beso lentamente mientras salgo y entro de ella poco a poco.
Su cuerpo se abre a mí. La lleno. Absorbo el instante de tenerla de nuevo pegada a mi piel.
De sentir su corazón acelerado al son del mío.
—Kerr…
—¿Más duro?
—Siempre. —Me río y la beso, entrando y saliendo de ella con más intensidad.
Los muelles de la cama crujen, pero eso no nos detiene hasta que me corro con fuerza y ella me sigue. Entonces, la cama cruje y nos colamos por un lado de esta.
—Mi cama. —Me río. No lo puedo evitar porque, a pesar de todo, soy feliz. Y el resto ya lo veremos.
***
—Me lo has prometido, Kerr. No le hagas, ni digas nada. —Estamos en el aeropuerto. La miro y asiento—. Confía en mí.
—Lo hago, pero como le vea hacer algo raro, le parto la cara y ya pediré después perdón.
—Kerr, eso dañará tu imagen.
—Me da igual. Ese cerdo no va a tocar a nadie más, como te tocó a ti.
Gin me mira preocupada. La beso mientras llaman a mi vuelo. Me uniré al equipo para jugar fuera de casa.
—Kerr…, ¿crees que lo nuestro funcionará?
—Por supuesto. —Acaricio su mejilla—. Llevo toda la vida buscándote; ahora no te voy a dejar ir.
—Ya no soy demasiado joven para ti.
—Nunca lo fuiste, pero me aterraba lo que me hacías sentir. Era más fácil ser un capullo. —Dan un último aviso a mi vuelo. La beso, me cuesta la vida dejar atrás—. Te quiero.
—Y yo a ti.
Corro y la miro. Atesoro su imagen hasta que la pierdo de vista. Hasta que no veo sus ojos llorosos y su mano agitarse. Me ha sabido a poco. Joder, quería más tiempo con ella. Ya llegará, me repito mientras monto al avión.
Le escribo antes de despegar y al aterrizar. No dejo de mandarle mensajes. Se me va a hacer eterno el momento de volver a vernos.
***
—¿Me puedes decir por qué miras a Orson como si le quisieras sacar la cabeza?
—Porque se la quiero sacar —respondo a Simon.
—¿Tiene esto algo que ver con Gin? —Miro a Sayer, que está a mi otro lado—. A ver, que si tú quieres que nos quedemos aquí mirándolo con cara de odio, lo hacemos.
No les he contado nada de lo que hablé con Gin.
Solo les dije que estábamos juntos. El equipo no me dejó más días libres y por eso fue un viaje exprés.
No sé cómo contarles todo sin que sientan lo mismo que yo y vayamos todos contra Orson, y eso haga que no pueda cumplir la promesa de Gin de dejar que ella se encargue de esto.
Voy a decir algo, pero Orson sale y va a hablar con Amanda y Sasha. ¿Qué hacen con él?
Entonces, le toca el pelo a Sasha y luego el brazo.
Pierdo los papeles. Lo sé, pero bajo como un resorte y le aparto la mano de él.
Es como si viera a Gin ahí con él, indefensa, contrariada.
Sintiéndose mal. Saliendo con un capullo que la denigraba porque estaba tan tocada que aceptaba esa mierda. No lo soporto. No puedo con esto.
—¿Se puede saber qué haces? —Lo cojo del polo y Sayer se acerca para separarnos—. ¡Suéltame! ¡Pienso denunciarte por esto!
Gin aparece en mi mente. Hace una semana que decidimos estar juntos, y hemos estado hablando cada día.
Me ha prometido que está bien, que está mejor que nunca y que ya no duele.
Ayer me dijo que iba a tomar medidas, que iba a estar ausente y que confiara en ella.
Lo hago, pero lo miro y no puedo. No puedo porque le hizo daño.
—¡Eres un cerdo!
—¡Ella te ha ido con el cuento! ¡Que ya eres adulto! ¡Esa mujer no sabe lo que dice! —No lo pienso y lanzo el puño para callarle la boca.
—¡No tienes derecho a hablar de ella! —Nos separan y se mira el labio partido.
—¡Te pienso denunciar!
—¡Hazlo! Les diré por qué te he pegado. Les contaré quién eres. Les explicaré todo. Joder, hazlo, así usaré los mejores abogados para que te hundan y pagues por todo. Veo el miedo en sus ojos. No me denunciará porque sabe que tengo razón.
—No hace falta que lo denuncies tú. —Nos giramos hacia Gin, que está al lado de sus padrinos y sus padres. La miro y veo cómo me recrimina con la mirada. Pero luego me mira con todo ese amor que siente por mí. Está aquí. Joder, está aquí y la veo más preciosa que nunca.
—Lo siento, nena. Me volví loco. —Se acerca y me aprieta la mano.
Me doy cuenta de que es por mí y por ella.
Está temblando. Por eso, le devuelvo el apretón, cargado de fuerzas, para que se enfrente a este ser despreciable que abusó de una niña y la hizo sentir que nada de lo que experimentaba era real.
Que todo lo que vivió, estaba solo en su mente.
—Te va a llegar una denuncia por todo lo que me hiciste.
—No hice nada…
—Tenemos vídeos —anuncia Stewart—. Hemos estado revisando cada maldito vídeo que se grabó de ella, tras la confesión de Gin.
En varios se ve cómo la tocas, cómo le colocas el maillot .
Cómo ella se tensa… Eso, más su confesión, ayudará a mis abogados para que, a ser posible, te pudras en la cárcel o que, como poco, nunca más trabajes con niños.
—Se acerca a él y le cruza la cara con una fuerza que no esperaba de alguien tan menudo como el director—.
Nadie toca a mi hija de alma y sale impune.
—Me observa—. Muy bien hecho, Kerr. No esperaba menos del novio de mi princesa.
—Mira a los de seguridad—. Y ahora sacad a esta escoria de aquí.
Los de seguridad se lo llevan. Gin se deja caer sobre mí. No deja de contemplar a Orson hasta que desaparece y sé que ahora sí se ha cerrado el círculo. Se gira hacia la pista de hielo y toma aire. Es como si al fin pudiera respirar tras la caída.
Mi chica ha conseguido levantarse y ser más fuerte.