Melted ice (Ice 1) Capítulo 32
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Capítulo 32

Kerr

Empiezo a hacer mi rutina para el partido.

Ginette lo graba todo con solo mi camiseta puesta.

Intento centrarme, aunque lo que más quiero es quitársela y adentrarme en su menudo cuerpo de nuevo.

Soy adicto a esta mujer, a su forma de besarme, de tocarme.

De abrazarme con fuerza como si temiera perderme.

Cosa que no es el caso, al menos no en el plano amoroso.

Ella tiene claro que se irá, pero no me quiere perder como amigo.

No pensé que un día ser su amigo me doliera tanto.

—Voy a subir al gimnasio del edificio, por si te quieres poner algo más.

Se lo digo, tras tomarme un desayuno sano y alto en proteínas.

—Vale. Voy a cambiarme y así ya luego me voy a casa para editar todo esto.

Se marcha. Yo me quedo agitado porque quería pedirle que se quedara más.

Este lugar se va a ver muy vacío sin ella.

Subimos a la zona del gimnasio del edificio y está Sayer en él.

Nos graba a los dos hacer nuestras rutinas y luego ir al jacuzzi.

Miramos la ciudad mientras hablamos del partido.

Todo parece como siempre, pero no lo es, porque, en vez de estar pensando en el partido, pienso en ella.

En si, cuando se marche, se acabará todo o podré convencerla para tenerla un poco más.

Soy un egoísta, lo sé, pero la quiero en mi vida.

—Bueno, con esto tengo mucho material. Muchas gracias, chicos.

Guarda el móvil en la mochila. Luego me mira y sonríe.

—Nos vemos en el partido.

Tras decir adiós con la mano, se marcha y me quedo mirando el espacio que ha dejado. Siento una opresión en el pecho que no me deja respirar.

—¿Todo bien? —me pregunta mi amigo.

—No, no está bien. —Lo miro y me sincero—. Ella me importa y quiero pasar más tiempo con ella.

—¿Y dónde está el problema?

Entiendo esa pregunta porque él piensa que, si se enamorara de una mujer, su vida no sería complicada.

Pero siente atracción a veces por hombres que lo descolocan y lo hacen temer tener un día que tomar decisiones que no quiere tomar.

A Sayer le aterra tener que salir del armario por alguien, decir que es bisexual y siente atracción por hombres y mujeres.

Lo pasó mal de niño y no sé por qué. Pero Sayer tiene un pasado oscuro.

Uno domina sus pasos hoy. Tal vez un día logre que me lo cuente, aunque yo creo que tiene algo que ver con sus padres.

No se habla con ellos. Tampoco Amanda. No conocen a su nieto. Tal vez vayan los tiros por ahí.

—Creía que la edad era el problema, pero los años de diferencia no importan si se está en el mismo momento vital, y no lo estamos.

Me he dado cuenta este fin de semana. —Sayer solo espera que hable—.

Sabes que no he tenido parejas, entre otras cosas, porque las mujeres solo me ven como el chico guapo que se follarían, que nadie me toma en serio para ser el novio perfecto.

—Lo sabe porque ha visto cómo lo he intentado con algunas chicas en la universidad y solo querían sexo de mí—.

Con ella, me he preguntado si tan malo sería dar un paso más.

Me ha gustado tenerla en casa. Estar con ella es cómodo, porque somos amigos y eso lo hace todo más fácil.

—¿Pero?

—Ella no sabe qué hacer con su vida. Piensa en irse, encontrar su camino. Y, joder, la vida ya le ha quitado demasiado como para que yo le quite más. Si quiere irse lejos, la tengo que apoyar, aunque yo la miro y me planteo tenerlo todo con ella aquí —admito.

—Es una putada, pero en este caso la edad sí importa. Los diez años que os lleváis sí pesan. Tal vez, si ella hubiera experimentado todo eso y encontrado su sitio, podrías tener algo serio con ella. Pero no, no estáis en el mismo punto vital.

—No. Y no voy a joder las cosas exponiendo lo que siento.

—¿Qué es?

—Ni puta idea, pero no la miro como si fuera mi amiga.

—Tal vez sí lo sabes, pero admitirlo duele más que hacerse el tonto.

—Puede ser.

Salimos del agua y vamos a secarnos. Regreso a mi casa y el perfume de Gin está en el aire.

No verla salir del cuarto o llamarla para comentar algo se me hace raro, y eso que solo ha pasado un fin de semana en mi casa.

Agitado, preparo todo para el partido, sabiendo que es mejor alejar lo que siento y hacer como he hecho siempre, conformarme.

No es la primera vez que siento algo más por alguien y lo aniquilo de mi mente porque no seré la primera opción de nadie.

Tal vez por eso me dejo la piel en cada partido.

Por eso soy el mejor, porque al menos en el hielo sí puedo destacar.

No era consciente de lo jodido que estaba hasta ella.

Me está haciendo recordar cada vez que esperé algo más de una mujer y de mí; solo quería ese momento con el chico guapo de clase o el tío sexi de la universidad.

Por eso, hace tiempo que el sexo dejó de gustarme.

Para ellas solo era algo que contar a sus amigas y yo quería más.

***

Veo a Simon en los vestuarios haciendo los vídeos. Al ver a Sayer, se sonroja y mi amigo ni lo mira. Simon toma aire y luego sonríe como si nada, pero yo he sentido que algo no va bien. Voy hasta Simon y me graba. Cuando baja el móvil, le pregunto por Gin:

—Está en las gradas con sus padrinos. Han venido los dos a ver el partido.

—Bien.

—Dalo todo en el hielo y con ella… Bueno, no sé qué sientes por ella.

—Lo que sienta da igual, se va a ir.

—Ya, es una putada. No pienses ahora en eso. A mí también me duele verla marchar. Llevamos años haciendo todo juntos, y pensarlo me destroza, pero estaré ahí cuando siga su camino sola. No puedo hacer otra cosa. Solo espero que huir le dé las respuestas que busca.

Dejo todo esto atrás y me centro en el partido.

Salimos a calentar y la busco en las gradas.

La veo al lado de Stewart. Me saluda con la mano y se sonroja.

Por su mirada sé que lo que hay entre los dos no ha acabado.

Veo el mismo deseo que esta mañana cuando la besé por última vez.

El problema es que no sé si es mejor dejarse llevar, aunque la pierda, o cortar por lo sano.

Miro la pista y me centro en el partido.

Cuando empieza, lo doy todo. Tengo controlados a todos mis jugadores.

Por eso, paso el disco a Basile cuando lo veo desmarcado.

Avanza con él y anota el primer tanto. Cosa que cabrea mucho al otro equipo.

Y, cuando tienen oportunidad, tratan de hacernos falta y que perdamos los nervios.

Me toca apartar a uno de los míos y me llevo un puñetazo.

Joder, ya estoy mayor para estos putos golpes.

Lo sancionan y me limpio la sangre de la mejilla.

El partido sigue y ganamos. No anoto, pero siento al equipo más fuerte que nunca.

Al entrar al vestuario, me marcho solo y disfruto de esta victoria por si fuera la última.

Eso hace que escuche a mis compañeros y me pregunto qué hago solo, celebrando esto, si cada vez que termina un partido temo perderlo todo.

Hago esto porque mi padre me metió sus miedos.

He crecido con el miedo de temer que un día la vida me quite quién soy en el hielo, y puede pasar, pero no ha pasado hoy.

Me levanto y voy hacia los chicos. Cuando me ven, me miran extrañados hasta que grito con ellos y se me tiran como brutos. Sayer me abraza.

—Has estado increíble —me dice y veo a Simon grabarlo todo.

Cuando termina de grabar, Basile y Aquiles lo meten en el grupo como uno más.

Tal vez lo sea. Si sigue siendo parte del equipo cuando se acaben las prácticas.

La verdad es que no tengo ni idea de qué hará él después.

Por Amanda, espero que se quede cerca. Está muy unida a Simon y a Gin, por lo que perder a los dos va a ser duro para ella.

Vamos a las duchas. Quedan para tomar algo y celebrar.

—No tengo ganas de fiesta. —Sayer se ríe.

—Te estás haciendo mayor —bromea—. La verdad es que yo tampoco. ¿Y si pasamos?

—No, es mejor ir y estar con ellos un rato.

—Sí.

Salimos del vestuario y veo a los jugadores abrazar a sus familias y amigos.

Mis padres me apoyan. Mi padre siempre me habla de deporte, pero no suele venir a los partidos.

Cuando me instalé en Chicago, les ofrecí una casa en la ciudad para estar juntos, pero prefirieron seguir con su vida.

No había pensado en lo mucho que me inquietó esa decisión hasta ahora.

Es como si de golpe me sintiera muy solo.

Salvo Sayer y Amanda, no tengo más lazos aquí con nadie.

—Eh, capitán. —Miro a Ginette, apoyada en la pared. Sonríe y los latidos de mi pecho se aceleran—. No tienes cara de ganador. ¿Todo bien?

—Ahora mejor —admito y es cierto. Con ella todo parece mejor—. ¿Vienes a tomar algo?

—No, mañana me toca madrugar para el trabajo y este fin de semana he descansado poco. —Pasa los dedos por mi camisa. Vamos a ir a la sala de prensa.

—Si te besara ahora, ¿te apartarías? —Paso un mechón de pelo tras su oreja.

—Prueba.

Cojo su cara entre mis manos y la beso. Me devuelve el beso con urgencia. Es como si no nos hubiéramos pasado el fin de semana haciendo esto. Cuando me separo, estamos jadeando y quiero más. Mary me llama.

—Nos vemos mañana. Disfruta.

Se aleja y yo me marcho con el resto, sabiendo que disfrutaría más si la siguiera y me perdiera en ella un poco más. Joder, me estoy volviendo adicto a esta mujer y la cuenta atrás ha comenzado. En unas semanas se irá de aquí.