Capítulo 30
Kerr
Despierto sintiendo el cuerpo de Ginette pegado al mío.
Su trasero se presiona contra mi polla dura.
Soy muy consciente de sus curvas. De su cuerpo, de lo bien que encajamos juntos.
He tenido mucho sexo, más del que recuerdo.
Y está feo decirlo, pero sabía que me gustaba follar, pero no encontraba la postura correcta, la mujer perfecta, el momento.
Tras el subidón, me sentía frío. Sintiendo que me faltaba algo.
Pensaba que era porque no me gustaba ponerme en plan mandón en la cama.
Pero ahora sé que no. Con Gin no siempre le digo lo que debe hacer, y ella muchas veces se deja llevar, sin que yo le ordene.
A pesar de eso, me encanta. Siento que todo se debía a que no era ella y, saberlo, me asusta un poco, la verdad.
Gin gruñe y luego presiona su trasero contra mi pene. No lleva bragas y siento su sexo mojado restregarse contra mí.
—Gin…
—Despertarse así es increíble.
Joder, claro que lo es.
Subo mi mano por su costado, dentro de su camiseta, y llego hasta sus pezones, ya duros por sentir cómo mi punta se restriega contra su raja. Madre mía, acabamos de empezar con los juegos y ya estoy a tope.
Sentir su sexo caliente abriéndose a mí, cada vez un poco más, me está nublando la vista.
Tiro de sus pezones.
—Quiero que grites más alto.
—¿Así? —Gime con fuerza y meto un poco la punta. Jadea con más intensidad—. Joder…, te quiero ya dentro de mí.
—¿Hasta el fondo?
—¡Sí!
Entro de una y grita de puro éxtasis. Aprieta su culo contra mí y entra más. Joder, si no para de hacer eso con el interior de su vagina, me voy a correr. Muerdo su cuello. Aprieta más el cuerpo contra mí. Salgo y entro.
Vuelve a hacer eso con su coño y gruño.
—Me matas, Gin…
—Te gusta sentir cómo mi sexo quiere exprimirte y que me llenes.
—Joder, me desarmas. —Se ríe y salgo de ella para entrar con más fuerza—. ¿Más duro?
—¡Sí! Más fuerte, mi capitán. —Que me llame así, cuando estoy dentro de ella, me la pone muy dura.
Cojo su mano para llevarla a su sexo y juntos tocamos su abultado y mojado clítoris. Lo quiero en mi boca. Me encanta chuparla, lamerla y empaparme de su sabor. No tengo nunca suficiente de esta mujer.
Salgo y entro en ella con más fuerza. Su cuerpo menudo se mueve contra mí. Estoy cerca y ella también. Este polvo va a ser rápido, tras toda la noche notando su cuerpo pegado al mío.
Muevo los dedos con los suyos hasta que se corre y noto cómo su interior se contrae en torno a mi polla. La oprime con fuerza. No puedo más y me corro dentro de ella con fuerza, dejando que mi semen caliente su interior.
La acerco más a mí, mientras recupero la respiración.
No salgo de ella. No quiero sentir ese vacío ya.
Joder, soy adicto a esta mujer.
***
Escucho la ducha mientras preparo algo para comer.
Me he duchado tras obligarme a salir de la cama para alimentarnos.
Mientras hacía los huevos, he escuchado a Gin bajo el agua cantando.
Fatal, por cierto. Pero su voz llena esta casa, que nunca había sentido vacía, pero que ahora está llena de ella, como nunca podrán hacerlo los muebles caros.
Dejo todo en la mesa y la llamo. Al poco, viene con el pelo algo húmedo y ropa de estar por casa. Un top ancho de tirantes y unos ridículos pantalones cortos rosas que muestran partes de su trasero.
—Dime que así no estás ante Simon.
—Sí, y me ha visto desnuda alguna vez sin querer. —Sonríe por mis celos y me da un beso en la mejilla—. Le atraigo menos que una mesa, Kerr.
—Aun así, no me gusta que otro te vea medio en pelotas.
—Cuidado, que los celos pueden indicar que te importo y esto solo es sexo, capi.
—Lo sé —le respondo, pero por dentro me remuevo incómodo.
Sonríe, ajena a mi malestar, y disfruta de mi comida.
Cada gemido que hace de placer por lo que le he preparado me la pone muy dura.
Nunca creí que hacer la comida a alguien pudiera considerarse una experiencia sexual.
Pero lo es. Verla chuparse los dedos, disfrutar del bacon o de las tortitas con chocolate, es una pasada.
Me pierdo en ella sin que se dé cuenta. Sin que se sienta presionada por miradas que no sé cómo controlar y emociones que van cuesta abajo y sin frenos por esta mujer.
Cuando acaba, sonríe satisfecha y siento envidia porque sea por la comida y no por mí. Eso, y que estoy muy cachondo por verla comer. La cojo y la siento ante mí en la mesa, tras apartar las cosas.
—Ahora quiero mi postre.
Tiro de su pantalón y descubro que no lleva ropa interior. Sonríe coqueta. Le quito el top y la dejo desnuda para mí.
—Abre las piernas, cariño, y ofréceme tu coño.
Noto cómo este da una sacudida. Hace lo que le digo y pone sus manos en su sexo. Lo abre para mí. Veo su sexo rosado y su clítoris abultado y mojado. Muy mojado. Pienso darme un festín con esta comida.
No la he tocado y ya está jadeante.
Nos miramos a los ojos un instante, antes de que mi lengua lama de arriba abajo todo su sexo. Su sabor explota en mi boca y quiero más. Necesito más. No me canso de devorarla.
Se remueve contra mi cara exigiendo más. No dejo de colmarla de atenciones, perdido en ella. En sus gemidos. En cómo me tira del pelo con la mano libre. Lo lamo una y otra vez. Meto los dedos dentro y los giro para encontrar su punto G. Lo froto y se retuerce.
—Tócate las tetas.
Hace lo que le digo mientras mis dedos entran y salen de su cuerpo. Jadea. Grita y gime. Nunca podré olvidar esta imagen de ella a punto de correrse, en mi mesa, con la mirada vidriosa, los labios entreabiertos y el pelo revuelto sobre sus hombros.
Me empapo de ella mientras mi lengua hace círculos sobre su sonrojado clítoris.
—Kerr…, por favor… Quiero tu polla.
—La tendrás, pero antes quiero que te corras en mi boca.
No dejo de lamerla y de mover los dedos hasta que se corre con fuerza. Soy adicto a darle orgasmos a esta mujer. La cojo en volandas y vamos hasta el sofá. La dejo ahí y me quito la ropa. La penetro sin preliminares. Está tan mojada que se desliza sola.
Nos besamos mientras entro y salgo de ella con fuerza.
No dejo de besarla y de sentir cómo su menudo cuerpo se abre a mí. A este bruto que con cada encuentro olvida que antes de ella tuve esto con otras mujeres. No se puede comparar.
—Más duro, Kerr. —Gruño y entro con más dureza, sintiendo sus uñas clavarse en mis hombros.
Se retuerce bajo mis brazos hasta que se corre solo con la penetración y la fricción de nuestros cuerpos.
La sigo y me derramo en su interior. Luego nos giro en el sofá para que quede sobre mí.
Busco su boca y dejo un beso lento y placentero, antes de abrazarla y saber que, en un rato, no podré moverme.