Melted ice (Ice 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Ginette

No besarnos en el ascensor me parece una tortura. Por eso, cuando entro a su casa, solo pienso en su boca. En sus manos y en acortar esta distancia, y me da igual que este lugar sea precioso y tenga unas vistas impresionantes de Chicago por la noche.

Busco su boca. Nos besamos con ímpetu. Sus manos están por todo mi cuerpo y yo no puedo dejar de tocarlo, de acercar mi cuerpo al suyo.

—No besarte esta noche ha sido una condena. —Lame mi cuello y me besa—. No voy a tener suficiente de ti esta noche.

—Tal vez yo tampoco.

Nos besamos de nuevo. Su lengua se enreda con la mía. Gimo en su boca mientras siento mi cuerpo arder por cada una de sus caricias. Tira de la cremallera de mi vestido y este cae a mis pies. Los pezones se ponen más duros ante mi desnudez. Me mira; solo me mira. Solo recorre con sus ojos mi cuerpo.

Por un segundo, me siento cohibida al recordar que él ha estado ante muchas mujeres hermosas. Cubro mis senos. Coge mi cara entre sus manos.

—¿Qué pasa?

—Sé que mi cuerpo no es perfecto. Has estado con mujeres más…

—¿Te puedo confesar algo? —Acaricia mi mentón con ternura—.

En ellas solo veía un cuerpo en el que satisfacer mis necesidades.

Lo sé, es horrible, pero ellas tampoco veían más en mí.

Pero, cuando te miro a ti, quiero memorizar cada ondulación y cada marca.

Como ese lunar al lado de tu ombligo o ese al lado de tu pezón.

—Solo me mira a los ojos, lo que deja claro que se los sabe de memoria.

Muerdo mi boca—. Eres diferente en muchos sentidos, Gin.

No te hagas de menos cuando me vuelves loco como ninguna de ellas lo ha hecho.

Ahora solo son mujeres sin nombre. Y a ti, pase lo que pase, no te podré olvidar. ¿Te queda claro, cariño?

—Sí —respondo ante la intensidad de sus palabras, que han calmado mis dudas y mis miedos. Mi ex me dejó más tocada de lo que tal vez nunca he estado dispuesta a admitir. Pero ahora, al contemplarme a través de los ojos de Kerr, me veo sexi. Muy sexi.

Aparto las manos y lo beso. Lo beso perdida en su boca y en lo que siento con él.

No quiero dudas mientras me siento más viva que nunca a su lado.

Estar con él es casi tan emocionante como salir a patinar.

Me hace sentir que floto mientras giro y giro en el aire.

Esa adrenalina de conseguir lo mejor. A su lado siento todo eso y más.

Tras mi caída, él es la primera cosa emocionante de mi vida.

Andamos a tientas hasta su cuarto. Yo solo con los zapatos y mi tanga de color negro. Él, todo vestido, salvo por la chaqueta y la pajarita.

Tiro de su camisa.

—No, antes tienes que hacer algo para mí.

—¿Vas a darme órdenes, capi? —Gruñe por lo mucho que le pone que le llame así.

—Sí. Joder, sí. —Sujeta de nuevo mi cara entre sus manos—. No hagas nada que no quieras. ¿Vale?

—Lo sé, Kerr. —Beso sus manos y luego, atrevida, me meto uno de sus dedos en la boca y me lo follo.

Su mirada se oscurece. Besa mi mojada boca y lame mis labios.

—A la cama desnuda y abierta para mí. —Protesto y me da un cachete en el culo—. Vamos, quiero ver lo mojada que estás solo por unos besos.

Ando hasta la cama y me quito los zapatos. Lo miro sentarse en un sillón alto de color negro. Se ha desabrochado la camisa y puedo ver su formidable torso desnudo. Se me seca la boca solo de imaginar mi lengua recorriendo sus ondulaciones.

—Luego —promete, al adivinar mis pensamientos.

Tiro de las gomas de mi tanga y lo bajo por mis muslos. Lo cojo y se lo lanzo, tras quitármelo, y lo coge al vuelo. Se lo lleva a la nariz y lo huele. Sus ojos se hacen más oscuros. Sonríe y me hace señas para que suba a la cama.

—¿Quieres ver cómo me corro sin ti?

—Sí, cómo lo haces sola en tu cuarto pensando en mí.

Acepto el desafío y lo elevo. Si quiere jugar, yo también jugaré con mis términos.

Subo a la cama a gatas como una gatita en celo y voy hasta uno de sus almohadones negros.

Abro mis piernas para que vea mi sexo desde detrás.

Pongo el almohadón entre mis piernas y lo monto.

Restriego mi coño mojado por él, usando el canto.

Jadeo al notar cómo la prenda entra entre mis pliegues. Maldice cuando ve lo que hago.

Solo se escuchan nuestras respiraciones agitadas mientras restriego mi cuerpo. Estoy a punto y eso que acabo de empezar.

Lo miro. Tiene las manos apretadas contra los apoyabrazos y los nudillos blancos por aguantarse.

—Eres precisa… Joder, nunca vi nada igual. —Conteo mi trasero—. ¿Quieres mi polla, cariño?

—¡Sí! La quiero dentro de mí. —Gruñó, notando cómo el orgasmo se anida en mi sexo—. Kerr…, estoy a punto.

—Córrete. Deja que vea cómo te corres, que luego voy a devorar tu placer entre tus muslos.

Imaginar su cara entre mis piernas lamiéndome hace que me corra con su nombre entre mis labios.

En cuanto lo hago, se levanta, se quita la camisa y acerca su cara a mi sexo.

Lo lame de arriba abajo, tragándose los últimos coletazos de mi éxtasis.

Siento su lengua hambrienta entrar en mi vagina.

Gruñe por mi sabor. Muevo mi cuerpo hacia atrás para presionar mi trasero contra su cara.

Tengo los pezones muy sensibles por el orgasmo.

De nuevo, estoy muy cachonda por sentir su lengua en mi sexo.

—¿Tomas la píldora?

—Llevo un DIU. ¿Por?

—Estoy limpio, quiero correrme dentro de ti. Joder, nunca he deseado esto. Lo juro, siempre he sido precavido. Pero necesito, necesito sentirte. —Mi sexo se contrae ante esta idea—. Estoy limpio.

—Y yo. Sin barreras. —Gruñe y me lame de nuevo, pero esta vez con más fuerza.

Muevo mis caderas y abro más las piernas.

—Kerr…, no puedo más… Necesito que me llenes.

—Madre mía, no voy a aguantar nada.

Escucho cómo se quita la ropa y lo miro para deleitarme con su maravilloso cuerpo. Tiene músculos donde no sabía ni que existían. Sonríe descarado, sabiendo que me encanta lo que veo.

—¿La quieres dentro de ti, cariño? —Sube su mano arriba y abajo por su polla.

—Sí, la quiero toda. —Gruñe.

—Túmbate en la cama. Quiero verte cuando te la meta.

Lo hago y lo espero. Se cierne sobre mí y noto su polla dura en mi entrada. Busca mi boca mientras su glande entra lo justo para tentarme. Luego, lo restriega por mi mojado sexo. Los dos temblamos con esto. No puedo más.

—Kerr… —gimoteo—. Por favor…

Lame mi boca y luego me besa mientras su polla entra en mi cuerpo unos centímetros. Llevo muchos años sin un hombre y se nota.

Nos devoramos la boca mientras entra poco a poco.

—Eres tan estrecha. —Apoya su frente en la mía—.

Joder, qué bueno, Gin… Qué bueno es sentirte sin nada.

—Besa mi boca lentamente—. Quiero correrme dentro de ti, que te pases horas chorreando mi semen.

—Jadeo y entra un poco más—. Te encanta que te diga guarradas.

—Entiendo enseguida qué hace: estoy muy estrecha y quiere decirme guarradas para que penetre mejor sin dolor—.

Vamos, preciosa, toda. Te la vas a meter toda.

—Sí, la necesito toda.

Abro más las piernas y llega más hondo. Lo siento llenarme. Mi cuerpo se abre a él. Nos besamos mientras se interna hasta el fondo. Tiro de su pelo. Sale y entra, esta vez sin preliminares. Jadeamos juntos. Esto es muy bueno. Estoy empapada solo por sentirlo dentro de mí clavado.

Nunca fue así de bueno con mi ex. Nunca disfruté del sexo.

Baja la cabeza y me lame las tetas. Primero una y luego otra. Se las mete en la boca. Las tortura mientras se mueve con fuerza en mi interior.

—Más fuerte.

—Joder, vas a matarme. —Kerr gruñe mientras sale y entra de mí con más fuerza.

Encajamos a la perfección y mi cuerpo se amolda a él. Lo siento por todas partes. Y, cuando se mueve, noto cómo la fricción de su sexo en mi vagina me hace acariciar el cielo.

—Joder, ahí. Justo ahí. —Se frota contra ese punto. Muerdo mi boca—. Sí, sí… Así.

Gruñe y me besa mientras se mueve contra ese punto que hace que hasta encoja los dedos de los pies.

No deja de moverse hasta que me voy con él dentro.

Nunca me he corrido de esta forma. Aunque, si soy sincera, mi ex siempre me dejaba insatisfecha.

Alguna vez tocaba mi clítoris mientras duraba el acto, pero, por lo general, no.

Cuando se pasan mis espasmos de placer, Kerr sale de mí y me da la vuelta.

Entra en mi cuerpo desde detrás. Mi culo se pega a él con cada embestida y noto cómo mi vagina se contrae por su polla. Acabo de tener el mejor orgasmo de mi vida y ya siento uno de nuevo anidarse en mi sexo.

—Tócate. Tócate mientras te follo este coño que me tiene loco.

Llevo mi mano a mi sexo y me toco el clítoris abultado y mojado. Hago círculos sobre él, mientras sale y entra de mi cuerpo, fuera de sí. Noto cómo el orgasmo se anida entre mis piernas. No creía que fuera posible correrme más de una vez y aquí estoy.

Sus manos se aprietan contra mi trasero. Noto sus dedos clavarse en mi piel.

Nos movemos juntos y, cuando exploto de placer, se deja ir y se corre dentro de mí con fuerza. Noto cómo su semen caliente me llena. Caigo sobre la cama incapaz de moverme.

Kerr se queda quieto y, cuando sale, noto la prueba de su excitación caer por mis muslos.

—Nunca podré olvidar esta imagen. —Pasa los dedos por mi sexo mojado por los dos—. Eres preciosa. Y ahora voy a cuidar de ti.

—No puedo moverme. —Se ríe.

Y lo hace, cuida de mí. Vamos a la ducha. Me lava el cuerpo con cariño y luego vamos a otra cama que tiene las sábanas limpias. Nos acostamos juntos. Yo, con una de sus camisetas de algodón blanca, y él solo con el pantalón del pijama. Lo abrazo y no protesta. Al contrario, me acerca más a él.

—Nunca he dormido con alguien que no fuera Simon.

—Yo solo con Sayer, alguna vez que se ha quedado en mi casa a ver alguna película. Pero nunca me he acostado con alguien que deseara tanto.

—¿Me sigues deseando? —Coge mi cara y me aparta un mechón de pelo. Luego me besa lentamente.

—Te deseo más ahora que sé lo bien que encajamos.

Siento lo mismo y eso me asusta. Esto es solo sexo… Solo sexo increíble. Nada más. Pero, de golpe, la idea de perderlo me angustia.