Melted ice (Ice 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Ginette

Cada vez se apuntan más jugadores a los entrenamientos de las tardes.

Están comentando buscar un entrenador para ello, ya que yo me iré en unos dos meses.

El tiempo pasa muy rápido, y este fin de semana hay partido fuera.

Va a ir solo Simon. Han pedido que vaya uno solo y nos vamos a turnar. Una vez cada uno. Empieza él.

Iré a casa de Amanda a ver el partido.

Ahora estoy sola en el despacho revisando unas cosas. Queremos hacer en la app un grupo donde la gente pueda hablar con otros socios y así comentar los partidos. Por eso, el de informática viene cada dos por tres a enseñarme cosas.

Tocan a la puerta y, aunque sé que es imposible, pienso que puede ser Kerr. No nos hemos visto más allá de los entrenamientos o cuando bajo a hacer fotos. Eso no quita que no piense en él más a menudo de lo que debería o me pregunte si le debería mandar mensajes o no. He borrado cientos.

—¿Puedo pasar? —Miro a mi padrino y le hago señas para que entre—. Quería comentarte una cosa.

Temo que sea de la app , que no estamos haciendo lo suficiente o que algo no va bien.

—Claro, lo que quieras.

—Hay una fiesta la semana que viene, y tu madrina —habla de su mujer— no quiere ir.

Tiene una cena con sus amigas y no quiere aplazarla.

Por eso, me ha pedido que te lo diga. Es para recoger un premio.

Irán algunos jugadores y también mucha gente del deporte.

Creo que es bueno para ti hablar con otros patinadores.

—No sé si…

—Sé que no es fácil, pero has dado un gran paso al estar aquí y ahora al patinar, aunque parezcas un burrito —lo dice por las protecciones y lo entiendo.

Se me hace raro patinar con ellas—. Tu madrina tiene un vestido precioso para ti.

Vamos, dale el gusto. Pasáis la tarde juntas y tú te preparas para venir conmigo.

Así podré presumir de la joven más preciosa del mundo y ella disfruta de la tarde de chicas.

—Si me lo pides así, no puedo negarme.

Sonríe con cariño y me informa que ahora se marcha a una reunión, pero que por mensaje me lo mandará todo. Lo veo irse y escribo a mis padres para decírselo. Al poco, me llama mi madre.

—¿Estás preparada para ver a algunos compañeros? He estado mirando los invitados y a algunos patinadores los conoces.

—No puedo quedarme encerrada si quiero encontrar mi sitio.

—Porque hacer prensa no te gusta.

—A ver, soy muy buena…

—Hija, eres buena en todo lo que te propones. No sabes dejar nada a medias y eres una prodigio, pero eso no cambia que no eres feliz ahí.

—Soy feliz, pero no es lo que quiero a largo plazo.

—Bueno, no te fuerces. Ya llegará.

—Sí, eso pienso. Ahora te dejo, que tengo que retocar unas fotos.

—Dime si el capitán es tan guapo en persona como en las fotos.

—Mucho más… Nunca he conocido a alguien como él. —Justo cuando lo digo, Kerr se apoya en la puerta con la ropa deportiva —. Y lo tengo delante. —Mi madre se ríe por la pillada—. Voy a bajarle los humos antes de que se le suban mucho.

Me despido de mi madre mientras Kerr entra. Lo hace con esa seguridad que me altera y me hace vibrar.

—¿Qué quieres?

—¿Aparte de que me repitas que nunca has conocido a nadie como yo?

—Puede ser en el mal sentido.

—Puede. —Se apoya en la mesa y me mira como si quisiera desnudarme—. Iré esta noche a tomar una cerveza donde nos conocimos. Volamos temprano, pero tal vez te apetezca compartir conmigo unas patatas.

—¿Solo eso?

—Cuando te folle no será a corre prisas, porque me marcho de viaje. Te quiero horas en mi cama, Gin. —Noto cómo el sexo se me contrae. No me besa, pero las ganas están ahí—. Nos vemos luego si te parece, ¿vale?

Lo deja en mis manos y sé que iré de cabeza. No sé qué tiene este hombre que me atrae como las abejas a la miel. Pensar que es tontería implicarse con él justo ahora no mitiga las ganas de ver dónde nos llevará esto. O cuándo se apagará el fuego.

Las palabras con mi madre se repiten en mi mente y pienso en mi ex. En que si seguí a su lado es porque no sé dejar nada a medias. Y tal vez fuera eso. Mi deseo de arreglar una historia que nunca debió tener más de dos capítulos. O porque estaba tan perdida que dejé que me llevara la corriente.

Nadie sabe por lo que estaba pasando por ese entonces.

***

Entro al bar y parece que ha pasado mucho tiempo desde que vine aquí.

Veo a Kerr al fondo con una gorra gris calada hasta los ojos.

Mira la tele. Lleva ropa deportiva y toca el filo del vaso de la cerveza distraído.

Se me seca la boca de lo mucho que lo deseo.

Ando hasta él sintiéndome flotar y, cuando se gira y me mira, más.

Su mirada se vuelve intensa. Penetrante, cargada de promesas que quiere hacerme cuando esté desnuda en su cama.

—Hola. —Me hace señas para que me siente a su lado y pueda ver la tele. Lo hago y, al mirarla, veo que es una competición de patinaje.

—Le he pedido que la ponga.

—Me duele mirarlo.

—Lo intuía, pero así no estás sola viéndolo, ¿no?

El camarero se acerca, nos pone las patatas y me pregunta qué quiero de beber.

Le pido una cerveza sin alcohol. Mojo las patatas distraída en las diferentes salsas.

Cuando veo a las patinadoras girar, se me mueven los pies.

Siento cómo mi cuerpo quiere estar ahí, sentir la adrenalina antes de salir.

—La noche que me caí solo era una exhibición para los Juegos Olímpicos. Podía no haber salido.

—Te conozco lo suficiente para saber que no dejas nada a medias.

—Eso dice mi madre. Y tal vez, por eso, seguí con mi ex, a pesar de sus engaños.

—Tienes que ser más egoísta o saber cuándo no puedes más.

—Lo sé.

Miro la tele y sé que, de haber seguido, podría estar ahí. Ser parte de ese momento. Kerr se da cuenta y me acaricia bajo la mesa. Acerca su nariz a mi oreja.

—Estar conmigo tampoco está tan mal.

—Eres un creído y me inquieta lo bien que me conoces, a pesar de todo.

—Eres un libro abierto. Se nota si algo te gusta o no.

—¿De verdad? —Asiente.

—Si hiciera algo que te incomoda, lo notaría. Si sigo, a pesar de eso… Bueno, ahí puedes llamarme cabrón.

Incómoda, me remuevo en el asiento y a mi mente acuden recuerdos que he querido enterrar bien fuerte.

Cojo varias patatas y Kerr me cuenta cómo van a preparar mañana el partido. Me gusta escucharlo hablar de su equipo y perderme en su boca.

—No me mires así o te beso sin importarme quién nos vea.

—Ya te besé aquí y nadie se dio cuenta.

—Vale, no te beso porque no quiero un polvo rápido. Quiero tomarme mi tiempo. —Sube la mano por dentro de mi camiseta. El roce de sus dedos eriza mi piel.

Aunque no quiere hacer nada, cuando pone el brazo en la mesa, le acaricio. Su respiración se agita. No presto atención a la tele. Quiero memorizarlo a él.

—Gin…, me pones malo. —Deja un beso en mi mejilla—. Es mejor que me vaya. Mañana madrugo y tú me tientas demasiado.

Salgo del banco para dejarlo salir. Luego, me besa lentamente en la mejilla. De una forma que mis pezones se erizan.

—Mucha suerte mañana.

—Escríbeme siempre que quieras. No borres los mensajes.

—No quería agobiarte.

—Tú nunca lo haces.

—¿Ya no soy una adolescente aburrida? —Se acerca a mi oído.

—Eres la mujer a la que quiero follarme por todas partes. —Acaricia mi brazo y se aparta, dejando mi cuerpo jadeante.

Maldice por no poder quedarse y lo veo irse. Regreso a mi sitio y miro la competición. Una pareja sale y baila sincronizada. Juntos. Yo lo hice alguna vez con mi profesor.

—Si me lo pides, por ti volveré a las competiciones.

Nunca se lo pedí.

Ahí debí empezar a ver las señales.