Capítulo 26
Ginette
Entro en la casa de Amanda trayendo un brownie de postre. Para nosotras, porque si Sasha come chocolate por la noche, no hay quien lo duerma. Le digo que lleva helado y lo metemos en el congelador.
Vamos al salón y Sasha no nos deja hablar, quiere ser el centro de atención. Pinto con él mientras Amanda acaba la cena. Acaba justo cuando empieza el partido. Miro hacia la pantalla y veo a Kerr concentrado. Le he escrito para desearle suerte y me ha dado las gracias.
Impresiona verlo en la pantalla y saber que lo has tenido entre tus brazos. Los veo calentar unos minutos. Las posturas contra el hielo parecen obscenas y, lo peor, lo imagino entrando y saliendo de mí. La cámara enfoca a Kerr y este se va hacia las pantallas y guiña un ojo.
—Es un provocador —dice su amiga.
—Lo es, sí.
Me preparo un burrito y Sasha me dice cómo se hace el suyo.
Come de todo y da gusto verlo disfrutar con los diferentes alimentos.
Aun así, su madre le dice veinte veces que no se mueva mientras cena.
Que se quede quieto. Al final, desiste porque no puede más y deja que termine el plato jugando con todo lo que tiene a su alcance.
Kerr mete el primer tanto y los compañeros van a celebrarlo con él.
Señala a la cámara con el dedo como si se lo dedicara a alguien que está mirando. Siento celos, porque esto no lo ha hecho nunca. Y dudo mucho que sea por mí. Pero, cuando gira y hace un giro sobre un pie, como le he enseñado, se me encienden las mejillas. Es por mí. Está loco.
Amanda me mira.
—¿Algo que contar?
—Que Kerr es un provocador.
—Voy a acostar a Sasha, luego necesito un trago y una conversación de mujeres.
Sasha me da un abrazo de buenas noches. Los veo irse y, al poco, mete un tanto el equipo contrario.
Kerr trata de levantar el ánimo del equipo.
Van al primer tiempo de descanso perdiendo por uno de diferencia.
Sasha está follonero y dice que no se quiere dormir.
A Amanda le cuesta mucho dormirlo. Cuando lo logra, saca una botella de vino, el brownie y el helado.
—Van perdiendo —dice tras darle un largo trago al vino. Me pasa la botella.
Niego con la cabeza. Preparo el postre y como mientras ella da varios tragos largos. Luego guarda la botella y se pone a comer. Me dice que tenemos que hablar, pero Sasha se despierta gritando y llorando. Va con él.
Sayer mete un tanto y lo celebra haciendo medio corazón. Es por su hermana y Sasha. El partido acaba y Amanda no ha regresado. Han perdido. Escribo a Kerr mientras recojo todo.
Un gran campeón lo es más cuando pierde con la cabeza alta que cuando gana y recibe aplausos. Solo es una caída, no el final de esta historia.
Al poco me escribe.
Kerr: Lo sé. Te he dedicado un tanto.
¿Por qué? ¿Se lo dedicas a todas las chicas con las que follas?
No hemos follado, solo hemos hecho cochinadas. Tú no eres como el resto. Quería que estuvieras conmigo en el hielo.
Supongo que gracias, pero habéis perdido.
Así nos sabrá mejor la próxima victoria. ¿Estás en tu casa?
No, con Amanda. Me voy a quedar con ella. No la veo bien.
Han ampliado el contrato a su pareja y él ha aceptado quedarse más. Ella esperaba que regresara.
Vaya, no sé qué decir.
No digas nada. Con estar a su lado, ya le haces bien.
Eso haré. Te dejo que celebres la próxima victoria.
Si ganamos, te la dedicaré. Para que vuelvas a ser parte de un triunfo.
Cierro la conversación y cojo el mando para poner en la tele mis competiciones.
No las he visto desde lo que me pasó. De mi caída hay mil vídeos.
De varios ángulos, son los que más visitas tienen.
A la gente le va el morbo. Por eso muchos en redes solo critican o dicen cosas malas, porque la felicidad no vende, solo se envidia y eso no da likes.
La gente te mira sonreír mientras espera que algo te joda la sonrisa y así su vida tenga más sentido.
—Es increíble. —Amanda se sienta a mi lado agotada.
—Me quedo contigo esta noche.
—Gracias. —La abrazo y llora entre mis brazos. No le pregunto por qué. En parte lo sé, está sobrepasada y su pareja, su compañero de vida…, no está aquí.
***
Amanda se quedó torrada en el sofá. Cuando estaba preparando la cama, Sasha se despertó y fui yo.
No se conseguía dormir y me metí con él en la cama.
Al final, me quedé dormida con él. Al despertarme, he ido a la cocina a preparar tortitas para los dos.
He recogido la ropa y la he doblado. Sasha se despierta y lo acompaño al aseo.
—¿Mi madre está muerta? —dice cuando la ve dormida en el sofá.
—Solo muy cansada. —Y de resaca por el vino de ayer—. Vamos a comer tortitas y leche caliente, pero no tienes que hacer ruido. Si te portas bien, pintamos en tu cuarto juntos luego.
—Vale —me dice muy flojito.
Desayunamos y luego vamos a su habitación a pintar. Amanda entra al poco, asustada y agitada.
—Joder, no me he dado cuenta. ¿Qué clase de madre soy?
—La mejor. —Sasha la abraza y le enseña su dibujo.
Yo los miro juntos y me pregunto de qué sirve tener una pareja si, cuando más la necesitas, estás sola.
Antes era por trabajo, pero ahora Amanda trabaja; lo podían trasladar aquí.
Podría quedarse con ellos. Así solo tiene una familia que descuida mientras manda dinero para apagar su conciencia y no hace nada por cambiar las cosas.
Para esto, yo prefiero estar sola. Soy de las que nunca se rinde. Nunca me rendí por mi ex, pero empiezo a ver que, a veces, una retirada a tiempo es una victoria. Si yo esa noche hubiera dicho que no, todo hubiera sido diferente.
Cuando regreso a mi casa, estoy agotada tras un día con Sasha.
No sé cómo aguanta Amanda. Por suerte, tiene a Sayer y a Kerr.
Le he contado, mientras Sasha jugaba con sus amigos en el parque, lo nuestro y ha alzado las cejas.
Le he prometido que solo es sexo, pero ha dicho que de momento, porque Kerr nunca ha llegado tan lejos por nadie.
Tan lejos, si casi no somos nada, pero para él tal vez esto es más que nada.
Estoy hecha un lío. Debería cortar esto antes de que se nos vaya de las manos. El problema es que no puedo. Lo deseo demasiado como para decir hasta aquí. Él es como esa medalla de oro que me esperaba ahí quieta. Es la adrenalina por conquistarla. Ese subidón por sentirla cerca.
Miedo me da que no esté huyendo a tiempo y luego sea tarde.