Capítulo 22
Ginette
No he dormido casi en toda la noche pensando en Kerr.
En su boca. En su cuerpo. En sus manos y en la ternura con la que me besaba o me pasaba el pelo tras la oreja.
No lo esperaba de él. Que fuera tan atento.
Tan cariñoso con sus ligues. Sobre todo, porque mi ex era un capullo.
Casi ni me besaba y el sexo era frío. Saber que luego tenía a otras me hacía sentir de menos.
Me esforzaba por estar preciosa para él, como si fuera una competición contra ellas, cuando yo era su novia.
Era horrible tener siempre la sensación de que no era suficiente para él.
—¿Qué haces ya levantada? —Simon se sienta en el sofá conmigo, donde me tomo un café.
—He hecho cosas guarras con Kerr.
—Vale, dime que queda café. Necesito mucha cafeína para escucharlo todo.
Se sirve una taza de lo que le he dejado en la cafetera y se sienta a mi lado en el sofá. Paso las piernas sobre las suyas mientras le cuento por encima todo.
—Madre mía. Has pasado de no tener nada de sexo a entrar por la puerta grande.
—Ya, es una jodienda que no haya confiado en nadie hasta ahora y con él… Siento que todo está bien.
—Desde la primera noche —apunta al recordar nuestro primer beso—. ¿Esto no fue por lo de ayer?
—Sí y no. No quería sentirme mal y, a su vez, lo deseaba. Mucho. Bailar para él fue muy excitante. Me mira como si no existiera mujer más hermosa que yo.
—No olvides que es un mujeriego.
—Lo sé. Y yo me voy a ir. Es solo sexo y no va a pasar más.
—Ya, claro. Yo digo que sí.
—No, mejor que no. Seguro que Kerr pronto pasa a otra.
—Eso sí. —Miramos pensativos la televisión sin encender. Cojo su mano y acaricio sus magullados nudillos.
—Siento lo de ayer.
—Lo haría mil veces, ya te lo dije por teléfono. —Me mandó un audio cuando se fue. Me dijo que estaba bien, pero que necesitaba estar en casa.
Sé que a veces le pasa y, aunque esté en casa, se encierra en su cuarto. No me habla hasta estar preparado. Por eso lo dejé ir solo. No es la primera vez que se cierra en sí mismo y yo a su lado no pinto nada.
—Ese idiota no debió tocarme el culo.
—No debió, no. Tienes el derecho a bailar y ser jodidamente sexi sin que nadie te quite eso. —Coge mi cara entre sus manos—. Aunque ellos se sientan provocados, no fue tu culpa que te tocaran el culo.
—Lo sé.
Me levanto y me pongo a recoger. Me llama, pero yo ya estoy en mi mundo recogiendo la casa, tratando de olvidar lo que me llevó a fallar esa noche.
Esa noche no debí patinar. Lo sabía, lo sentía…
, pero no supe decir basta porque nadie me explicó que, hasta una joven brillante, con un don, podía romperse.
Pensaba que era tan talentosa que patinaría sin que pasara nada.
Tuve en mis manos mi carrera y me fallé.
Por no entender que a veces decir no es una victoria.
***
Me paso el día preparando todo para los entrenamientos. Busco las mejores opciones para ellos. Qué pasos de mi rutina puedo adaptar a las suyas. Me salta un vídeo de Kerr, en el que han hecho un montaje con sus mejores momentos del partido.
Lo dio todo en la pista y, cuando no estaba en ella, se le ve en el banquillo dando órdenes y animando a sus compañeros.
Es un gran capitán. Paro la imagen en su cara, sudada por el esfuerzo.
Sus ojos parecen más azules que verdes. Es guapo a rabiar y sexi, muy sexi.
Y cada vez descubro más cosas en él que hacen que vea más allá de lo evidente.
Miro su boca y me remuevo incómoda al recordarla entre mis pliegues.
Simon viene tarde y no me dice dónde ha estado.
Suele hacerlo cuando tiene citas con alguien que conoce de una app de citas que usa.
No le gusta contarme nada de su vida sexual.
Yo no he tenido vida sexual desde que lo conozco, pero hoy necesitaba hablar con alguien y él nunca me juzgará.
Viene a mi cama y me abraza mientras miro la película.
—¿Todo bien? —pregunto.
—Sí, solo es que te quiero.
Sus palabras me derriten por dentro y lo abrazo con fuerza. Tengo mucha suerte de tenerlo. De saber que, pase lo que pase en mi vida, él será mi ancla.
***
Salgo a correr a primera hora con Simon. Luego, nos duchamos y nos ponemos en marcha. No cogemos mucho el coche porque es más barato ir en metro. Por eso, nos preparamos un termo de café y nos vamos con tiempo.
Amanda está en el despacho cuando llegamos y tiene pinta de no haber dormido nada.
—Pesadillas. Sasha tenía pesadillas. —Deja caer la cabeza sobre la mesa—. Trabajar cuando no duermes por la noche es muy duro.
Simon le pasa nuestro termo de café y esta da un largo trago.
—Tú descansa un poco. Nosotros te cubrimos.
—¿Ha pasado algo? —Me giro y veo a Kerr con ropa deportiva y su gorra negra bien calada en la puerta.
Esperaba mantener la calma cuando lo viera.
No recordar sus besos, no ansiar su boca y no desear acortar la distancia.
Soy adulta y la gente se acuesta con unos y con otros sin esperar nada.
Esperaba eso, pero estoy fracasando. Le hago un repaso a lo sexi que está y más cuando me mira, dejando la mirada vagar por mis curvas.
¿Las recuerda entre sus manos? Por su sonrisa descarada sé que así es.
—Solo he pasado mala noche —le comenta Amanda—. Nada que no solucione este café tan cargado. Gracias, chicos.
—De nada —responde Simon, sabiendo que nos tocará trabajar sin el chute de cafeína.
—¿Qué querías?
Sonríe y casi siento cómo me toca, aunque no ha hecho nada. Solo sonreír, de esa forma que me debilita las rodillas.
—Os la robo. —Me sonrojo y eso le divierte más—. Coge el móvil para grabar contenido para la aplicación.
Cuando miro a Simon, este me sonríe divertido y sé que se ha dado cuenta de cómo se han acelerado mis latidos, y que yo pensaba que estaba aquí por algo sexual.
Soy idiota, porque quiero ir de mujer que puede tener sexo de una noche y no esperar nada más, pero lo cierto es que, cuando lo sigo, lo devoro con la mirada y me pregunto si tendré oportunidad de hacer más guarradas con él, para que no sea cosa de una sola vez.