Capítulo 21
Kerr
Se pone a bailar ante mí. Parece una diosa.
La miro con la respiración agitada y tiro de ella al reservado, cuando odio no ser el único que lo hace.
Me empuja para que me siente y abre mis piernas.
Se pone a bailar. Mueve sus manos y luego se sube el pelo castaño con una mano mientras contonea las caderas. Estoy ardiendo.
Cuando se pone de culo y echa el cuerpo hacia delante para moverlo, sé que esta noche estaré entre sus piernas lamiendo su coño y bebiéndome todo su placer.
Saco el móvil y pido una limusina. Pagaré lo que haga falta. La llevaría a mi casa, pero no quiero asustarla si vamos a un lugar más serio. Cuando me mira, ya la he pedido. Acerca su boca a la mía. No me besa. Me tienta y luego se sienta sobre mí y se restriega contra mi polla.
—Estás jugando con fuego, Gin…
—Quiero quemarme, olvidarme de sus manos… Contigo me olvido de todo.
Pongo las manos en su cintura mientras baila.
Estoy tan cachondo que aprieto los dedos en sus caderas.
Gime y la escucho, a pesar de la música.
Cuando se acercan algunos compañeros, casi los mando fuera, pero Gin se aleja y se apoya en la barandilla.
No quiere que nadie vea algo más, eso está claro.
Se me hace eterno hasta que me avisan que ya tengo la limusina preparada.
Me levanto y le digo a Ginette que la dejo en su casa.
Salimos de la discoteca. Vamos hasta la limusina por una zona de seguridad para que nadie nos vea salir. Entramos y es privada. No tiene cristal. Directamente, el conductor habla con nosotros si le apretamos a un botón. Le digo que dé vueltas por la ciudad hasta que le avise.
Asiente y entramos dentro.
Cierro la puerta. Nadie puede ver nada de lo que pase dentro. Pongo música y hago que Gin se siente sobre mí.
—Baila —le ordeno. Se estremece y se mueve contra mi dura polla.
Mueve su cuerpo con la música. Llevo la mano al cuello donde el vestido de lentejuelas está atado. Lo desato y veo cómo la prenda cae, dejando al descubierto sus pechos. Jadea cuando beso su cuerpo. No deja de bailar mientras muevo mi lengua por su cuello y su espalda.
Pongo una mano en uno de sus senos y tiro de él, mientras su cuerpo vibra sobre mi polla. Me voy a correr como siga así; sentir su trasero redondeado me está matando.
—¿Cómo de mojada estás, princesa?
—Muy mojada. ¿Lo quieres descubrir, capi?
—Quiero algo mejor. Quiero que te toques y me lo describas.
Echa el cuerpo hacia atrás y baja sus manos por sus pechos. Tira de sus pezones. Me vuelve loco mirarla. Sobre todo, cuando jadea y muerde su boca. Aprieta las piernas. Elevo mi cuerpo hacia arriba y nota mi polla dura contra su trasero.
—¿La quieres dentro?
—Hoy no. —Noto miedo en su voz.
—Te daré todo lo que quieras. Y ahora, tócate. Quiero tus dedos mojados ya.
Sus pezones se erizan más por mi orden. Joder, esto no debería gustarme tanto. No debería estar aquí con ella, lo sé. Esto solo va a complicarlo todo. El problema es que con ella soy muy débil.
Veo cómo adentra la mano entre sus piernas. Se toca sobre la ropa interior. La falda se le sube y veo su tanga semitransparente blanco. Eso no lo esperaba. Mueve los dedos por esa tela, de ese color tan virginal, en un cuerpo hecho para el placer.
Pasa los dedos por la prenda. Me duele la polla de apretarse dura contra el pantalón.
—¿Cómo está tu coño?
—Muy mojado.
—¿Sabes que mi lengua va a estar entre tus pliegues?
—Sí. —Sube y baja los dedos. Y veo el lacito blanco de su ropa interior.
—Joder, nunca creí que un lacito me pusiera tanto. —Gin sonríe y baja un poco el lacito para que vea su sexo rasurado. Luego mete la mano dentro—. Me pones muy cachondo y tú estás muy necesitada, ¿verdad?
—Mucho. Quiero tu lengua aquí. Mi ex nunca me lo comió… Nadie ha puesto su boca aquí. —Baja más la tela y veo lo mojado que está—. Kerr… —suplica cuando mete los dedos un poco dentro de ella.
—No puedo más. Necesito probarte.
Esto es demasiado para mí. La levanto. Por suerte, esta limusina es alta y de sillones anchos, y tiene uno largo.
Me tumbo en el largo y le hago señas para que venga.
—¿Dónde me quieres?
—En mi cara. Ya lo sabes. Pero antes, deshazte del tanga.
Tira de las gomas del tanga hasta quitárselo. Luego se desprende de los zapatos y, con el vestido apenas cubriendo su cuerpo, se acerca. Subo mi mano por el interior de sus muslos y levanto la tela para ver su perlado sexo. Es precioso. Y está sonrojado y empapado.
—Te mueres por tener mi lengua aquí. —Paso un dedo por su clítoris y luego por su vagina. Meto el dedo dentro, hasta donde me da cabida—. Un día te la meteré hasta el fondo.
Su sexo se contrae. Noto cómo late ante la idea.
—¿Te pone saber que vas a ser el primero en probarme? —Es una provocadora y le gusta ver cómo me excito.
—Hasta que te conocí, me ponían las mujeres expertas… Ahora me excito solo con pensar que nadie nunca te ha saboreado. Me gusta mucho ser el primero en comerte el coño.
Jadea y noto cómo su sexo se contrae.
Saco la mano y le hago señas para que me monte la cara mientras damos vueltas por Chicago. Coqueta, se sienta sobre mí, pone su sexo empapado en mi cara. Es preciosa. Esto es precioso. Se me hace la boca agua con solo imaginar su sabor.
Saco la lengua y doy una rápida lamida de arriba abajo. Jadea fuerte. Su sabor me explota en las papilas, y quiero más. No tengo suficiente. Es adictivo.
Abro los pliegues con mis dedos y paso la lengua por su sexo. Una y otra vez. Tira de mi pelo. Se mueve. Me folla la cara como una gatita en celo.
—¿Te gusta, princesa?
—Me encanta. —La miro, con la cabeza entre sus piernas, y veo cómo sus preciosas tetas rebotan contra su cuerpo. Se retuerce. Tiembla y presiona los muslos contra mi cara cuando no puede más—. Kerr…, por favor —suplica.
—¿Es como te imaginabas que sería tener a un hombre entre tus piernas?
—Es mejor. Mi ex nunca habría podido estar a la altura. —Soplo y se estremece—. Más, por favor.
Lo hago de nuevo y luego la lamo de arriba abajo mientras se contonea. Tiro de su clítoris con mis dientes y después la chupo haciendo círculos. Estoy a punto de explotar y ella ni me ha tocado.
Meto la lengua todo lo que puedo mientras toco su culo y la muevo para adentrarme todo lo que pueda dentro. Esto es el paraíso. Me encanta comer coños, pero no recuerdo uno que me embriagara de esta manera.
—Quiero comerte… Quiero probar una cosa. —Nos miramos y la dejo hacer. Creo que ahora mismo podría bajarle la luna, si me lo pidiera.
Se gira de forma que ahora tengo su culo en mi cara. Ese culazo que me vuelve loco.
Tira de mi cinturón y, a continuación, me baja la cremallera hasta que libera mi miembro. Lo toca con la mano y me olvido de mi nombre.
Ginette
Esto es demasiado. Nunca he hecho nada así.
Algo tan guarro. Que me hiciera vibrar de esta forma.
Ansío correrme, pero, a su vez, no deseo que este subidón acabe nunca.
Mi ex no quería hacerlo y, la verdad, yo no confiaba tanto en él para experimentar mis más oscuros deseos.
Aceptaba lo que me daba y luego me quedaba insatisfecha.
Ahora sé por qué. Nunca me hizo sentir tan dueña de mi cuerpo. Tan sexual.
Kerr me hace sentir especial. Es como si tocarme fuera el paraíso.
Kerr lame mi sexo de arriba abajo. Su lengua me devora el sexo mientras muevo la mano por su polla.
Es grande, dura y llena de venas. La imagino dentro de mi sexo, tocando cada parte sensible de mi vagina.
Aprieto los muslos solo ante la idea de que se haga realidad.
Doy besos, primero a su tatuaje del fénix, y su cuerpo se contrae por mi boca, por lo que le produce sentirla sobre su piel. Luego, paso la lengua por su longitud.
Lamo la punta suave. Está salada. Me encanta su sabor.
Quiero más.
Me la meto todo lo que puedo y siento ganas de vomitar.
Trago y entra más. Kerr maldice mientras mete un par de dedos dentro y me folla con fuerza, mientras su lengua no me da tregua.
Hago lo mismo y lo follo con mi boca, disfrutando de esto.
Cuando se lo hacía a mi ex, solo pensaba en que se corriera para que me dejara en paz.
Con Kerr quiero esto. Me gusta su sabor, cómo se mueve.
—¿Te gusta que mi polla te folle la boca?
—Mucho —digo cuando la saco. Luego subo y bajo la mano mojada por mí—. Kerr…
Lame mi sexo y después me da un azote excitante. Casi me corro y lo repite.
—Eres preciosa. Tu culo me pone mucho y verlo sonrosado me encanta.
Me lame todo sin descanso una y otra vez, antes de abrir mi vagina y meter la lengua dentro. Tomo aire y me meto su polla dentro. Subo y bajo. Son demasiadas sensaciones nuevas.
No dejo de mover la cabeza. Siento que me voy a correr y gimoteo.
—¿Te quieres correr?
—¡Sí!
—Pues hazlo, princesa.
Hace círculos con su lengua en mi clítoris mientras mete y saca los dedos con fuerza. Le como la polla hasta que me dice que, si sigo, se corre. No me detengo. Me corro con fuerza en su cara, al tiempo que él se corre en mi garganta.
Me lo trago todo. Da un azote en mi culo y nos mueve para que mi cuerpo caiga sobre el suyo, agotado. Entonces, me besa lentamente. Mi sabor y el suyo se mezclan en el beso. Es guarro y excitante.
—Eres preciosa. —Acaricia mi mejilla con ternura.
Sus palabras me calan hondo. Nunca nadie me ha mirado así, como si, al mirarme, no pudiera dejar de perderse en mí, una y otra vez; como si contemplara algo increíble y bello. Eso hace que me sienta dichosa ante sus palabras y sus caricias.
No me suelta mientras encuentro las fuerzas.
No esperaba esto de él, tras este momento íntimo entre los dos.
Pensaba que, tras el sexo, cada uno seguiría por su lado.
Y tal vez sea así con otras, pero me importa cómo es conmigo.
No quiero más con él. No puede ser. Necesito irme, saber dónde está mi camino y no esperar nada de nadie, y menos de alguien como Kerr.
No estoy preparada para estar ligada a alguien como él, que tiene una vida diferente a la mía y que nunca ha tenido pareja. Esto solo es sexo y es mejor dejarlo claro a él y a mí.
—¿Tienes hambre?
—Un poco. —Me apoyo en su torso y lo miro—. Solo es sexo.
—Vale, aclarado eso, ¿dulce o salado? —Lo miro, no sé si enfadada o aliviada de que no quiera que le prometa exclusividad o algo serio.
—Dulce —le respondo mientras me levanto y arreglo la ropa para sentarme en el otro sofá.
Acabo de tener el mejor orgasmo de toda mi vida, y eso que el del otro día, en el ascensor, tenía ese puesto hasta ahora. Pero su boca… Joder, su boca entre mis muslos, lamiéndome como si le gustara de verdad, ha sido increíble.
Kerr le dice algo al conductor por el altavoz, luego se sienta a mi lado y me coge para ponerme sobre él.
—Deja de dar vueltas a todo. Sé que te vas a ir y esto es solo sexo.
—Que no se va a repetir nunca más.
Se queda callado mientras acaricia mi espalda, distraído.
Lo miro y asiente. No dice más, pero me besa en la frente dulcemente.
Luego, cuando llegamos, sale a por unos helados y regresa con ellos.
De nuevo, la limusina se pone en marcha y disfrutamos del helado mientras vemos la ciudad pasar por la cristalera del techo.
—¿Te imaginas si alguien se ha asomado y nos ha visto…?
—¿Haciendo el sesenta y nueve? —Parece divertido por mi sonrojo—. Nadie nos ha visto. Están tintados. No pensaba dejar que nadie te viera. Te quería solo para mí.
Sus palabras me calan hondo. Nerviosa, lo miro y me besa en la nariz.
—Solo sexo, Gin. No te agobies.
Más relajada, disfruto del helado con él. Y disfruto de él. Me gusta cada vez más estar a su lado. Sentirlo cerca y tocarlo. Mucho más. Estar a su lado empieza a ser adictivo y eso me da miedo. Sobre todo, porque, aunque me he corrido con fuerza en su boca, mi cuerpo ansía más.
Esto no es bueno.