Melted ice (Ice 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Kerr

Me siento mejor con los masajes y la preparación. Ejercito más la parte derecha y en el hielo no siento esa pequeña punzada a la que no le daba importancia, pero me hacía dejar todo el peso caer en el lado izquierdo.

Estamos entrenando. Tenemos partido en casa, ya de la liga, en unos días.

Se nota en el ambiente. En las ganas de empezar y demostrar que estamos aquí para ser los mejores.

Miro hacia las gradas donde está Ginette.

No tiene buena cara y su padrino ha estado sentado con ella un rato.

Algo le ha dicho que no le ha gustado. Por eso, me acerco al vidrio donde ella está y lo golpeo.

—Te espero al acabar el entrenamiento en el hielo.

—¿Por qué?

—Para que me mires el culo mientras patino. —Bufa, pero no se niega.

No hemos hablado mucho desde que fui a su casa con las galletas.

Estaba nervioso y necesitaba ver que ella estaba bien.

La imagen de su cabeza golpeando el hielo me quitó la respiración.

El problema es que la vi perfecta y jodidamente sexi con esa camiseta vieja, seguramente de Simon.

Que llevara la camiseta de su amigo me molestó y más porque no llevaba sujetador y sus pezones se frotaban con la tela.

No besarla fue una hazaña. Por eso, me marché antes de cometer un error.

Ella no es una chica cualquiera que conozco en una fiesta y no volveré a ver.

Va a estar aquí más de dos meses. La voy a ver casi cada día.

Ir más allá de lo que pasó en el ascensor solo complicaría las cosas.

Y todo en ella son señales rojas, para que no me acerque más.

Por mucho que sea mirarla y ser capaz de fundir el hielo recordando su boca y su coño apretando mis dedos cuando se corrió en ellos.

La espero cerca de la entrada al hielo. Entra con esa sudadera que le queda enorme y las mallas. Lleva unos patines de alquiler. Debería tener los suyos. Seguramente tenga de todo, pero son recuerdos de un pasado que no va a volver.

—Vamos a calentar.

Patinamos y hacemos estiramientos. Yo ya los hice, pero me he estado informando de cómo patinar y qué estiramientos hacer para que le duela menos la lesión. No se lo digo, pero me sigue con todo lo que le digo. No soy solo el capitán por ser el más veterano. Me he ganado a pulso este lugar.

—El otro día no debiste hacer todo eso sin calentar. Pudiste haberte hecho mucho daño.

—Lo sé, pero quería cerraros la boca. Sobre todo a tu preparador físico.

—Lo han despedido. Tu padrino no quiere en su equipo a incompetentes.

—Ya. —Hace un mohín.

—¿Qué te ha dicho?

—Que la app no avanza y no sé qué más subir.

—He estado informándome sobre el patinaje artístico y algunos jugadores de NHL recurren a él para perfeccionar su juego. Se benefician de sus técnicas. Enséñame.

—¿Quieres que te enseñe?

—Bueno, quiero ser el mejor y no, no vas a ser patinadora artística, pero puedes ser entrenadora, ayudar a otras personas a llegar a lo más alto.

—No sé si quiero eso. Si puedo estar a su lado, celebrando un triunfo, sabiendo que yo podría estar ahí. Soy una egoísta.

—No, creo que no tuviste tiempo de despedirte o de intentarlo. Y ahora dame algunos consejos.

Duda, pero luego patinamos juntos y pasamos por la portería. Me habla de confianza. Hace varios giros y contengo el aliento con cada uno de ellos. Su rodilla no le permite ser oro, pero se nota que nació para ser la mejor.

—Y ahora grábame.

—Lo haces muy mal. Esos giros no son finos…

—No queremos que la gente vea lo perfecto que seré en la app, sino que vean cómo me esfuerzo para ser el mejor. Si no ven lo malo que soy, no verán lo que me ha costado avanzar. —Muerde su boca y quiero besarla. Lo nota. Por eso va hasta su móvil y entra con él.

—Kerr quiere que le enseñe patinaje artístico. —Se graba y pone caras—. No creo que este grandullón sepa patinar con estilo. ¿Y vosotros? Vamos a ver cómo va tras una clase.

Hago lo que me ha dicho y me enredo las piernas. Se ríe y lo intento, una y otra vez. Me caigo y viene hasta mí.

—Primera clase superada. Tenemos mucho trabajo, capi.

Su forma de llamarme capi me la pone dura y no debería. Y menos sentado en el suelo.

Me tiende la mano y se la cojo.

—Te va a costar —me dice mientras regresamos a los vestuarios.

Al entrar, se sienta y se frota la rodilla. Me quito los patines y me arrodillo para darle un masaje.

—¿Te duele?

—No mucho, pero me recuerda que no soy la misma. Y, joder, amo patinar.

—Poco a poco.

Asiente y acaricio el interior de sus muslos. Esto no es un masaje. Lo sé, pero no tocarla es complicado cuando está sudada y jadeante a pocos centímetros de mi boca.

—Es mejor que me marche a dar esto a Simon. Es bueno… Gracias por esto. Amanda lo agradecerá.

—No lo hice solo por ella.

—Mejor que sea solo por ella. Ella seguirá aquí y yo no.

Veo el deseo de irse, de huir, de apartarse de todo lo que le recuerda a su pasado. La dejo y pienso en el marrón que tengo. Desearla no entraba en mis planes, a pesar de que la primera vez que la vi no pude evitar acercarme.

Hay algo en ella, algo que me invita a orbitar cerca de ella sin parar.

***

Entro en la casa de Sayer y Amanda viene en cuanto me escucha. Desde que está trabajando tiene mejor cara. Hacer algo más que cuidar a Sasha le hace recordar cómo es ella como mujer.

—Gracias por el vídeo. La gente se ha vuelto loca.

—Miro la felicidad en sus ojos—. Y no ha tardado mucho en saberse que la patinadora era la joven prodigio del patinaje Ginette Campbell.

Creo que ella, cuando mostró su cara, no esperaba que la reconociera nadie.

Pero un usuario ha tirado del hilo y mucha gente se ha metido en la app para veros.

El tener vídeos que no se pueden sacar de la aplicación hace que la curiosidad les haga al menos pagar un mes. —Toma aire, tras soltar todo esto.

—Bueno, algo había que hacer. Y no soy el primero de la NHL que lo hace.

—De hecho, yo me voy a apuntar. —Sayer sonríe y le digo que vale.

No escucho a Sasha y, cuando lo veo con el móvil de Sayer, ya sé por qué.

—Lo sé, no debería usar ese trasto para que se calme, pero hoy ha sido superior a mí. No quería comer ni merendar. Solo gritar y enfadarse, y ni Sayer conseguía relajarlo.

—Algo lo debe inquietar.

—Bueno, ayer hablamos con su padre en videollamada. Cada vez lleva peor verlo y no tenerlo cerca. Y lo peor es que a veces comenta que no se acuerda de cómo es ver a papá en persona. Hace mucho que no lo vemos, que es más una figura que está ahí. —Los ojos de Amanda se llenan de angustia.

—Anda, descansa un poco —le pide Sayer y le da un beso en la frente. No sabe qué más decirle, o cómo callarse un día más que su novio es un gilipollas.

Es duro mirar hacia otro lado porque sabes que dar voz a lo que piensas solo causará más dolor.

Convencemos al pequeño de jugar con él, mientras Amanda descansa un poco.

La veo escribiendo a Simon y Gin. Han hecho un grupo y, por la sonrisa de Amanda, le gusta mucho hablar con ellos.

Cómo se quedó embarazada tan joven; eso le hizo perder sus amistades.

Ellas querían ir de fiesta y Amanda no podía.

Poco a poco, se fueron alejando de ella y más cuando nació Sasha, y Amanda no podía quedar tanto porque Sasha la absorbía demasiado.

No escribo a Ginette hasta que estoy en mi casa y le pregunto qué tal está, porque ahora todo el mundo sabe que me va a entrenar a mí y a varios compañeros que me han dicho que se quieren apuntar.

Ginette: Presión, mucha presión. No lo pensé al sacar mi cara… No lo pensé, pero hasta mi padrino me ha felicitado y mis padres están emocionados de que haya vuelto a patinar. Tengo que seguir adelante.

Quién sabe, lo mismo con esto consigues no solo salvar la app, sino salvarte a ti y encontrar tu camino.

Quién sabe. Buenas noches, capi.

Buenas noches, princesa.

Entro en mis redes y voy a su perfil de Instagram.

Tiene fotos y vídeos patinando. Esas tienen millones de visualizaciones y luego, tras su cambio, perdió también todo eso.

No tiene ni cincuenta mil seguidores. Sus vídeos los ve poca gente.

Ella sube otras cosas. De lo que come, sus viajes, un abrazo con Simon…

Pero ya nada más de patinaje, aunque lo ama.

No sé si esta idea la va a ayudar o a destrozar más. Y, aunque me encantaría decir que no me importa, sí lo hace. Ella me empieza a importar y que sufra no me es indiferente.