Melted ice (Ice 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

Kerr

El partido ha ido increíble, una prueba más de que vamos a empezar la pretemporada fuertes. Voy hasta la zona donde puedo darme un baño de hielo. Me han dado una paliza y necesito unos segundos ahí. Lo necesito para reducir mis agujetas o mañana estaré hecho una mierda.

De camino, veo a Ginette y le digo que me siga. Pone mala cara, pero lo hace para la app. Amanda está preocupada porque han subido los suscriptores, pero no tantos como para conseguir que se afiance la aplicación y no la cierren cuando Ginette y Simon se marchen.

—Voy a darme un baño de hielo.

—Me parece bien. Así mañana no estarás destrozado.

Entramos a la sala donde hay varias bañeras blancas. La mujer encargada de esto prepara una, mientras yo me marcho a ponerme un bañador. Ginette se queda fuera esperando para grabarme. Salgo y ya está todo listo para mi baño.

Graba mientras entro a la fría bañera. Noto cómo me va quemando la piel. Es una sensación rara porque sientes frío y, a la vez, fuego. El aire se te va de los pulmones un instante mientras el hielo te congela hasta el alma.

Cuando estoy dentro, Ginette hace varios planos y luego guarda el móvil. La mujer se ha ido y estamos solos.

—¿Has hecho esto alguna vez? —Asiente; una pista más de que tuvo algo que ver con el deporte—. Ahora te puedo asegurar que no se me levanta.

—¿En serio, Kerr?

—Si no bromeo, me voy a morir congelado. Odio estos baños, pero es lo que mejor me calma tras un duro partido.

—Sí, el de hoy ha sido muy duro y eso que era amistoso.

—Este equipo nos odia desde hace tiempo. El capitán antes era parte de nuestro equipo y no se tomó bien el traslado.

—Eso explica por qué te han querido hacer picadillo.

Nos miramos a los ojos y saca el móvil para grabarme. Cuando lo guarda, está sonrojada y quiero saber qué ha visto, aparte de a mí, medio en pelotas. A pesar del frío, su mirada cargada de deseo podría hacer que derrita esta bañera.

Mete la mano en el agua.

—Está más fría de lo que recordaba.

—Puedes meterte conmigo.

—En tus sueños, Kerr.

—Cómo lo sabes, no he dejado de soñar contigo desde esa noche.

—Por cómo lo dices, parece que te molesta.

—Mucho. —Mueve la mano por el agua y se la cojo—. No dejo de pensar en el ascensor. En tu carita cuando estabas a punto de correrte. —Juego con sus dedos—. En tu coño apretándome.

—Kerr…, eso no pasó.

—Podemos hacernos los tontos, pero eso pasó y sigue ahí cada vez que me miras.

Nos observamos con intensidad y su fuego me calienta. Aparta la mano cuando regresa la mujer y me dice que tengo que salir.

—¿Le doy a grabar? —Ginette se sonroja. Joder, piensa que hay un pequeño problema que se verá en cámara si salgo en pelotas.

Asiento. La deseo, pero esto está tan helado que ahora mismo no corro peligro de que nadie vea cuánto me excita esta mujer.

Salgo y Ginette me mira tras el móvil. Hasta ahí todo bien, hasta que me fijo en cómo su respiración se agita y cómo aprieta los muslos.

Está tan necesitada como yo de sexo. De volver a donde lo dejamos y perdernos de nuevo el uno en el otro.

Cojo la toalla para que en el vídeo no se note lo rápido que se me está poniendo dura tras el hielo.

Voy hasta los albornoces y le digo que me siga para grabar. Lo hace y, cuando estamos lejos de miradas indiscretas, me acerco a ella y busco su boca. El móvil se cae mientras su boca asalta la mía.

—Kerr, esto no está bien —dice, al tiempo que sube las manos por mi torso.

Bajo la cabeza por la curva de su cuello y la beso. Quiero resistirme, pero me desea demasiado; como yo a ella. Escuchamos voces y me separo. Joder, se me va la cabeza cuando se trata de ella.

Me pongo un albornoz y, con la miel de sus labios aún en mi boca, la escucho recoger el móvil y marcharse. Es lo mejor.

Ginette

Entro en la sala de prensa agitada y muy, muy excitada.

Tener a Kerr delante, solo con un bañador negro tipo bóxer, ha sido demasiado para mis feromonas.

Lo deseo tanto que me duele y, cuando me besó, casi le supliqué que hiciera conmigo lo que quisiera sin importarme quién podría pillarnos.

Solo deseaba sus manos por todas partes, calmando un fuego que yo sola no puedo.

Simon entra y se sienta a mi lado. Le pregunto qué tal todo y dice que bien, pero se guarda algo.

Como siempre. Graba un poco de la rueda de prensa y le digo de cenar unos perritos; tras cambiarnos, podríamos ir al pub , por si grabamos algo interesante.

Como esperaba, asiente y luego sigue grabando.

Hace zoom a Sayer. Da muy bien en cámara.

Sayer es atractivo a más no poder. Sus ojos verdes quedan muy bien en cámara y las puntas rubias de su pelo han empezado a secarse. Normal que la gente suspire por él.

Aunque yo solo tengo ojos para Kerr.

Para mi desgracia.

***

Vamos hasta el pub y la música no tarda en tirar de mi cuerpo. Desde niña, me ha encantado bailar. Dejar que la música fluya por mis venas. Eso hace que me meta en mi mundo.

Bailo para Simon. Hasta que un idiota trata de tocarme y me acerca a él.

Cuando me separo, un hombre se nos acerca y habla con Simon. Le digo que voy al cuarto de baño como excusa para dejarlos solos. En vez de ir al aseo, me marcho hasta la barra. No voy a pedirme nada, pero quiero dar espacio a mi amigo.

Al poco, me dice un empleado que lo siga a la zona VIP. Lo hago, porque no veo salir a Simon y no sé dónde ir sola. Al subir, veo a Kerr en la barra, mirándome. Está claro que él ha sido quien ha mandado que me busquen.

Ando hasta él, sin querer mirar esa boca que me tienta. O esas manos que ansío bajo mi vestido.

—Admite que estás tan necesitada como yo y nos perdemos a un lugar más tranquilo. —Me pasa su bebida—. Es solo un refresco —dice cuando dudo.

—No voy a ceder. —Doy un trago sentada a su lado—.

No me atraes tanto como para irme contigo a un sitio más íntimo.

— Sonríe de medio lado dejando claro que no me cree—.

¿No bebes alcohol, por alguna razón? Me he fijado en que nunca pides.

Yo no bebo alcohol tampoco. Bueno, ya te has fijado.

—Asiente—. Si no quieres responder, no lo hagas.

—No habla, se queda callado evaluando hasta dónde contarme.

—No me gusta mucho hacerlo desde hace años —confiesa—. Antes salía de fiesta y me bebía hasta el agua de los floreros. Luego estaba hecho una mierda y cada vez me fue pesando más la recuperación al día siguiente.

—Claro, es que eres un viejete. —Sonríe y juego con su copa mientras Kerr pide otra igual para dejar que yo me tome esta, tranquila.

Es algo que creo que hace sin darse cuenta: el cuidar a la gente que le rodea. La primera vez que nos vimos fue igual. Pidió cosas para que yo disfrutara.

—Quería odiarte —admito y eso le hace reír—. No, de verdad. Fuiste tan capullo que pensé: «se va a cagar, porque voy a ser la mejor».

—¿Qué ha cambiado?

—Que en tu lugar habría hecho lo mismo y eso hace que, bueno, te admire por ser fiel a tus amigos.

Choca su copa con la mía.

—Eso siempre. Pero no has respondido a mi otra pregunta.

—Pensaba que se te había olvidado.

—Tal vez solo si me dejaras besarte, pero, como intuyo que no será el caso, dudo que nada me lo haga olvidar.

—Primero, no te voy a volver a besar. —Me mira dejando claro que seguro que un día me tragaré mis palabras—.

Y segundo… Bueno, mi primer año de universidad fue…

complicado. No salía de fiesta, pero yo me montaba mis propias fiestas.

Hasta que toqué fondo y casi tuve un coma etílico.

Si no llega a ser por Simon, no sé si estaría aquí.

—¿Desde cuándo lo conoces?

—Desde la universidad. Éramos compañeros de clase.

—Querías beber para olvidar.

—Sí, cuando bebía, mi mente me daba un instante de paz. Era adictivo no pensar, no sentir nada.

—Pero luego todo vuelve cuando se te pasa la borrachera con mucha más fuerza.

—Mucha más y, tras lo que me pasó, me dio miedo. Miedo de no controlar. Lo dejé de golpe. Fue una mierda, pero la cara de terror de Simon se me quedó grabada, a pesar de todo lo que había bebido.

Ponen una canción que me gusta y me alejo para bailarla. Me he abierto a Kerr más de lo que lo he hecho con nadie en mucho tiempo. Eso me preocupa e inquieta, porque, si solo fuera atracción, no me sentiría tan cómoda a su lado hablando de cosas tan horribles y vergonzosas.

Kerr no deja de mirarme mientras bailo. Aunque Basile se me acerca y bailo con él, son las manos de Kerr las que siento por mi cuerpo.

Voy hacia la barra evitando a Kerr y cuando Simon regresa, le digo de irnos. Él acepta. Parece agitado y nervioso. Si ha pasado algo con ese hombre, no ha sido bueno. No me giro para mirar a Kerr antes de irme, pero siento sus ojos azules puestos en mí.

Al salir el fresco de la noche, nos hace apretarnos hasta llegar a casa. Simon no comenta nada y yo tampoco le digo lo de mi beso con Kerr. Tras cambiarme, salgo a la cocina y lo veo duchado tomando un vaso de agua. No lleva camiseta y su cuerpo fibrado es una delicia para la vista.

Ando hasta él y lo abrazo por detrás.

—Sabes que puedes contarme lo que sea.

—Lo sé. —Pasa su mano por mi brazo y nos quedamos así: abrazados y sintiendo al otro—. Buenas noches, Gin. —Se gira y me besa en la frente.

Oculta algo. Algo le preocupa o tal vez su lío de esta noche lo ha dejado frío. Como siempre. Ando hasta mi cama preocupada por mi mejor amigo. Al acostarme, veo que tengo un mensaje de Kerr. ¿Qué quiere ahora?

Kerr: Lo importante no es cómo te caíste. Es cómo tuviste la fuerza para levantarte y ser más fuerte. Buenas noches, Gin.

Buenas noches, capi…

Muerdo mi boca y casi lo escucho gruñir, por llamarlo así. Sé que le gusta. Que le pone y, saberlo, me excita. Mierda. Otra noche que, si quiero dormir, tengo que recurrir a mis manos, pensando en él y en su beso.