Capítulo 14
Ginette
Antes de que empiece la temporada, habrá un partido en casa. Por eso, ahora estoy mirando los entrenamientos con Amanda para ver qué ideas podemos coger para la app.
—Esta tarde voy a ir al cine —nos informa Simon—. ¿Alguna se apunta? —Sonríe cuando niego con fuerza con la cabeza.
—Yo tengo que cuidar de mi trasto. —Simon saca un dragón de papel—. Gracias, le va a encantar.
—De nada.
Miramos al hielo y siento esa punzada de saber que no hace muchos años yo estaba ahí, bajo los focos. Intento avanzar, seguir adelante, pero algo me retiene en ese fatídico día. Tal vez la certeza de que fue mi culpa.
—Voy a ver si hago buenas tomas.
Voy hasta el banquillo. Entro al tiempo que Kerr se sienta. Lo grabo y sonríe. Luego me comenta algunas jugadas para el partido. Nada que pueda perjudicarles.
—¿Soñabas con ser capitán? —Se queda mirando el hielo y creo que no va a contestar.
—Mi padre era capitán del equipo en el instituto; lo llevo en la sangre. —Sonríe y noto cómo la sonrisa no le alcanza los ojos.
—¿Y tú? ¿Tú querías ser el capitán? —Nos miramos a los ojos y bajo el móvil—. Lo siento, tal vez no debí preguntar eso. Lo borro. —Asiente.
—Borra todo. —Le digo que vale—. ¿Por qué te has rebajado el sueldo por una extraña?
Intuía que Amanda lo sabía todo, y ahora ya lo he confirmado. Es muy buena periodista. No se le escapa una, al parecer.
—Era lo justo. Aunque claro, tengo el dinero de mis padres ricos…
—También sé que tu padre es el chófer del señor Steward.
—Ya no soy una princesa.
—Para mí, sí. —Algo se acelera en mi pecho; sobre todo, por cómo me observa—. Mira, lo siento, me equivoqué contigo.
—No pasa nada.
—Sí, pasa. Ahora no tengo nada contra ti. —Parece molesto por esto.
—Bueno, mi edad sigue siendo la misma.
—Ojalá me siguiera importando tu edad. —Se marcha dentro para seguir con el entrenamiento.
No sé qué ha querido decir con eso y tampoco tengo nada para la app.
Al acabar, regresamos al despacho y miramos lo que tenemos, algo desanimados.
Me meto en internet e investigo al padre de Kerr para saber qué ha querido decir.
Salen pocas fotos, y las que salen son de un reportaje de Kerr, cuando dijo que se lo debía a su padre.
Sale su padre en algunas fotos del instituto y luego en la universidad.
Se lesionó y no pudo llegar a las grandes ligas.
Casi tocó el éxito… y todo quedó en eso.
Veo una foto de Kerr de pequeño con su padre animándolo desde las gradas. Estaba haciendo hockey sobre ruedas. Por un momento, me pregunto si este es el sueño de Kerr o de su padre. Aunque lo he visto y sé que ama esto.
Pero he contemplado algo oscuro pasar por su mirada.
Apago el móvil a la hora de irnos, sabiendo que me gustaría saber más de esta historia, solo por mi lado cotilla y no porque Kerr me importe más allá de una atracción sexual.
***
Al final, Simon se ha ido al cine solo, a ver una película de autor que a mí no me gustaba.
No le he dicho nada de lo que ha pasado.
Ahora estoy sola pasando con el dedo sus fotos del cine, en nuestra conversación.
Ha comprado las palomitas grandes. La siguiente foto es de su cara de sorpresa y me informa que Sayer acaba de entrar.
Simon: ¿Qué hace en el cine?
Dile que comparta ese cubo enorme de palomitas.
Ya, claro, qué va a querer… No, mejor me las como solo y salgo rodando.
Puedes grabarlo para redes.
Tampoco…
Se está acercando.
Joder…
Vale, se ha sentado a mi lado. Vamos a ver la película juntos.
Disfruta.
No me cuenta más. Miro una serie y leo un libro; las dos cosas a la vez.
Cuando Simon aparece, me dice que todo bien y se mete en su cuarto.
Odio cuando hace eso. Cuando se encierra en sí mismo, como si no confiara en mí.
O como si algo le inquietara hasta el punto de no encontrar las palabras para hablar de ello.
Si no insisto, es porque yo también tengo mis secretos y no se puede exigir lo que no se espera dar.
***
—¿Entonces, no es tu novio? —me pregunta Basile mientras estoy en el vestuario. Estamos solos los dos. El resto han salido ya, pero él sigue aquí y quiero grabarlo en la soledad del lugar.
—No, no es mi novio.
—Ah, tengo una amiga. Bueno, no es una amiga. He quedado con unas chicas. Si le digo de quedar, ¿se apuntaría? Odio cuando las tías me dicen que traiga amigos. Aquiles se une, pero me falta uno más.
—¿Uno más para qué? —indaga Simon, que ha entrado seguramente a ver por qué tardo tanto, y es que Basile se está tomando su tiempo para ponerse los protectores. Yo estoy de espaldas.
—Para quedar con unas chicas. Como Gin no es tu novia… ¿Te vienes conmigo? He visto una foto de ellas y están muy buenas.
—No, gracias.
—Vamos, Simon. Eres muy guapo, seguro que mojas. —Simon me mira antes de confesar la verdad.
—Me gustan los hombres. —Se sonroja y espera el rechazo de Basile.
—Ah, vale, pues cuando quede con tíos, te aviso. A mí es que me gustan los dos tipos. —Y ya está. Basile se lo ha tomado genial. Me encanta cuando eso pasa—. Ya te puedes girar, Ginette.
Lo hago y le hago varias tomas poniéndose lo que falta. Sonríe a la cámara y se marcha.
—Sabes que se va a correr la voz.
—Yo no tengo nada que ocultar. Me la suda lo que piensen; ya pasé por el miedo de tener que sentir que hago algo malo por mis preferencias sexuales. Soy Simon Taylor y quien ve algo más, aparte de eso, es quien tiene un problema.
—Muy bien dicho.
Sonríe y, como ya esperábamos, se ha corrido la voz. A la hora de entrar a grabar, algunos miran tensos a Simon. Este se da cuenta y se marcha.
—¡Queréis dejar de ser tan idiotas! A mí me gusta una buena polla y no por eso me miráis mal —añade Basile y Aquiles se ríe—. Qué tontos sois.
—Muy tontos. —Aquiles entra a la ducha y Basile va tras él.
Kerr los contempla y dice que paren de hacer el capullo.
Luego, me mira intensamente. Cada vez que me observa de esa forma tan ardiente, vuelvo al ascensor.
A sus dedos dentro de mí y su boca devorando mis pezones.
He perdido la cuenta de las veces que sola en mi cama me he corrido pensando en ese momento.
—Vamos, princesa, haz las fotos y largo.
—Tonto —le digo y sonríe.
—¿Estará bien Simon? —me pregunta cuando me pongo a su lado.
—Tristemente, no es la primera vez que le pasa.
—Se les pasará. Con Basile fue así. Entró al vestuario el primer día y dijo: «Hola, a todos, soy bisexual. Sí, me gustan las pollas, pero no estoy aquí para miraros el culo, pedazo de cabrones».
—Típico de él.
—Sí. —Kerr sonríe con cariño. Se nota que le importan sus compañeros.
Hablan del próximo partido y grabo eso, la amistad. Las ganas de ganar. La unión. Luego me marcho al despacho y Simon lo edita todo con música así de lucha. Centra la imagen en Kerr, en la fuerza que transmite con sus palabras.
—¿Estás bien?
—Yo sí. —Clava sus ojos en mí y, como no lo creo, tira de mí y me siento sobre él—. Estoy bien, Gin. —Acaricio su mejilla. Mi amigo es muy guapo. Sexi a rabiar y de esas personas que, cuando te abrazan, te calientan el alma.
Nos hago una foto y la subo a mis redes. No escribo nada. No hace falta. Esta foto habla de amor. Porque el amor tiene muchos tipos. Por suerte para Simon, al día siguiente las caras raras se pasan y todo vuelve a la normalidad.