Melted ice (Ice 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Ginette

Nos vamos a otro partido sin pasar por casa. Me gustaría pensar que no he dado vueltas a lo que pasó en el ascensor o a cómo bailar sintiendo la mirada de Kerr me excitó, pero sí lo he hecho.

Ahora estoy sentada al lado de Simon para irnos. En cuanto despeguemos, me voy a poner una película romántica. Simon va a leer. Tiene listo ya el nuevo libro que piensa disfrutar. Despegamos y, cuando nos dejan quitarnos los cinturones, me pongo la película.

El hombre de mi izquierda se marcha. Es un preparador físico. Al poco, alguien se sienta a mi lado. No tengo que girarme para saber que es Kerr; mi cuerpo reacciona a él, como si fuéramos dos imanes atraídos por la fuerza magnética.

—¿No me vas a preguntar nada este viaje? —Lo miro—. Ah, que tú prefieres colarte en mi cuarto a ver si de nuevo me pillas desnudo.

Sonríe descarado, luego me quita uno de los cascos y se lo pone.

—No te he invitado a ver la película.

—No me importa. Te puedo prometer que a mí tampoco me apetece estar aquí, pero lo hago por Amanda.

Se pone relajado a ver la película. Es de un príncipe y su guardaespaldas. A mí me encanta verla por la conexión entre ellos y el amor que se tienen. Odio que la gente tenga que ocultarse por miedo.

Le hago fotos y un vídeo. Cuando le digo que ya tengo material, responde que vale, pero sigue aquí viendo la película conmigo. Es raro tenerlo tan cerca y no sentir miedo.

Sayer nos trae algo de beber y mira un poco la película.

Saco una bolsa de patatas que compré en el aeropuerto.

Simon come sin levantar la vista del libro, pero noto cómo se sonroja ante la mirada que le echa Sayer.

«No, Simon. Joder, no te pilles por un hetero», pienso, sabiendo que, aunque sepa que dolerá, no lo podrá controlar; como yo tampoco puedo controlar lo que siento cada vez que la rodilla de Kerr toca la mía.

No me aparto por orgullo. Y para que no crea que me hace sentir algo su leve roce.

Sayer se marcha.

—¿Alguna vez has tenido pareja? Por lo que dicen en redes, eres más de rollos. —Pienso en la mujer del otro día y algo se retuerce en mi estómago; algo molesto y candente.

—¿Lo vas a sacar en la app?

—No estoy grabando y te avisaré antes de subir cosas tan personales.

Mira la película y luego niega con la cabeza.

—No, pero tampoco te creas todo lo que dicen en redes. A menos que seas masoca o te guste solo ver la realidad edulcorada de ellas.

—¿Esas donde dicen que te acostaste la otra noche con una mujer preciosa?

—Era preciosa, sí, pero que yo recuerde, me acosté solo. —Me mira divertido.

—Bueno, para follar no hace falta dormir. —Se ríe y me sonrojo.

—No, no lo hace. Pero tengo dos manos. De momento, mis únicas compañeras. —Se levanta—. Nos vemos en mi cuarto… Tal vez te muestre cómo me doy placer.

—¡En tus sueños! —Se ríe y se marcha donde está Sayer, para hablar.

—Se ha notado —añade Simon sin mirarme.

—¿El qué?

—Que te puso celosa lo de esa mujer tras vuestro encuentro en el ascensor.

—Mentira. —Alza una ceja y me mira dejando claro que no me cree—. No siento celos. Que haga lo que quiera. No me gustan los jugadores de hockey, por si lo has olvidado.

—Ya…, y aquí estamos, a pesar de todo.

La verdad es que nunca habría pensado que yo viajaría con un equipo de hockey.

Más aún, que trabajara para ellos y buscara en la app mostrar su lado más humano.

Y que entendería un deporte que hace años me negué a comprender.

La vida gira y solo sabes quién eres hoy, no quién serás mañana cuando los cambios te golpeen.

***

Al llegar al hotel, estoy agotada y, antes de ir a ver a Kerr a su habitación, me doy una ducha rápida.

Me pongo un vestido de tirantes y dejo a Simon editando lo que hemos grabado del viaje.

Tras acabar la película, estuve grabando cosas de los jugadores que no suelen subir a sus redes.

El problema es que lo suben todo. Es complicado saber qué es noticia y curiosidad para nuestra app con ellos, porque hasta se han grabado cantando en el váter del avión.

Toco a la puerta de Kerr. Abre al poco, solo con unos pantalones de chándal cómodos.

Como siempre, está para comérselo. Intento no devorarlo con la mirada.

Por cómo mueve los pectorales, he fracasado.

Me ha pillado y, si tengo dudas, su sonrisa ladeada es muestra de que soy pésima ocultando cuánto me atrae.

Lo peor es que me debería caer mal por cómo me trató, pero en el fondo lo admiro por cuidar así de la hermana de su mejor amigo.

Me gusta la gente que, por sus amigos, va a muerte.

—Tú no te cortes —me pica y eso hace que se acentúe mi sonrojo.

Cuando lo miro a los ojos, lo recuerdo cerca de mí en el ascensor. Su aliento en mi cuello y su beso depositado ahí para alterar mis latidos. Aparto la mirada agitada.

—Acabemos pronto con esto.

—Sí, mejor. Tengo que hacer una videollamada a mis padres. —Por cómo lo dice, siento que algo no va bien.

—Ah… ¿Quieres que me vaya?

—No, puedes quedarte. Así, lo mismo mi padre no me lee la cartilla de todo lo que he hecho mal en los últimos partidos. —Noto cariño al decir eso, pero también algo oscuro y pesado.

—¿Puedo grabar un poco? —Pone mala cara—. Vale, lo siento. Es solo que… Bueno…

—Si llaman cuando estás aquí, solo su saludo y luego te vas.

—Genial.

Me deja ver cosas de su cuarto. Entro en el aseo y veo que ha ordenado sus cremas. Hago un vídeo de ellas y, cuando llego a los condones XL, siento cómo mi cara arde. Paro el vídeo y los dejo como si quemaran.

—No me importa que salgan. —Lo veo apoyado en el marco de la puerta—. Y no muerden.

—Lo sé.

—Ah, que lo mismo eres tan joven que nunca has follado.

—Tengo casi veinticinco años, deja de decir idioteces con mi edad.

—Entonces no eres tan inocente.

—No, no lo soy, pero ojalá sí. Mi ex era un idiota.

Pensar en mi ex siempre me altera y a veces no solo por él, sino por cómo era yo con él y cómo me rebajé para que no me dejara. Cuesta mirar atrás y perdonarme por caer tan bajo.

—¿Y el resto?

—¿Qué resto? —Grabo más cosas y decido que luego Simon lo edite con música.—El resto de las experiencias sexuales.

—No te importa.

—Mi vida está en redes…

—Has dicho que no me fíe de ellas.

Giro la cámara y lo saco apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. No lleva la gorra habitual y el pelo cae sobre sus cejas. Me acerco a él con el objetivo y muestro su mirada, sus ojos… Con esta luz son de un azul intenso. Es tan guapo que duele mirarlo.

—No ha habido nadie más —confesarle esto me pilla por sorpresa porque no me abro a la gente. A Simon le costó mucho sacarme cosas y, aun así, hay secretos que siguen ahí. No añado más y doy a parar. Por hoy he tenido suficiente de él—. Con esto tengo de sobra.

No deja de mirarme, como si quisiera estudiarme. O leer mi mente. Me está poniendo de los nervios. Sus padres no han llamado, pero yo tengo que salir de aquí.

—Vamos a ir a tomar algo a una cervecería cercana. En una hora. No tardes. Será bueno para la app.

—No me gusta que me des órdenes —le replico y, por su sonrisa, sabe que miento.

—Te encanta, Gin… Más de lo que te gustaría admitir.

—Por suerte para mí, mi edad es mi chaleco ante ti. Por tu promesa, y eso… Con mi ex ya tuve suficiente para toda la vida con jugadores de hockey. Cogí empacho. —Su mirada se hace más intensa.

—¿Y sigue jugando? Lo mismo lo conozco, y todo.

—Mi respiración se agita porque no había pensado en eso: en la posibilidad de vernos.

Solo voy a estar unas semanas. No creo que coincidamos—.

En una hora, no tardes —me dice, aceptando que no le responda—.

Y recuerda que hago esto por Amanda. Por ti, como si pierdes el trabajo.

Sus palabras son como un jarro de agua fría. Pero no sé si para él o para mí, porque, cuando lo miro, está tenso. Es como si quisiera recordar por qué no quiere indagar más sobre mi vida.

—Lo has dejado claro muchas veces.

—No me gustan las niñas de papá. Lo tienen todo muy fácil.

—Ah, claro, y yo soy una niña de papá. Qué idiota eres, Kerr. Quieres que no me fíe de lo que dice la prensa, pero tú me estás juzgando sin conocerme siquiera.

—Tal vez es que no te quiero conocer. —Y ahí está la verdad. Siento que todo lo que piensa sobre mí solo son excusas para que esta atracción que nos hace arder no nos complique la vida.

Debería estar feliz porque sea así y no cedamos a esto.

—Por suerte, yo a ti tampoco.

Salgo y me recuerda que en una hora. No pienso ir. Que vaya Simon. Por hoy, ya he tenido suficiente de Kerr. Necesito estar sola sin él y sin el efecto que tiene este hombre en mí. Él quiere distancia y yo también.

***

Simon se marcha a grabar cosas de los chicos y ya sola en mi cuarto hago algo que no he hecho en años, buscar a mi ex en internet.

Pongo su nombre: Thilo Davis. Se me hace raro ponerlo en el buscador.

Antes me pasaba el tiempo mirando sus redes, para ver si estaba con otras.

Siempre lo negaba, y luego era cierto. Me generaba ansiedad y sacaba lo peor de mí.

Enseguida aparece. Está en un equipo de la NHL, en el de Dallas. No ha cambiado mucho; sigue siendo muy guapo. Al mirarlo, se remueven cosas en mí, pero ninguna buena.

Miro el planning y sí, coincide con el equipo y en casa.

Joder. Irán allí y no puedo no ir. Si no lo hiciera, sería darle demasiada importancia a este cerdo.

Veo que no ha cambiado. Hablan de que cada vez tiene una novia.

Voy a cerrar cuando veo una foto de él del instituto; sale abrazado a mí.

Recuerdo esa foto. Cuando me abrazó tras una victoria.

Yo estoy de espaldas, pero esa noche no la olvidaré.

Cierro la página y trato de tranquilizarme, porque el pasado deja marcas que cuesta mucho ignorar.

Respirar sigue doliendo.

—¿Eh? ¿Todo bien? —Miro a Simon sin saber cuándo ha entrado.

Estaba abrazada a mis rodillas. Se mete en la cama y me sube a su regazo para abrazarme.

—Todo bien… Mi ex irá a jugar con el equipo en unas semanas.

—Vale, lo tienes superado. Ya no eres esa persona.

—¿Y entonces por qué me vuelvo a sentir atraída por otro capitán del equipo de hockey?

—Siento decirte que las coincidencias son solo eso. Kerr no es tu ex, y tú tampoco eres esa chica de diecisiete años que por amor te rebajaste tanto, Gin. Eres una mujer. Fuerte y…

—No sabes todo de mí. No sabes…

—No necesito saber cada parte de tu vida para mirarte y admirarte como persona.

—¿Y por qué el pasado no deja de doler? Solo quiero que no duela.

—Tal vez porque no lo has superado. Y no por él.

Tiene razón: no lo he superado porque algo me impide avanzar.

Abrazo a Simon con fuerza y me quedo aquí, en mi puerto seguro.

En mi mejor amigo, que es mi hogar y mi mundo.

Es por esto, que sé que Kerr no se parece a mi ex.

Thilo solo movería un dedo por él mismo y Kerr ama a sus amigos.

Pero, aun así, cuanto más lejos estemos el uno del otro, mejor.

No confío en mí cuando lo tengo delante.