Melted ice (Ice 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Ginette

Simon y yo nos hemos pasado el fin de semana viendo qué subir a la app que sea diferente, y lo triste es que todo recae en su capitán Kerr y en Sayer.

Son los que más quiere ver la gente y los que menos comparten cosas en sus redes sociales.

Llegamos a trabajar y vamos hasta el despacho.

Amanda ya está aquí, o intuimos que es ella porque ha dejado las cosas en la mesa libre y, al vernos, se nos acerca para presentarse.

—Hola, soy Amanda.

Enseguida sé que me caerá bien. Es rubia, de grandes ojos castaños y muy dulce; de esas personas que quieres cuidar porque no deseas que nadie destroce su brillo.

Nos presentamos.

—Al final tú eres la jefa —le digo y Simon asiente—. Este puesto es temporal para nosotros, pero tú te quedarás. Supongo que contratarán a alguien y, bueno, estamos a tus órdenes.

—Yo… —Noto cómo se agobia.

—O podemos hacerlo todo juntos hasta que puedas tomar el control —apunto y eso la relaja.

Va a decir algo, pero su móvil suena y le avisan de que su hijo no deja de llorar. Noto la preocupación en sus ojos y el miedo a perder esto.

—Tengo que ir a la guardería, pero prometo que hablamos de todo.

—Podemos ir los tres juntos —se ofrece Simon, que también se ha dado cuenta de todo.

—¿No os importa?

—No, podemos ir hablando de lo que hemos pensado de camino y luego comprar unos cafés a la vuelta. —Amanda, más aliviada, coge sus cosas y nos vamos hasta la zona de guarderías que instaló el club no hace mucho.

Hablamos y llegamos a la conclusión de que tenemos que ser la sombra de Sayer y Kerr. Eso es lo que quiere la gente. Y los dos me miran, casi a punto de llegar a la guardería.

—Yo no puedo viajar porque tengo a mi trasto. —Llegamos y su hijo, que al verla, sale corriendo y la abraza.

Los contemplo abrazarse y se me rompe algo dentro de mí. Luego, Amanda le ruega que se quede tranquilo, que mamá tiene que trabajar. El pequeño llora porque no quiere separarse de su madre.

—Hola, pequeñajo. —Simon se pone a su altura y saca del bolsillo uno de sus caramelos de menta. Son de gominola y es menta suave—. Para ti. Tengo muchos. Son mis favoritos.

El pequeño lo coge y se lo mete a la boca. Le encanta. Normal, son un vicio.

—Si te portas bien, le daré a tu madre una bolsa, pero te los tienes que comer poco a poco. —Saca un dinosaurio de papel. Simon, cuando está nervioso, hace papiroflexia—. Te haré otro más grande.

El niño coge el dinosaurio con emoción.

—Es mi mejor amigo y siempre cumple con su palabra. —El niño nos mira más tranquilo—. Tu mamá va a estar con nosotros haciendo cosas aburridas. Pero, en un rato, venimos los tres a ver lo campeón que estás siendo.

—¿Vale, peque? —le dice su madre y este asiente y observa a Simon.

—Te lo he prometido.

El niño se marcha más tranquilo. Amanda nos contempla a los dos y nos da las gracias.

—A Simon le encantan los niños. A mí también, pero él tiene más mano. Hemos sido monitores de niños los fines de semana.

—Se nota. Ahora regresemos al trabajo, que uno de los dos tiene que ser la sombra de Kerr y, por consiguiente, de Sayer.

—Ella. Ginette sabe hacer muy bien de sombra. —Fulmino a Simon con la mirada—. A mí se me da bien editar los vídeos. Cada uno a lo suyo.

—A mí, organizar el trabajo. Te ha tocado. En el fondo, Kerr, cuando le pillas el punto, no da tanto miedo. —Sonríe con cariño y se nota que lo quiere.

Regresamos al puesto de trabajo y la jefa de prensa nos dice que lo que hemos publicado hasta ahora no es suficiente. La cosa no pinta bien. Por eso, tras ver a Sasha, ando hasta la zona de entrenamiento, tras ponerme una sudadera por el frío que hace en este lugar, y me siento en el banquillo.

Observo a Kerr patinar. Se nota que tiene mucho estilo y que se fija en todo. Con una mirada hace un barrido de todo y sabe dónde lanzar el disco. Sayer también es muy bueno y, cuando lo recibe, lanza a puerta. El portero no ha podido hacer nada.

Kerr no lo celebra y explica a los novatos dónde han fallado. Sayer también da su opinión. Que no vaya de sobrado, no lo esperaba; se nota que quiere integrar a todos en el juego.

Siguen jugando un partido de calentamiento. En unos días hay un viaje para partidos de pretemporada y, al parecer, me tocará ir a mí.

Tomo aire, bajo la vista hacia mis pies y es entonces cuando un viejo recuerdo entra en mi mente. Y se me hace raro estar aquí en deportivas. Noto el escozor de las lágrimas en los ojos.

No quiero pensar en el pasado.

No puedo hacerlo…

***

Si tengo algo claro en estos días, es que haré lo que sea por salvar el puesto, que la app sea un éxito y que Amanda no pierda el puesto luego.

Es una persona encantadora. Simon y yo la hemos metido con facilidad en el grupo.

Por las mañanas vamos a ver a su hijo con ella varias veces.

El pequeño también nos ha robado el corazón.

Amanda nos ha contado que le costó mucho poder hacerse a la idea de buscar un trabajo porque Sasha es un niño muy absorbente e inquieto.

Cuando se dio cuenta, había pasado el tiempo y alejarse de él le costaba.

Cuando empezó a buscar trabajo, nadie la quería por no tener experiencia y los empleos donde sí la querían, no podía compaginarlos con el cuidado del niño.

Ahora está feliz de sentirse útil y de hacer algo más que ser madre veinticuatro siete.

Nos dijo que lo necesitaba para no volverse loca.

Tener a su pareja fuera se nota que la afecta porque pasa muchas horas sola.

Solo cuando va a casa de su hermano tiene una ayuda.

Lo que me ha dejado ver que Kerr y Sayer la quieren mucho.

Seguro que por mí no mueven un solo dedo, pero por ella seguro que sí.

Estamos en una hamburguesería tras acabar el trabajo. Sasha y Simon están haciendo aviones de papel mientras Amanda y yo preparamos el plan para el viaje.

—Hay que hacer una lista de todo lo que no se sabe del capitán y de mi hermano —apunta Amanda.

—La tengo. He estado revisando las redes y tengo apuntado todo lo que la gente quiere saber y no sabe de ellos.

—Ah, genial. Así te será más fácil.

Amanda, más tranquila, me dice un par de cosas más mientras nos traen la comida. Sasha se sienta a comer y no para. Se tira el kétchup encima. Casi tira la bebida varias veces. Siento que a su lado pestañear es un deporte de riesgo.

¡Madre mía! Por supuesto, Simon y yo le ayudamos con todo.

Cojo varias patatas y las como recordando a Kerr. Odio que las patatas fritas me recuerden a ese hombre y ahora voy a tener que pasar más tiempo a su lado.

Al terminar de comer, estamos agotados por evitar que la pequeña fiera no tire nada. Amanda se marcha con él a casa y Simon y yo regresamos a nuestro piso, cansados.

Mi amigo se duerme un poco mientras yo sigo preparando nuestro viaje. Si algo tengo claro, es que usaré a Amanda para que Kerr y Sayer dejen de ser tan esquivos conmigo.

No me queda otra.