Capítulo 4
Ginette
Kerr es un gilipollas y lo peor, que lo necesito para que esto salga bien. No soy tonta; no, como él piensa, la verdad, y sé que lo que estamos grabando ahora es más de lo mismo de lo que estos chicos suben a sus redes. De hecho, uno de ellos está haciendo un directo.
Me como las patatas, molesta y, cuando Kerr me mira, pongo cara de que me encantan y luego lo fulmino con la mirada. No es así, ya que se las quité solo por joder.
Lo había estado estudiando antes; Kerr es un mujeriego, sí, pero también es buen amigo. Buen capitán y compañero, y siempre que puede se detiene a hacerse fotos y firmar a los niños.
La noche que ninguno sabía quién era el otro, me trató bien, me dio sus patatas y pidió comida para los dos.
Me escuchó sin esperar nada, a pesar de que nuestras miradas hablaban por sí solas.
Por eso, me cuesta más entender su hostilidad.
Eso me cabrea y saca de dentro de mí un fuego que ni sabía que tenía.
Mi ex me humilló muchas veces y no hice nada.
Solo hacerme pequeña y aferrarme a él como una droga que me mata lentamente, pero con Kerr estoy descubriendo una nueva Ginette.
Si quiere guerra, la tendrá.
Ojalá no me fijara en lo sexi que está esta noche con esa camisa blanca y esos vaqueros algo caídos. Lleva una gorra negra calada hasta los ojos, pero me sé su mirada de memoria de tanto estudiarlo.
De nuevo nuestras miradas se cruzan y le dejo claro cuánto lo detesto.
Simon se pone a mi lado y me coge varias patatas.
—No tenemos una mierda —apunta y da un trago a su cerveza. No se me pasa desapercibida la mirada que le echa a Sayer. Es su tipo, pero este último, cuando nota que lo observa, le devuelve el gesto molesta.
Espero que la hermana de Sayer sea mejor.
A cambio de contratarla, me he quitado mi sueldo. Mi padrino no tenía presupuesto para tres sueldos porque el departamento no quiere dar más a la app, hasta que saque beneficios. Me va a tocar ver cómo sacar dinero para no ir de culo solo con el sueldo de Simon. Ya pensaré algo. Y pronto.
—Vámonos, no vamos a conseguir nada bueno —le digo a mi amigo y este asiente.
Tras despedirnos de todos, menos del par de idiotas, Sayer y Kerr, nos largamos. Está empezando a llover y vamos a ir andando, por eso de ahorrar.
Cae un chaparrón a medio camino y nos metemos bajo la cornisa de la parada de un autobús.
—Todo por mi culpa…
—No, es lo justo para esa mujer —apunta mi amigo, que mira hacia la lluvia—. A ver si ella consigue algo de su hermano y Kerr. Algo que no esté en todos lados.
Mira el móvil y veo que ha hecho una foto de Sayer.
Pasa rápido la foto, pero lo conozco casi mejor que a mí misma.
Le atrae y, lo peor, siempre lo pasa fatal con hombres así.
Espero que se le pase pronto esta atracción.
Sayer, por lo que sabemos, no le gustan los hombres.
Y ya bastante tiene Simon con los que conoce en la app, que solo quedan con él por el morbo que les da. No necesita pillarse de un hetero.
Un coche se detiene y, cuando baja la ventanilla, veo que es Kerr, con esa mirada de chulo. No lo soporto. No me puedo creer que me pareciera guapo, sexi y follable la primera vez que lo vi. Si hasta lo besé, cosa que no hago nunca.
—El autobús no pasa hasta mañana, por si no sabéis leer. —Le saco un dedo corazón—. Subid que, con la mala suerte de Amanda, os ponéis malos, cierran la app y se queda sin trabajo.
Voy a decir que no, pero empieza a llover más fuerte. Entramos en el coche y lo miro seria.
—No pienso darte las gracias. Solo he subido mojada para dejarte el culo marcado en tu tapicería de cuero.
—Qué madurez… Ah, no, que eres una adolescente. Puedes permitirte soltar tonterías por la boca porque no has llegado a la edad adulta.
—No como otros que casi necesitan bastón; sobre todo, si no cuidan la lesión.
—Porque no me atraes; si no, te haría mojar el coche de otra forma… Por suerte para mí, no me lío con mujeres que acaban de dejar de jugar con muñecas.
—Me gustaban más los muñecos. Sobre todo para sacarles la cabeza cuando estaba cabreada.
Kerr me mira por el retrovisor mientras Simon le dice nuestra dirección, para ver si con suerte dejamos las puyas.
Dudo que eso pase pronto. Es insoportable.
Nos lleva hasta nuestro piso. Salgo del coche sin darle las gracias y corro hasta la puerta.
Simon le da las gracias y entra detrás de mí cuando abro la puerta.
Al llegar a nuestro pequeño piso de alquiler, entro en mi cuarto y me quito la ropa. Voy a cerrar las cortinas, ya que están abiertas y yo estoy en sujetador. Al ir hacia ellas, veo aún el coche de Kerr en la puerta. Nuestras miradas se cruzan, me tapo los pechos y cierro las cortinas.
¿Qué hace ahí? Me da igual. Al poco, se marcha.
Estas prácticas o trabajo, como se quiera mirar, se me van a hacer cuesta arriba.
Kerr
Esperaba que vivieran en una zona más acomodada. Este lugar es más barato y muchos estudiantes alquilan pisos aquí. Me recuerdo que ellos dos casi acaban de salir de la universidad, con lo que este ambiente no les es tan desconocido.
Me da igual, que vivan donde quieran. No debí ofrecerme a llevarlos. No lo hice por Amanda. La quiero y me gustaría pensar que sí, pero, cuando vi a Ginette mojada con los brazos cruzados, tratando de darse calor, no pude dejarla ahí.
Y eso me cabrea mucho.
Es mejor evitarla, si es que puedo, por culpa de esa app.
Y luego está el hecho de que la vi mojada con ese sujetador casi transparente.
Sus pezones duros estaban erectos por el frío.
Fruncidos de una forma atractiva a más no poder.
Sabía que debía apartar la mirada, pero estaba demasiado impactado por lo que sentí al ver su cuerpo semidesnudo.
Fue verla y ponerme duro como una piedra.
Cuando se dio cuenta, me miró enfadada y me lo tenía merecido. Seguía donde los había dejado, tratando de entender cómo alguien que se supone que tiene dinero vivía en un lugar así. No me cuadra con la imagen que me he formado de ella. Y estaba desconcertado.
Algo en toda esta historia no me cuadra.