Capítulo 3
Kerr
Entro en la cervecería donde vamos a ver unos partidos y jugar con el resto del equipo. Nos dimos cuenta de que hacer estas cosas fuera de la pista fortalece al equipo dentro. Sobre todo para integrar a los novatos.
Voy hasta Sayer, que mira el móvil feliz.
—Han contratado a mi hermana para la app del equipo y podrá dejar a Sasha en la guardería del campo cuando no esté en el colegio.
—Vaya, eso no lo esperaba.
—Yo creo que han visto que esos dos no son tan buenos y han decidido meter a alguien de calidad.
He visto lo que han subido estos días y no está mal, pero todo se ve desde lejos. No aporta nada nuevo que no vea la gente en cada partido. Amanda sabrá qué giro darle, porque ella sí quiere ese puesto.
—Bueno, dejaré que ella me grabe el culo para las redes.
—Ni de coña. A saber cómo tratan a tu hermana —indico y Sayer asiente—. No olvides que ellos son los enchufados.
—Por eso mismo, Kerr, si esa aplicación va mal, despedirán a mi hermana. Y, cuando ese par de dos se marche, será ella la que se quedará al cargo.
La verdad es que tiene lógica, pero no me hace gracia bajar la guardia con ellos. Sobre todo con Ginette. No me gusta la gente que lo tiene tan fácil en la vida. Los niños de papá me dan urticaria y más la gente que no ama el hockey tanto como yo.
—Haz lo que quieras.
Veo a Ginette y a su amigo, o novio, lo que sea, hacer fotos y vídeos.
Los novatos hablan con ellos y hacen el tonto para los vídeos.
El problema es que en sus redes sociales ya hacen eso mil veces.
Eso no hará que la gente pague por la app.
Sayer y yo somos los únicos que pasamos más de las redes sociales.
Subimos lo justo y necesario. Casi siempre lo suben nuestros encargados de prensa y poco más.
Voy a pedirme una cerveza para tomarla en la barra, lejos de ese patio de colegio. Tengo solo treinta y cuatro años, pero, al lado de ellos y sus gilipolleces, me siento muy mayor.
Con la cerveza me ponen unas patatas. Un día dije en redes que me gustaba tomar cerveza con patatas fritas y, tras eso, ganamos la liga. Desde entonces, casi todos los fans del equipo, cuando pido cerveza, me la ponen por superstición.
Las miro y me llevan a Ginette, a ese día que hubiera sido mejor si la curiosidad no me hubiera tenido lejos de ella.
—Lo tuyo con las patatas fritas es de estudio. —Ginette se pone a mi lado y me apunta con el móvil.
—Como me hagas una puta foto, te lo rompo.
—Vale, intuyo que no me vas a poner las cosas fáciles por todo lo que dije.
—Odias el hockey y estás aquí porque eres una enchufada que no sabe ganarse las cosas. Haces así con los dedos —los junto y hago ruido—, y tienes todo lo que quieres, princesa.
—Eso lo diría alguien que no me conoce de nada. Pero tú tranquilo. Solo quiero hacer mi trabajo. Hacerlo de puta madre y luego irme.
—Podrías empezar por el final y nos ahorras a todos verte cada día. —Nos miramos a los ojos desafiantes.
Aunque lleva ropa deportiva de marca de la cara, al igual que yo, la diferencia es que me he ganado cada dólar, y no como ella.
—Has dado todo por sentado porque soy la ahijada del director…
Muy bien por ti, por juzgar a la gente sin conocerla.
Pero tú mismo, me da igual lo que pienses de mí.
Solo quiero hacer fotos, hacer que esta aplicación no cierre.
Ya no por mí, porque, como bien dices, a mí este deporte me la suda —la miro por su boca tan sucia y la imagino diciendo guarradas en otro lugar más íntimo…
No, las adolescentes que se las quede otro—, pero, por lo poco que me han dicho, a la hermana de Sayer sí le interesa que hagamos lo mejor, para que se quede con app luego.
¿O eso tampoco te importa? Porque he estado documentándome.
Tras verte, he estudiado mucho sobre este deporte porque, aunque no te lo creas, de tonta no tengo un pelo, y sé dos cosas, sobre todo: que Sayer es tu mejor amigo desde la universidad y que fuerzas el lado izquierdo porque te duele el derecho, seguramente por una lesión mal curada.
Así que, en vez de preocuparte por mí… hazlo por ti o acabarás chupando banquillo, matón de playa. —¿Me acaba de llamar matón de playa?
La miro enfadado. Es una sabidilla. Y lo peor, me quita el plato de patatas y se lo lleva. La miro enfadado y sí, reparo más de lo que debería en el pedazo de culo que le hacen esos vaqueros que no son de marca, pero seguro que por ese lado rebelde que tiene la lady .
No la soporto… y me ha dejado sin patatas.
Por suerte, el camarero se da cuenta y me pone otro plato. Por la superstición, claro.
Lo peor de todo es que miro en la dirección de Ginette más veces de las que pienso admitir. Y, cuando nuestras miradas se cruzan, ambos dejamos claro lo poco que nos gusta el otro.
Que le den a doña pija.
Cuanto más la conozco, menos cosas me atraen de ella.