Melted ice (Ice 1) Capítulo 2
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Capítulo 2

Kerr

Sayer me llama para que lo ayude con su sobrino por la tarde. Vivimos en el mismo edificio y bajo a su casa a ayudarlo. Antes de hacerlo, he cogido una bolsa de gusanitos que seguro que se la han acabado y yo compro para cuando viene el pequeño.

Sasha tiene tres años. Los ha hecho hace poco y, desde que lo vi en el hospital, supe que sería parte de mi vida. Entro en la casa y, al verme, se tira a mis brazos. Me roba la bolsa de gusanitos que se come saltando por los sofás. Sayer le dice que pare, pero ni caso.

Sasha es rubio, como Amanda y Sayer, aunque este último lo tiene entre castaño y rubio.

Es muy inquieto y, por eso, a su madre le costó mucho hacerse a la idea de dejarlo al cuidado de una niñera o en una guardería.

Cuando por fin se decidió a buscar trabajo, su hermano supo lo de la aplicación.

Su hermana acabó la carrera de Informática a distancia.

Se quedó embarazada en el último año y no fue fácil para ella terminar, pero lo logró.

Ahora le cuesta encontrar trabajo, tras años siendo solo madre.

Su novio se ha ido a hacer dinero. Ha estado con ellos en contadas ocasiones y, cada vez que Sayer comenta que quiere ayudar a Amanda y al niño con su dinero, se enfada y le dice que no lo respeta como hombre.

Mi amigo no quiere problemas, por eso ayuda en todo lo que puede, aunque no de forma económica.

Yo hago lo mismo. Por eso, desde que Sasha nació, hemos cuidado de él siempre que Amanda nos lo pide, que suele ser poco.

Es la razón por la que Sayer intenta ir a su casa a menudo o invitarlos a la suya, para que Amanda descanse un poco.

Ahora Amanda se ha ido a buscar trabajo.

Siempre que regresa tiene pesar en la mirada.

Acabó la carrera como pudo y luego se centró en su hijo, por lo que no tiene experiencia.

Es de la edad de Ginette, pero a Amanda lo de ser madre la ha dotado de una madurez que no veo en gente de su edad.

A veces parece demasiado cansada de la vida y eso nos preocupa a Sayer y a mí.

La conozco desde hace años; antes era divertida y alegre, pero ahora parece que le cuesta hasta respirar.

Sasha se me tira a los brazos y lo atrapo, mientras a Sayer parece que le va a dar algo.

—No pienso tener hijos en mi vida. —Se tira al sofá y yo a su lado con el pequeño monstruo.

Es mentira, Sayer me dijo un día que sueña con tener una mujer e hijos.

Una noche de borrachera y confesiones varias.

No sé mucho de los padres de mis amigos.

Solo que los dieron de lado hace años. A veces me gustaría que se abriera a mí, que me contara lo que le pasó en su pasado, antes de conocerme, ya que sus ojos muestran mucho dolor.

Lo quiero como a un hermano y no sé cómo llegar a él.

Sasha se remueve. Sus ojos marrones se clavan en los míos, llenos de travesuras.

Salta de mis brazos a los de su tío y este le hace cosquillas. Al final, decidimos sacar uno de los juegos de Sasha que hay en casa de su tío y jugar todos juntos. Se cansa de todo enseguida. Merienda dando vueltas por la casa y lo perseguimos para que se coma todo.

Tras la cena, se queda dormido en el sofá. Sinceramente, no me extraña.

La puerta de la casa se abre y entra Amanda. Por su cara, se nota que ha estado llorando, aunque intenta ocultarlo.

Sayer se da cuenta y se levanta para darle un fuerte abrazo.

—Encontrarás algo pronto. Eres increíble.

—Eso no parece bastar. Me falta práctica. —Amanda se sienta y acaricia a su hijo. No sé cómo puede hacer lo que hemos hecho esta tarde cada día y no acabar muerta.

—Os quedáis a dormir —sentencia Sayer y esta asiente, agotada. No quiere estar sola.

No lleva muy bien vivir lejos de su novio.

No se han casado porque este quiere pagar la boda, y suerte que llegan a final de mes.

Comprendo la impotencia de Sayer por no poder ayudar con su dinero, pero también entendemos a Amanda y su pareja.

No quieren que nadie les regale nada. Aunque Sayer y yo pensamos que el no casarse con ella es porque quiere alargarlo todo más. Ojalá estemos equivocados.

—Yo solo quiero una oportunidad. —Sayer y yo nos miramos mientras Amanda trata de contener las lágrimas.

Ella se merecía el trabajo en el equipo y no como a doña pija y su amigo.

Para ella es solo un reto, pero, para Amanda, era la forma de ayudar a su familia. De sentirse útil de nuevo.

No tengo por costumbre odiar a la gente, pero al ver el dolor en los ojos de alguien que quiero tanto, ardo de rabia por las injusticias.

Ginette

Llego temprano a mi trabajo con Simon, que viene detrás de mí, medio dormido. Se le da fatal madrugar, pero si queremos ganarnos el puesto, tenemos que hacer una estrategia de trabajo antes de empezar y en casa no me concentro.

—Si hoy hay que volver a los vestuarios, vas tú. —Simon se sonroja con solo pensarlo.

Hoy lleva una camiseta negra, con unos sencillos vaqueros desgastados.

Está para comérselo. Es muy sexi; sobre todo, por ese aire de tímido y chico bueno.

Hoy no lleva las gafas. El pelo negro lo tiene algo mojado en las puntas y sus ojos azul oscuro brillan con intensidad. Saco el móvil y le hago una foto.

—Estabas muy bueno. Quería capturar el momento.

—Tonta —bromea y la mira—. No está mal.

Se la paso y le suena el teléfono. Lo saca de su bolsillo y se levanta algo la camiseta.

Simon está muy marcado, aunque no es como los jugadores de hockey, que son más musculados.

Su cuerpo quita el hipo. Aunque yo estoy tan acostumbrada a verlo medio desnudo que a mí no.

Solo lo observo con el cariño de una hermana.

Aunque la gente en la universidad pensaba que era su novia y esto me venía bien para no tener que buscar nada más.

—Aunque me mires con ojitos, no voy a ir, vas tú. —Su sonrisa es ladeada y sé que no tengo escapatoria.

La verdad es que me dio algo de vergüenza. Vi más pollas y culos que en toda mi vida. No soy virgen, pero como si lo fuera. Desde hace años no he encontrado las ganas de volver a tener nada con nadie. Y, cuando tuve sexo por última vez, fue con diecisiete años.

Hasta el beso a Kerr… Hacía mucho tiempo que no tenía algo tan simple con nadie. Para alguien tal vez solo fuera un beso, pero, para mí, fue el deseo de dejar de estar encerrada en mí misma sin encontrar la fuerza de intentarlo de nuevo. De vivir.

Es lo que tiene que tu primera experiencia sexual saliera tan mal y te dejara tan rota.

—Vale, yo iré al mundo de las setas. —Se ríe por mi expresión.

—Quiero pensar que más de una de esas setas puede ser un rascacielos. —Nos reímos juntos y luego me pongo seria—. Vale, vamos a trabajar.

***

Vamos a ver cómo entrenan y hago fotos, pero esto ya lo hace todo el mundo.

La gente quiere algo más. Algo mejor para pagar por la aplicación y tener algo exclusivo que les haga sentir parte de esto.

Observo cómo calientan antes de jugar un partido.

Hice eso muchas veces: ver a los jugadores de hockey, pero nunca les presté atención.

Yo solo esperaba a que acabaran y que él me mirara como si fuera lo mejor de su universo… Spoiler : eso no pasó nunca.

—Vale, no tenemos una mierda. —Simon y yo miramos las fotos—. Te tienes que colar en los vestuarios o en sus casas. O salir con ellos a tomar cervezas. En eso ya tienes práctica.

—Tenemos. —Se pone rojo—. Esto es algo de los dos.

Ojalá, mi amigo, nunca hubiera sufrido, pero desde niño, por su timidez, lo han destrozado.

Por eso, y por ser un friki amante de los videojuegos y los cómics.

Por esa razón, su padre se plantó y dijo que tenía que aprender a defenderse.

Le doy un abrazo y nos marchamos al vestuario, a esperar que entren.

Les hago fotos cuando llegan hasta que Sayer, el capitán alterno del equipo, se pone ante mí.

Es alto, fuerte y muy guapo. Simon lo mira nervioso. Los chicos tan grandes y fuertes siempre lo alteran, a pesar de que él mide casi un metro noventa y le gusta el gimnasio. O tal vez lo ponga nervioso por algo más, porque Sayer es sumamente sexi.

—No nos vais a hacer fotos desnudos. Eso no es profesional.

—Si no quiero que cierren la app, no pienso sacar eso. Solo quería sacar algo diferente. Unas charlas, compartir cosas…

—Nuestra intimidad. —Me mira frío—. Mi hermana habría sido mejor que tú mil veces, pero, claro, ella no es la hija del papá de nadie. —Nos observa enfadado y me guardo esa información para luego—. Como me saques la polla en esas imágenes, os rompo el móvil.

Entra dentro después de una primera impresión de mierda. Aun así, no dejo de pensar en lo que ha dicho de su hermana. Espero que mi puesto no se deba a que se lo quitaron a ella. Ojalá que no, eso me destrozaría.

Entro al vestuario y grabo algunas charlas. Pido permiso para usarlas y unos me dicen que sí, otros que no. Quedan para tomar unas cervezas y les pido apuntarme.

—Como quieras —me responde uno de los nuevos, Aquiles. Apunta el número del móvil de empresa y me dice que luego me manda la dirección.

Vale, algo es algo. Salgo del vestuario y editamos las imágenes. Simon es muy bueno en eso. En hacer que un vídeo cobre vida y parezca una película. Cuando lo tenemos, lo subo a la app junto con las fotos y esas charlas y miradas cómplices del entrenamiento.

La gente comenta en seguridad, dicen que está bien, pero quieren ver a Kerr. Más de él. Esto va a ser muy complicado. Pensaba que podía evitarlo, por eso ni lo busqué en los vestuarios.

Genial.