Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Epílogo
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Epílogo

Un mes después

E s domingo. El cielo de octubre se mantiene despejado y, aunque el aire empieza a enfriar cuando cae la tarde, en el jardín trasero de la casa de Camila y Álex huele a carbón, este está frente a la barbacoa con unas pinzas en la mano.

A pocos metros, Nora está sentada en una silla de jardín con Laura en brazos mientras su hermano Pedro duerme plácidamente en un carrito a su lado.

—No me puedo creer que ya tengan seis meses —dice Maite mientras se acerca con una copa de vino en la mano—. Parece que fue ayer cuando nacieron.

Lucía corre por el jardín con una capa negra de Halloween que roza el suelo, y detrás de ella va el sobrino de Morris, armado con una espada de plástico.

—¡Soy un vampiro! —grita Lucía.

—¡Y yo el cazador! —responde el niño.

Medina los observa desde la mesa con una cerveza en la mano.

—¿Cuándo ha crecido tanto? —le pregunta a Camila, que está a su lado colocando los entremeses en bandejas.

—Lo siento mucho, Gabi.

—Todo ha salido bien.

Tatiana aparece desde la cocina con dos boles llenos de ensalada.

—¡Cómo huele ya la carne! —exclama antes de dejar las ensaladas en la mesa larga que han preparado—. ¿Te ayudo, Cami?

—Toma, esta bandeja ya está lista —asegura, y le entrega una bandeja con queso, chorizo y lomo colocados estratégicamente para dejar en el centro un hueco que rellenará después con piquitos de pan.

—¿Ya os fiais de mi hermano en la parrilla? —se burla Tatiana.

—Oye… —protesta Álex, que se ha girao con las pinzas en la mano.

—¿Por qué te crees que estoy yo aquí? —dice Elías, levantando la mano a su lado con una sonrisa de autosuficiencia.

Todos ríen mientras él da un largo sorbo a su cerveza y mira a Álex de soslayo.

—Por cierto…, ¿qué pasó al final con los simios de Horizon?

Álex deja las pinzas un segundo sobre la parrilla y se pone serio. Su hermana se acerca y se coloca a su lado.

—Los que estaban peor siguen en clínicas veterinarias.

—Los implantes neurológicos les han dejado secuelas —añade Tatiana con la voz seria—. Hay que ir muy despacio con ellos ahora.

—Pero, por suerte, parte de ellos ya están en Salvamento Animal —continúa Álex, a lo que Montenegro levanta las cejas, sorprendido.

—¿En serio?

—Al principio estaban muy alterados—explica Tatiana—, pero parece que algunos ya han empezado a adaptarse. El entorno es muy importante, somos conscientes de que esto es un proceso largo…, aunque mi hermanito es el mejor.

—Álex siempre ha tenido algo especial con los animales, tiene un don —afirma Gabriel.

—Uno de ellos se me acercó ayer —añade el susodicho con una sonrisa—. Solo fueron unos minutos, pero es un gran avance.

—Han sufrido mucho —añade su hermana en voz baja.

Durante unos segundos nadie dice nada.

—Si se queman es culpa vuestra por distraerme —les advierte Álex, de golpe, dándose la vuelta hacia la parrilla.

—Claro —responde Elías, que asoma la cabeza por detrás para ver el estado de la carne—. Creo que la ensalada de Tatiana y el embutido de Camila nos van a salvar el día.

—¡Mamá! —grita Lucía desde el jardín—. ¡Mira!

Medina y Maite se giran al mismo tiempo y sonríen al ver que la pequeña Lucía les muestra orgullosa cómo hace una voltereta en el césped.

Nora se levanta con cuidado para no despertar a Laura y se acerca hasta Morris, que está embobada mirando a la pequeña con una sonrisa de oreja a oreja.

—Tu casa está llena —le dice paseando la vista por el jardín.

—Ya era hora, ¿no crees? Espera, ahora vengo —anuncia Camila al ver a Gabriel, que se aleja unos pasos y se apoya en la valla de madera, mirando hacia el exterior.

—Ve con él —asiente Nora—. Ha pasado por mucho, Cami.

Coge un par de cervezas y camina con pasos tranquilos hasta colocarse a su lado.

—¿Todo bien? —pregunta, apoyándose en la valla junto a su compañero y ofreciéndole una cerveza.

—¡Joder! —se sobresalta—. No te he oído llegar.

—Perdona, no quería asustarte.

—Estaba pensando en que hoy hay demasiada calma —dice él.

Morris sonríe.

—Disfrútala mientras dure.

El teléfono de él vibra en su bolsillo. Lo saca y ve como en la pantalla aparece un mensaje, frunce el ceño al leerlo y se lo enseña a su compañera.

La imagen de un gato negro con la cola enroscada destaca con la palabra GRACIAS parpadeando.

—¿Cuándo se lo vas a contar a Maite? —quiere saber Morris.

Medina no contesta, aunque tras unos segundos niega con la cabeza.

—Se merece saber la verdad, Gabi. Él formó parte de su pasado —insiste ella. Medina se gira y se queda mirando a su mujer, luego desvía la vista hasta su hija.

—A veces ocultar la verdad salva más vidas que contarla, Camila.

Ella le devuelve la mirada, traga saliva, levanta el botellín de cerveza y brinda con suavidad.

—¡Papá, hazme el avión! Porfa, porfa, hazme el avión.

Lucía ya va corriendo hacia ellos, así que Gabriel sonríe y le pasa la cerveza a su compañera. Esta lo observa alejarse con su hija en brazos, simulando que ella es un avión. Luego recorre con la mirada su jardín, lleno de su gente.

Se acerca hasta Álex y lo abraza por detrás. Él, al verla, la atrae hacia sí.

—La vida sigue —dice ella.