Capítulo 73
L as imágenes de la operación abren todos los informativos del mundo junto a los titulares, que se repiten en varios idiomas.
«España y Francia desmantelan una red internacional de tráfico humano».
«Operación conjunta revela un laboratorio clandestino de experimentación humana en Suiza».
«European police dismantle human trafficking network linked to illegal medical experiments».
«Horizon: il laboratorio segreto della vergogna».
En varias portadas aparecen las mismas imágenes: la inspectora Camila Morris saliendo de la mansión junto a una esposada Anya Kovalenko, y otra del inspector Gabriel Medina frente al edificio de Horizon acompañado por la policía suiza.
Otro de los titulares que más se repite es:
«MORRIS Y MEDINA LO VUELVEN A HACER».
«Los inspectores españoles desmantelan una compleja red internacional de tráfico humano vinculada a experimentación médica ilegal».
Comisaría Provincial de Alicante.
La sala de prensa está abarrotada de cámaras, periodistas y fotógrafos, no solo de medios locales o nacionales, sino también de medios internacionales que se han hecho eco de la noticia.
Gutiérrez entra el primero, tras él, aparece el inspector Medina con el rostro muy serio y, cerrando fila, la inspectora Camila Morris. Los flashes y los murmullos se elevan hasta que Morris se acerca al atril.
—Buenos días a todos —empieza, y la sala permanece atenta—. Gracias por acudir a esta rueda de prensa.
Hace una pausa para tomar aire.
—La operación que hemos desarrollado en los últimos días, y que ustedes han estado cubriendo desde la semana pasada, es el resultado directo de una investigación transnacional coordinada entre las autoridades españolas, francesas y suizas.
Se gira hacia la pantalla y, con un mando, hace aparecer en ella la imagen del complejo Horizon.
—El éxito de esta operación no solo radica en desarticular una red internacional de tráfico de personas, sino en exponer sus actividades de experimentación médica ilegal.
Las conversaciones susurradas recorren nuevamente la sala. Morris mira a su comisario, que se ha colocado en un lateral junto al resto de sus compañeros de la comisaría, y asiente alentándola para continuar. Ella carraspea y sigue hablando.
—La investigación ha permitido el rescate de víctimas que permanecían retenidas de manera clandestina en las instalaciones, así como la detención de los responsables de dicha organización.
La inspectora hace un gesto de reconocimiento hacia Medina, quien al instante baja la vista hacia el suelo, recordando las imágenes dantescas que vio en el complejo de Horizon.
—Quiero destacar, en primer lugar, la gran labor de mi compañero —lo señala con la mano—, el inspector Gabriel Medina.
Camila aprieta los labios, emocionada y sin dejar de mirarlo, mientras un aplauso colectivo recorre la sala, desde sus propios compañeros hasta los asistentes.
—El inspector ha permanecido los últimos meses oculto, tras una estrategia policial que ha sido clave para proteger la investigación.
Un periodista levanta la mano y Camila asiente con la cabeza para darle paso.
—¿Está diciendo que su desaparición fue fingida?
Ella asiente con firmeza.
—Se simuló un secuestro como estrategia para permitir que el inspector trabajara con libertad absoluta, y sin levantar sospechas dentro de la organización criminal.
— Eso desata varios comentarios tensos entre los periodistas—.
Fue gracias a esa estrategia operativa que se pudo localizar el complejo Horizon y recabar las evidencias necesarias para la intervención policial.
Otro periodista alza la voz desde la segunda fila.
—¿Quién dirigía la red?
Ante esa pregunta, Camila se toma un segundo antes de responder.
—Entre los implicados se encuentra un alto cargo diplomático.
—Y en cuanto revela eso, la sala se queda en silencio—.
Por el momento, no podemos facilitar ningún nombre.
Las autoridades francesas ya han iniciado los procedimientos judiciales correspondientes, y la investigación continúa abierta en varios países.
Otro periodista levanta la mano.
—¿Podemos hablar con el inspector Medina?
La inspectora asiente con la cabeza y se gira para mirarlo. Él se coloca a su lado y, con un gesto rápido, Morris se acerca a su oído tapando el micrófono.
—Dispara, Medina —bromea. Él la mira y sonríe, feliz de estar de nuevo en casa.
—Gracias a todos por venir —comienza a hablar con la voz entrecortada—. Han sido unos meses muy duros para mí, pero sin duda el resultado ha sido el esperado.
—Inspector, usted y la inspectora Morris siempre se ven envueltos en casos complicados… —eso desata las risas en la sala—, ¿tienen alguna formación específica y por eso se les asignan estos casos?
—Yo más bien diría que los casos nos buscan a nosotros.
Una chica rubia levanta un bolígrafo y Medina le da paso con un gesto de cabeza.
—Inspector Medina, es un honor poder hablar con usted. Soy Irina García, del periódico digital La Vida. Se rumorea que no ha trabajado en solitario en este caso, sino que hay otra persona detrás.
—No, he trabajado solo desde el principio. Además de que he estado en contacto con la inspectora Morris en todo momento para poder continuar con la segunda vía de investigación. —Al final, se le quiebra la voz porque no se le da bien mentir.
—¿Por qué decidieron ocultar su paradero? ¿No era mejor decir que estaba en una misión? No es algo descabellado, al fin y al cabo, son policías.
—Barajamos varias posibilidades. —Le tiembla de nuevo la garganta y carraspea—. Y decidimos que esta era la mejor opción. A veces, en nuestro trabajo, tenemos que tomar decisiones difíciles y en este caso debíamos hacer creer que había sido secuestrado.
—¿Pasó miedo en algún momento? —Un hombre calvo levanta su teléfono al mismo tiempo que hace la pregunta.
Las imágenes del secuestro, de sus primeros días, la incertidumbre, las imágenes de su mujer, su hija y la de Camila se le repiten en bucle durante unos segundos. Luego aparece la cara de Iván, el descubrir que estaba vivo, y se queda sin palabras mirando al infinito.
—¿Inspector? —La pregunta del hombre suena como un eco. Medina parpadea y sonríe enfocando la vista.
—La palabra no es miedo —ríe con el zumbido del corazón en sus oídos—, más bien incertidumbre.
—¿Su familia estaba al tanto de esta operación? —pregunta una chica situada en primera fila, que lo mira con una sonrisa.
Coge la botella de agua con la mano y mira a su compañera. Ella entiende el gesto y se coloca tras él.
—Damos por concluida la rueda de prensa. Gracias a todos por su asistencia.
Empuja a su compañero hacia la salida y él, en un gesto involuntario, le coge de la mano. Los periodistas siguen lanzando preguntas, pero ellos, seguidos del comisario Gutiérrez, salen de la sala y se dirigen a su despacho.
—¡Joder! —dice Medina nada más entrar, quitándose la chaqueta—. Estoy sudando.
—Toma, bebe agua, pero a sorbos pequeños —le pide Morris, que abre la botella que tenía en su mano.
—Medina, le felicito. —El comisario le da un golpe en el hombro—. Lo ha hecho muy bien.
—Odio mentir —replica tratando de respirar.
—Es necesario para mantener el equilibrio —contesta Gutiérrez.