Capítulo 68
L as imágenes de la intervención coordinada entre Francia, España, Italia y Bélgica abren los informativos de primera hora de la mañana en medio mundo.
«El operativo internacional codirigido por Francia y España desmantela una red dedicada al tráfico de mujeres. La investigación, coordinada entre ambos países, ha permitido detener a los responsables de la organización y rescatar a las víctimas».
En la pantalla aparece una imagen de Morris saliendo del club acompañada por agentes.
«La operación en territorio español ha sido dirigida por la inspectora Camila Morris, conocida por su tenacidad y habilidad en casos complicados.
Según fuentes policiales confirmadas, la red utilizaba empresas de transporte y clubes nocturnos para trasladar mujeres con pasaportes falsos por toda Europa».
En la comisaría de Alicante, un agente apaga la televisión y se gira.
—Inspectora…, otra vez en portada.
Morris lo mira, pero no responde, luego desvía la mirada hasta Carmen que la está observando con orgullo, a su lado está Sáez que le guiña un ojo. En ese momento entra Gutiérrez por la puerta, se los queda mirando durante unos segundos y cierra la puerta tras de sí.
—Lo primero, gracias por estar aquí un domingo. Tanto Duret como Delattre me han transmitido la enhorabuena por el trabajo realizado.
Pasea la vista orgulloso por cada uno de los miembros de su equipo para finalizar con la inspectora Morris.
—¿Preparada para la rueda de prensa?
Ella coge una gran bocanada de aire y lo suelta de manera controlada al mismo tiempo que mira a sus compañeros, dándoles las gracias con la cabeza, sabe que sin ellos nada de esto hubiera sido posible.
—Vamos a lanzar el siguiente anzuelo.
Gutiérrez entra primero, seguido de Camila, Carmen y el resto de los agentes que han participado en el operativo.
Se colocan en uno de los laterales y observan que hay más periodistas de los que esperaban, y más siendo un domingo.
El comisario se sitúa frente al atril y la inspectora a su lado, apartándose un mechón de pelo tras la oreja para luego quedarse mirando unos instantes hacia el suelo mientras ordena su discurso.
El recuerdo de la última rueda de prensa que dio la lleva, durante un breve lapso de tiempo, a ese momento tan duro para ella cuando se resolvió su anterior caso.
Un año después, vuelve a estar ahí de pie, pero con una gran diferencia, hoy Medina no está a su lado.
Al darse cuenta, levanta la vista y fija la mirada en una de las cámaras, eleva un poco las comisuras de los labios y los aprieta, porque sabe que al otro lado, en Marsella, él la está observando.
—Buenos días. —El Comisario Gutiérrez toma la palabra, con el rostro serio—. En primer lugar, gracias a todos por acudir con tan poca antelación y más siendo domingo.
»Esta madrugada, y tras una intensa labor de inteligencia y logística, podemos anunciar que ha culminado con éxito una compleja operación conjunta dirigida por autoridades de nuestro país vecino, Francia, y de España.
Nosotros llevamos meses trabajando en la operación Ébano, un operativo de alta sensibilidad que ha sido liderado por la Police Nationale a lo largo de estos últimos años.
Hace una pausa medida y, mientras el comisario habla, en la pantalla que hay detrás aparece el nombre de la operación y varias imágenes de los camiones interceptados que van pasando en bucle.
—Gracias a la estrecha colaboración solicitada por las autoridades francesas, se ha logrado desmantelar por completo la estructura logística de una de las redes más peligrosas dedicadas al tráfico de mujeres para la explotación sexual que operaba en distintos países de Europa.
Podemos confirmar, por tanto, que nuestra intervención en la operación Ébano ha finalizado con éxito y que los principales responsables han sido interceptados.
»La intervención en territorio español ha sido dirigida por la inspectora Camila Morris.
Gutiérrez se gira hacia la inspectora y le hace un gesto con la cabeza para cederle la palabra.
Los periodistas levantan las manos con rapidez, convirtiendo la sala en un hervidero de murmullos y móviles en alto. El comisario, con un gesto de asentimiento, da un paso atrás, dejándole el centro del atril. Morris se coloca frente al micrófono.
—Buenos días a todos y gracias por estar aquí.
Como ha expuesto el comisario Gutiérrez, la operación Ébano ha sido un claro ejemplo de cómo puede llevarse a cabo un operativo entre varios países de la Unión Europea —explica con voz firme, sabiendo que al otro lado también está Bruselas analizando cada una de sus palabras—.
Tras una perfecta coordinación, se han realizado múltiples detenciones a nivel logístico, desmantelando una parte crucial de la red criminal.
Y lo más importante para nosotros… —hace otra pausa mirando a los asistentes—, se ha logrado rescatar a las víctimas que han sido trasladadas, asegurando su bienestar y protección.
Un periodista de un canal nacional toma la palabra.
—Inspectora, ¿de cuántas víctimas estaríamos hablando?
Morris mantiene la mirada fija en él y aprieta ligeramente los labios.
—Todavía estamos verificando los datos, dada la magnitud transfronteriza de la operación Ébano.
Pero lo que sí podemos confirmar, y es el punto central de este operativo, es que las mujeres han sido rescatadas con éxito.
Los datos finales se harán públicos una vez concluya la investigación judicial que facilitará La Haya tras el proceso legal.
Otra mano se levanta.
—¿Quién dirigía la organización? —pregunta una reportera, presionando.
Ella se toma un segundo antes de responder, manteniendo la compostura mientras mide las palabras que va a decir.
—Tal y como ha indicado el comisario Gutiérrez, esta es una operación a gran escala en la que han intervenido varios países, con lo que la investigación continúa en curso. Repito, en este momento nuestra prioridad era garantizar la seguridad de las víctimas.
—¿Pero ya tienen a los cabecillas? —insiste la reportera.
—Puedo confirmar que la estructura operativa y logística ha sido desmantelada. Sin embargo, la información relativa a la cúpula directiva, o a los cabecillas como usted los llama —ríe para destensar el ambiente—, es material clasificado que está bajo proceso judicial.
Un murmullo recorre la sala y otro periodista interviene.
—Inspectora Morris, ¿podríamos estar ante una de las mayores operaciones contra la trata en España?
—No se trata de clasificar la operación por su magnitud, sino por la efectividad que han demostrado los miembros de la operación.
Hace una pausa para seguir con su discurso ensayado, pero es interrumpida de nuevo.
—¿Dónde está su compañero Gabriel Medina? —La pregunta llega directa como un proyectil.
—Eso por el momento es información confidencial —señala, sonriendo con tranquilidad—. Ruego que centren sus preguntas en el operativo.
—En un periódico francés se publicó hace unos meses que un policía español había desaparecido durante unas vacaciones —dice uno de los periodistas, sin ceder, dejando la sala en silencio—.
Uno de mis contactos en París me aseguró que era un inspector alicantino.
¿Se trata del inspector Medina? ¿Esta información es correcta? ¿Está bien?
La inspectora siente cómo la sala se estrecha, ya que no tenía constancia de que la información de la situación de Medina se hubiera filtrado y un calor le recorre el cuerpo, hasta el punto de que se tiene que agarrar al atril, el comisario que continúa a su lado le ofrece un poco de agua.
Ella bebe un sorbo y, tras unos segundos, su rostro vuelve a recuperar el color.
—Por ahora, lo único que podemos comunicarles es que hemos dado un gran golpe al tráfico de mujeres en Europa. —Asiente con la cabeza, recuperando el control de la situación—. Como ya les he mencionado, la investigación sigue abierta y les iremos informando.
—¿Pueden confirmar, entonces, que Gabriel Medina sigue con vida? —insiste elevando la voz uno de los periodistas.
Los asistentes quedan expectantes. Morris se muerde el labio inferior y traga saliva, tratando de que las palabras salgan de su boca, sin éxito.
—No hay más preguntas —interviene el comisario Gutiérrez, que coge a su subordinada del brazo y la saca de la sala a toda prisa mientras las preguntas sobre el paradero de Medina se agolpan a su paso.
—La felicito, Camila —dice el comisario en cuanto entran en su despacho.
Ella toma aire varias veces, se pasa las manos por la cara y, tras unos segundos para serenarse, se gira para mirar a su jefe.
—Siguiente bomba conectada. Mañana los titulares de medio mundo desviarán la atención hacia la desaparición de Medina. ¿Cree que deberíamos hablar con los compañeros de la comisaría para que el bulo corra más rápido?
—No me parece mala idea, Morris. No me parece mala idea —repite asintiendo con la cabeza—. Necesitamos que la atención esté desviada mientras preparamos el siguiente paso.
—Solo nos quedan cinco días.