Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 60
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Capítulo 60

E l equipo técnico está preparado cuando el inspector Iván Salvatierra y su compañero llegan al punto de encuentro.

—Señor, acaba de llegar el camión —informa Antonio Roca por radio.

—¿Cuántos vehículos han entrado? —pregunta Iván.

—Tres.

El inspector Salvatierra asiente y se gira hacia su compañero.

—Novato, hay que pillarlos justo cuando hayan cargado las lanchas.

Medina le devuelve el gesto con la cabeza. Está nervioso ya que es su primer operativo serio como agente de campo y no quiere fallar.

—Las cámaras térmicas detectan a siete personas —continúa Antonio—. Tres en el muelle, cuatro alrededor de los camiones.

Iván observa la zona con los prismáticos de visión nocturna.

A unos doscientos metros, las puertas traseras de los camiones se abren. Varias siluetas descargan cajas metálicas que pasan directamente a dos lanchas rápidas amarradas al muelle.

—Ahí están —murmura.

Llevan meses siguiendo a una empresa de transporte que opera en el puerto. Sobre el papel mueven componentes electrónicos, pero los horarios de carga y las salidas nocturnas de las lanchas no encajan con ningún registro portuario.

El inspector baja los prismáticos.

—Equipo uno por el flanco derecho —ordena—. Equipo dos, conmigo.

—Recibido —responde una voz por radio.

Medina revisa el cargador de su arma por pura inercia e Iván lo mira de reojo.

—Tranquilo, novato —sonríe de medio lado.

—Estoy tranquilo.

—No lo parece.

Gabriel suelta el aire por la nariz.

—Solo quiero que salga bien.

Salvatierra le da una palmada en el hombro.

—Saldrá bien si haces lo que yo te diga. Tienes madera, novato, estoy convencido de que llegarás a inspector.

Aunque Medina no responde, la tensión en su mandíbula se afloja un poco.

—Están cargando la última caja —avisa Antonio por radio, a lo que Iván Salvatierra levanta la mano.

—Todos a sus puestos. Preparados.

En segundos, el operativo rodea la nave en silencio e Iván avanza pegado a la pared con la pistola en alto. Medina lo sigue a menos de un metro.

Se detiene un segundo y lo mira.

—¿Estás preparado?

No es una pregunta. Es más bien una afirmación.

El novato asiente.

—Carga completada —avisa Antonio.

Iván hace la señal.

—Ahora.

Las puertas del galpón se abren de golpe y un agente grita:

—¡Policía! ¡Que nadie se mueva!

Durante un segundo, todo se queda congelado. Entonces uno de los hombres deja caer una de las cajas al suelo y echa a correr hacia el interior del almacén.

—¡No disparen! —alerta Iván.

Sale corriendo detrás de él y Medina lo sigue.

—¡Novato, quédate en el galpón! —ordena el inspector.

Gabriel no le hace caso y le sigue. El hombre desaparece tras una pila de contenedores.

—¡Alto! ¡Está rodeado! —grita el novato.

Iván se detiene de golpe, aspira el aire, se gira hacia el novato y lo agarra de la pechera.

—¿Hueles eso?

—¿De qué hablas?

—Combustible.

Sus ojos se abren.

—Sal de aquí. ¡Ahora! —le empuja.

—¡No!

—¡Novato, es una orden!

—¡No!

Una explosión en el exterior hace temblar el edificio.

—¡Mierda! —exclama Iván, y señala una puerta lateral—. ¡Allí! ¡Ve tras él!

Medina duda un segundo, pero el inspector lo empuja.

—¡Muévete!

Gabriel sale corriendo, cruza la puerta y se pega a la pared exterior del galpón. Mira a derecha e izquierda, buscando al hombre, y entonces la explosión llega.

El interior del almacén estalla en una bola de fuego.

—¡NO! —grita él.

Intenta volver a entrar, pero las llamas devoran el interior. A los pocos segundos, otra explosión sacude la estructura. El novato intenta dar un paso adelante, pero dos manos lo agarran por detrás.

El golpe en la cabeza lo deja inconsciente.